Cómo evitar que los niños tengan complejos

Si no quieres que tu hijo se sienta acomplejado por algo, enséñale a valorarse por lo que es y refuerza su autoconfianza.

‘Gordo’, ‘gafotas’, ‘enano’ o ‘jirafa’, son algunos de los insultos más frecuentes que se dedican los niños en el colegio, entre los seis y los doce años, y que pueden provocar la aparición de complejos en el niño.

En opinión de los psicólogos infantiles, las causas más comunes que los originan son la falta de autoestima, la inseguridad y las relaciones con los demás.

Para detectar los complejos a tiempo, los padres no deben perder de vista a su hijo. Algunas pistas que indican que se siente acomplejado son las conductas agresivas e irritables o un comportamiento tímido y retraído.

Comunicación

Es fundamental que los padres refuercen desde la infancia la personalidad del hijo, para evitar que en un futuro el pequeño se sienta rechazado por los demás y como consecuencia se encuentre a disgusto consigo mismo.
¿Cómo? La comunicación entre padres e hijos es la clave para que exista una relación directa y sincera entre ellos. Así, en cuanto el niño tenga dudas, temores o se sienta mal por algo, recurrirá al apoyo y comprensión de sus progenitores como una forma de solucionar sus preocupaciones.

Para que exista una buena y fluida comunicación los padres deben saber escuchar y descifrar todas las señales que les envían sus hijos. Por ello, nunca deben quitarle importancia a sus miedos y complejos, ni realizar críticas destructivas, ya que solo empeorarían la situación.

Reforzar la autoestima

Algunos niños se sienten acomplejados por llevar gafas o aparato de dientes. Para que esto no ocurra, los expertos aconsejan a los padres que de vez en cuando refuercen la autoestima de sus hijos, recordándoles sus virtudes y mejores cualidades.

Es un buen momento para enseñarles a valorarse por lo que son y no por lo que los demás digan de ellos.

Para lograrlo, hay que reafirmar valores como la inteligencia, el respeto, la tolerancia, la generosidad, la constancia y la bondad, y no valorar a las personas por su aspecto externo; un error frecuente que cometen los padres, sin darse cuenta de que el mal que hacen en sus hijos son las comparaciones.

- Texto original: Raquel Mulas.

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