¿Cómo Es Tu Familia?

Lo expertos han definido cuatro estilos educativos que se dan en las familias. Habitualmente, suelen aparecer entre mezclados, pero siempre uno destaca más que otro. Tomar conciencia de ello permite revalidar la tendencia que se lleva en una familia o plantearse alternativas más adecuadas.
Estilo permisivo o sobreprotector: en esta familia se aceptan las expresiones emocionales de los niños y se les consuela cuando son negativas, pero no se les enseña a conocerlas y controlarlas. Carcen de disciplina y de unas normas de conducta claras, y cuando se da una conducta inadecuada n hay consecuencia, por lo que los hijos no aprenden a asumir sus responsabilidades. No disponen de recursos emocionales para resolver conflictos, tienen poca confianza en sí mismos y pueden presentar problemas escolares.
Estilo desdeñoso: los padres ignoran las emociones de los hijos de modo habitual o se burlan de ella, por lo que éstos crecen son la sensación de que lo que sienten es malo o no tiene importancia. Cuando tienen emociones negativas, en lugar de acompañarles en un proceso de gestión, los padres recurren a la distracción, porque se valora la tristeza o el enfado como algo dañino. Los hijos crecen cn falta de confianza en sí mismos, sin recursos para resolver problemas, y pueden tener dificultades de adpatación en el ámbito social y escolar.
Estilo desaprobador: se castiga la expresión de las emociones porque se considera una debilidad. Se cree que lo que los niños necesitan es ser fuertes. Por eso, en el hogar existe una gran preocupación por la disciplina y la obediencia sin aceptar alternativas de conducta. Estos niños tienen baja autoestima, se bloquean ante situaciones negativas y tienen dificualtades para adpatarse a diferentes contextos y resolver conflictos.
Estilo de capacitación emocional: unos padres que conocen y gestionan sus emociones pueden ayudar a sus hijos a resolver las suyas. Por eso, saben proporcionarles herramientas de autodisciplina, resolución de conflictos, manejo de la empatía.., y también saben aprovechar los momentos de expresión de emociones negativas como valiosas ocasiones para el aprendizaje interior. Así, los niños son capaces de identificar, confiar y expresar sus emociones, asumiendo la responsabilidad de sus conductas, confiando en sí mismos, manejando los conflictos, siendo autónomos y manteniendo una relación de confianza con los padres.

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