Cuidado, la sobreestimulación tampoco es buena

La estimulación temprana es buena para el desarrollo cognitivo del niño pero, ¿no nos estamos pasando? Los expertos advierten: el cerebro de un niño tiene un límite. Si les forzamos a que hagan más de lo que pueden, alimentaremos su soledad y aburrimiento.

No absorben todo

Es hora de replantearse la frase “los niños son como esponjas”. Su cerebro, como el de cualquier adulto, tiene una capacidad determinada y es imposible que retenga todo lo que le ofrecemos. La falta de paciencia en el pequeño (o la necesidad de estar permanentemente entretenido) son dos señales de alerta que nos deben hacer pensar si no nos estaremos pasando con el número de actividades a las que les sometemos.

También te puede interesar:

Las redes sociales

Muchos niños y adolescentes viven actualmente esclavizados por sus smartphones. A través de ellos se comunican con sus amigos (y demasiados desconocidos) con los que comparten alegrías y penas en una edad en la que todavía no están preparados para gestionar sus emociones. Su autoestima se vuelve inestable porque el reconocimiento que reciben de sus compañeros se traduce en el número de 'likes' de la foto o comentario que subió a las redes. Si pasan desapercibidos en Internet, se vuelven vulnerables; si cuentan con cientos de seguidores, pueden convertirse en narcisistas.

Asistimos a una nueva dualidad social, en la que nuestros hijos se encuentran a través de las redes sociales conectados, pero solos, y permanecen en la época de los millones de amigos en habitaciones vacías. “Viven sus vidas con tal intensidad emotiva y carga emocional a través de la Red, que no saben gestionar en muchas ocasiones sus emociones”, explica la psicóloga Alicia Banderas Sierra.

Los chicos de hoy en día se mueven menos, lo que favorece el sedentarismo y la obesidad. Además, su vida a través de un móvil dificulta que jueguen al aire libre, una actividad fundamental para su salud y bienestar. ¿Y la comunicación? Apenas practican el lenguaje porque todo lo expresan mediante emoticonos a través de whatsapps. ¿Cómo frenar entonces esta espiral y respetar sus ritmos de aprendizaje?

Estimular sin dañar

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de tres años apenas vean la televisión. Según la psicóloga Pilar Quiroga Méndez, las exposiciones elevadas en estos primeros años de vida a la televisión, los videojuegos y otros soportes digitales pueden mermar los procesos de atención del niño debido al enorme impacto visual al que se les somete.

A partir de los seis años es recomendable buscar un equilibrio entre los juegos tradicionales, sus actividades diarias y los dispositivos digitales. Debemos limitar el tiempo que permanecen frente a estos aparatos, combinándolo con el movimiento y el ejercicio físico y con momentos para relacionarse y comunicarse con sus compañeros y familiares.

No todo está perdido

En su libro Niños sobreestimulados (ed. Cúpula, 16 €), la psicóloga Alicia Banderas Sierra nos ofrece las pautas para educar a nuestros hijos desde la calma y la protección. Y explica: "Enseñándoles a gestionar bien las redes sociales conseguiremos una nueva generación de niños más emprendedores, creativos, curiosos y que saben cuestionar la información".

Macarena

Macarena Orte

CONTINÚA LEYENDO