Educar a los Hijos. ¿No os Ponéis de Acuerdo?

“Si yo digo blanco, él negro. A veces, creo que lo hace a propósito, es imposible que tengamos opiniones tan opuestas sobre la educación del niño”. Esto es un ejemplo perfecto de lo que ocurre entre las parejas cuando llegan a un acuerdo, se convierte en un calvario. En alguna ocasión, todos podemos discrepar de lo que dice nuestra pareja, pero la forma en que lo hagamos permitirá que el otro nos tenga en cuenta. Rocío Ramos Paul (supernanny), psicóloga  y experta en Educación Infantil nos da las claves para ponerse de acuerdo a la hora de educar a los hijos.
Es muy frecuente escuchar lamentos de las parejas sobre lo complicado de llegar a acuerdos para hacer las cosas de determinada manera o, en el peor de los casos, sobre cómo uno lleva a cabo actuaciones educativas que el otro echa por tierra sistemáticamente: “Cuando ya estaba a punto de dormirse, después de ruegos, lágrimas y tres vasos de agua, va su madre y entra a contarle un cuento porque le da pena que llore”. Parece que todo lo anterior no valiera más que para convertir al padre en un inflexible ogro. Otras veces, la mala de la película es la madre que, cuando lleva 40 minutos con la cena y ha negociado tres cucharadas más, llega papá con una chocolatina argumentando: “Total, qué más da”.
Estas situaciones aparecen a diario en las rutinas cotidianas, pero si no se aprende a resolverlas, la cosa se complica cuando las decisiones afectan a asuntos de más calado, como qué filosofía debe tener el cole al que vamos a llevarlo, o cuando la pareja está separada y entonces “en casa de papá se hace así y en la de mamá no”.
Negociación + Entrenamiento.
Si tuviera que definir distintos perfiles de padres que no se ponen de acuerdo, en uno de los extremos estarían los que se dejan llevar y delegan en el otro; nunca ponen pegas, pero tampoco se implican en decidir nada: “No voy a discutir, lo que digas me parece bien”. Son aparentemente cómodos en la convivencia, pero sus parejas argumentan: “O hago yo las cosas, o se quedan sin hacer”. En el lado opuesto, nos encontramos con los que toman todas las decisiones y deciden cómo llevarlas a cabo. En el centro, diversas combinaciones: ambos quieren decidir, ambos creen que lo que dicen es lo válido, ambos delegan en el otro... ¿Conclusión? Ninguno está dispuesto a ceder (ni a negociar) cómo resolver las situaciones conflictivas que se plantean en la educación del niño que, además, son muchas. Ponerse de acuerdo necesita tiempo y negociación.
Negociar implica ceder.
Las cosas no tienen que hacerse como quiera el uno ni el otro, sino como las hayan decidido ambos. Ponerse de acuerdo también requiere entrenamiento. Hay que aprender a encontrar puntos en común para establecer normas y tomar decisiones.
Algo habitual en este tipo de situaciones, pero que conviene evitar, es convertirlas en excusa para echar en cara al otro su manera de actuar, porque lo más probable es que se desencadene una discusión que no sólo no resolverá el conflicto, sino que dejará un ambiente de tensión en casa difícil de remontar.
Una respuesta conjunta.
Lo ideal es dar la misma respuesta al hijo, aunque cada uno lo haga con estilos diferentes. Para evitar que cada miembro de la pareja responda de manera distinta ante situaciones concretas, hay que dedicar un tiempo cada día a establecer una forma de actuar conjunta. Por ejemplo: si se decide que los pies no se ponen en el sofá y que la consecuencia es ocuparse de limpiar los cojines, ambos mantendrán la misma actitud cuando se encuentren en esta tesitura, o si la regla es que no se pica nada entre comidas, no se pica ni con mamá ni con papá. De esta forma se da consistencia a las normas que tiene que cumplir y al pequeño le resultará más fácil asimilarlas.
Por el contrario, cuando la pareja no lleva a cabo este ejercicio de entrenamiento, cada uno responderá lo que se le ocurra en el momento, y eso significa que probablemente se centrarán en evaluar la actitud del otro y olvidarán (o no lograrán), resolver lo que el niño haya hecho, que es de lo que se trata.
Además de poner normas y establecer consecuencias hay que aprender a coordinarse frente a estas situaciones. Cuando en mitad de una crisis el niño llora o decide no hacer caso y exhibir cualquier comportamiento que nos saque de quicio, conviene abandonar el escenario del conflicto. Para ello, habremos establecido previamente una señal (que nos resulte familiar) y que indique a los padres el momento de retirarse: puede ser una caricia en el brazo, o una palabra corta: “ven”, “espera”... Pasado un tiempo, el progenitor que hasta ese momento no se haya estado ocupando del problema retomará la situación y mantendrá, con firmeza, la norma establecida, lo hará más tranquilo y con mayor capacidad para encontrar soluciones.
Cómo resolver un conflicto...
...por ejemplo sobre la forma de vestir al niño.
1. Situación. La forma de vestir a los hijos es fuente de discusiones en la pareja. Esto, que en principio puede parecer hasta gracioso, no lo es tanto cuando, antes de salir de casa, ambos se enfadan y gritan.
2. Negociación. Hay que sentarse juntos y dedicar un tiempo a decidir “sólo y exclusivamente” qué se pondrán los niños la próxima vez. El objetivo es salir de casa tranquilos, sin peleas y dispuestos a disfrutar.
3. Solución. El que va a salir solo con los niños los vestirá como quiera. Si todos salen juntos el fin de semana, uno decide cada día. Si hay una visita a un familiar, se ocupa el progenitor correspondiente.

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