Cuando los Peques no Hacen ni Caso.

¿Si les mandas algo a tus hijos es como el que oye llover? Tranquila, Rocío Ramos-Paúl, terapeuta familiar (Supernanny en la tele), te da algunas claves para que sepas como actuar ante sus desplantes. Recuerda que los niños, por norma, desobedecen, pero son los padres los que con su actitud, sin saberlo, les animan muchas veces a hacerlo. Pedirle que haga algo sin llegar a exasperarse es el objetivo de este artículo.
Conseguir que un niño obedezca es tan sencillo como: dar una orden, poner consecuencias y cumplirlas; y tan complicado como que en cada familia se hace de manera distinta.
Ponerse en el lugar de los niños es fácil si pensamos en lo que nos pasa por la cabeza cuando suena el despertador para ir a trabajar. Ellos no han aprendido el control de impulsos necesario para llevar a cabo sus obligaciones y quieren “seguir haciendo lo que les apetece”. En ese momento, la labor de los padres es acompañar, guiar y facilitar al niño que cumpla con sus responsabilidades, porque sólo así se irá forjando como adulto responsable.
Los niños, en general, hacen más caso de lo que los padres creen. Si pueden, intentan zafarse de sus responsabilidades, y si tienen que dejar de hacer lo que les gusta o sospechan que lo que viene no les agrada, todavía más. Cuando no hacen ni caso, lo más frecuente es que tengan clarísimo cuándo obedecer antes de que la cosa se ponga fea. Veamos un ejemplo: “Tienes que llevar tus zapatos al armario”, le dices mientras está viendo la televisión. Vuelves a pasar y ves los zapatos en el mismo sitio. Entonces viene el “te he dicho que lleves los zapatos al armario” (con algo de enfado y un tono de voz serio). Al rato vuelves a pasar y tu hijo sigue ante la pequeña pantalla y sus zapatos no se han movido. Entonces pegas un grito que oyen hasta los vecinos. El niño sabe que ha llegado el momento de recoger y, por si le quedan dudas, te ve en jarras delante de la tele diciendo: “Pero ¿tú qué te has creído?, ¿estás sordo o qué te pasa? ¡Cógelos ahora mismo o vas a estar castigado hasta que cumplas 18 años!”. Sólo entonces se levanta y, como un rayo, lleva los zapatos para volver a sentarse y seguir con lo que estaba haciendo.
Te has llevado un sofocón totalmente absurdo por unos zapatos. Eso es lo que has conseguido, porque has dejado muy claro que puede seguir sin hacerte caso hasta que llegas a ese grado de desesperación. Revisemos ahora qué podemos cambiar para conseguir que te obedezca antes. Ten en cuenta que hay que seguir tres pasos:
1. LA FORMA ADECUADA DE DECÍRSELO.
-Consigue su atención. Lo primero sería convencerle de que eso es lo que hay que hacer en ese momento, y no otra cosa. Utiliza en todo momento un tono tranquilo, firme pero sin estridencias, y un talante serio. Olvídate de frases tipo: “Escúchame, te vas a enterar como no lo hagas”, “ya puedes dejar de portarte mal”, “como no obedezcas, te vas a tirar castigado hasta que te aburras”...
-Elimina todo lo que le distraiga de lo que tiene que hacer. Ponte delante de la televisión y pídele que repita lo que le has pedido. Ten en cuenta que ahora será él quien grite o se enfade: “¡Que ya, que ya lo sé!”. Si además consigues que te mire y haces alguna seña, como un dedo señalando los zapatos, aumentarás las probabilidades de que te haya atendido. En este momento es clave que, si notas la desesperación, respires y cuentes hasta 50 antes de decir nada. Evitarás gritarle.
2. LO QUE DEBES DECIRLE.
-Da una orden clara. Es importante que la orden que le des sea clara y concisa. Evita el “pórtate bien”, que es un concepto vago y difícil de entender. “Lleva tus zapatos a tu armario” le deja claro qué tiene que hacer. Lo primordial es dar las órdenes en impersonal y positivo, porque ayuda a que la situación se tranquilice: “Hay que recoger los zapatos” en vez de “Deja de remolonear”.
3. LO QUE HACER SI NO LO CUMPLE.
-Adviértele de las consecuencias. Los niños no siempre están dispuestos a acceder, porque no siempre tienen el mismo estado de ánimo ni están igual de pendientes. Por eso, por último, si mantiene su actitud, dile lo que ocurrirá de la manera más concisa que sepas: “Recoge los zapatos o si no te quitaré la tele”.
Si aún así no guarda los zapatos, tienes que llevar a cabo las consecuencias, independientemente de lo que haga. Hay que ser firme y directo, ve hacia la tele, apágala y dile que cuando recoja los zapatos podrá encenderla de nuevo. Recuerda que firme no es gritar ni enfadarse. Debes emplear un tono convincente que le haga entender que tiene que cumplir con sus tareas. Primero de todo, prueba a preguntarle antes de repetir la orden: “¿Qué tienes que hacer ahora?”.
-Lleva a cabo las consecuencias. Es fundamental cumplir con las consecuencias anunciadas. Encender la tele tras haber llevado los zapatos o apagarla, independientemente del comportamiento del niño, hasta que cumpla la orden. Una vez haga caso, aunque antes haya despotricado, reconócele su comportamiento. Nada de lo hecho anteriormente tiene sentido si te saltas esta clave.
Son muchas las situaciones, además de la del ejemplo, en las que podrás utilizar estas pautas: “Siéntate a comer”, “es hora de irse a la cama”, “volvemos a casa”... Cuantas más veces reacciones así, menos gritos tendrás que dar para que tu hijo te haga caso.
En resumen:
-Dile lo que quieres que haga en un tono tranquilo pero firme: “Recoge tus zapatos”, “siéntate a comer”, “es hora de irse a la cama”.
-Si hace oídos sordos, ponte delante de él, repítele la orden y dile que si no lo hace apagarás la tele, le quitarás la videoconsola, etc.
-Si por fin hace caso, aunque haya despotricado antes y te haya enfadado mucho, debes reconocer su comportamiento. No lo olvides.
-Mantenerse firme y convincente ayuda.

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