Educar para todos

¿Conoces la educación inclusiva? Con ella se consigue que alumnos con y sin necesidades especiales aprendan en un mismo aula y con una misma metodología.

Son las once de la mañana. Cristóbal Calero, director del colegio Cardenal Spínola de Madrid, escucha unos gritos en el pasillo, sale de su despacho y se encuentra a uno de los alumnos llorando y pataleando en el suelo. Se llama Pablo, cursa cuarto de Primaria y padece un trastorno espectroautista. Le ha dado una rabieta y Cristóbal no sabe cómo calmarlo. Amalia, estudiante también del centro en cuarto de Primaria, reconoce a su compañero y le dice a Cristóbal: “Es que no encuentra a su profesora Lola, tienes que abrazarle”.

 

“Y le abracé y se calmó”, cuenta el director de este centro muy comprometido con la educación inclusiva. “Después llegó Fran, el informático del colegio, cogió a Pablo de la mano, le dijo que irían a comerse una palmera y a buscar a Lola y ahí me quedé yo, que había estudiado Psicología en la carrera y este tipo de trastornos pero no supe cómo reaccionar”.

¿Qué es la inclusión?

La inclusión educativa no solo pretende revolucionar la manera de aprender de los niños para que ninguno se quede atrás, también consigue que todos desarrollen de manera espontánea esas otras inteligencias al margen de las matemáticas y la lengua, como la inteligencia emocional.

 

Gracias a la inclusión educativa, los alumnos sin discapacidades saben convivir y comportarse con sus compañeros con capacidades diferentes de manera natural, y llegarán a la edad adulta sin mirarlos de forma extraña, sabrán comprenderlos y empatizar con ellos sin prejuicios.

 

Otra forma de aprender

Como dice e el profesor Howard Gardner, creador de la Teoría de las Inteligencias Múltiples, en la escuela normal aprendes matemáticas y lengua y al salir de ella es cuando te encuentras con las otras inteligencias (la emocional, la musical, etc.).

 

Los centros inclusivos no solo dan cabida a todo tipo de alumnos sino que hacen de la etapa educativa un periodo mucho más enriquecedor para todos ellos, ya que desde pequeños los niños desarrollan todas sus inteligencias.

 

La inclusión también pretende reforzar la autoestima de los niños con necesidades especiales, normalizar sus diferencias y potenciar otras muchas cualidades de estos alumnos más allá de que sean buenos en matemáticas o en lengua.

 

“Es como cuando se te cae una gota de kétchup en la camisa y todos te miran. Nadie ve que el resto de la ropa la tienes limpia, que hueles bien y que simplemente tienes una mancha”, explica el director del Colegio Cardenal Spínola, Cristóbal Calero.

 

“En los colegios, desgraciadamente, nos habíamos convertido en personas que solo veíamos lo que no funcionaba y eso tiene un impacto negativo en la vida de los niños y en sus expectativas”, explica Calero.

 

¿Cómo se consigue?

Los colegios e institutos comprometidos con la inclusión no se limitan a admitir a niños discapacitados. Estos centros han cambiado toda su metodología de enseñanza para que ningún niño quede relegado al pupitre de la última fila porque no pueda seguir la materia o porque ralentice al resto de la clase.

“Si nosotros en el centro diéramos la clase de una manera ordinaria, con exámenes cada dos semanas, sería imposible tener a estos niños. Nosotros trabajamos en grupo, diseñamos lo que ocurre en el aula de otra manera, para que llegue a todos, y nuestros resultados académicos van en clara mejoría. Más diversidad implica mayores posibilidades de aprendizaje”, explica Cristóbal Calero.

 

Hay muchas inteligencias

Uno de los grandes pilares en los que se apoyan los colegios comprometidos es trabajar por inteligencias múltiples. Como explica el creador de esta teoría, el profesor de Cognición y Educación de la Universidad de Harvard Howard Gardner, en nuestro cerebro tenemos ordenadores independientes y cada uno se encarga de una información: la musical, la espacial, la corporal, la emocional, etc. No a todo el mundo le funcionan igual todos los ordenadores sino que a uno puede irle muy bien el ordenador de las matemáticas y a otro, el de las emociones.

Los centros inclusivos desarrollan todas estas capacidades en sus alumnos desde pequeños. Se han librado del estigma de épocas pasadas en donde solo eras bueno si sacabas buenas notas en los tests de cociente intelectual. El profesor conoce las fortalezas de su alumno y le ayuda a desarrollarse en lo que quiere. “La tarea de un docente es enseñar al que no puede aprender. Al que puede aprender le enseña cualquiera”, señala el director.

 

Enseñar emocionando

Para que ningún alumno se pueda sentir excluido, en estos centros no existen los grupos de refuerzo. Todo se refuerza en clase. “Es realmente demoledor que un niño piense que le tienen que sacar de su aula porque no aprende igual de rápido que el resto de sus compañeros”, puntualiza Calero. “El aprendizaje es un 80 % emoción y un 20 % intelecto. Sin emoción no hay aprendizaje”.

El colegio Cardenal Spínola cuenta entre sus alumnos con 20 niños con Síndrome de Down y 68 con otros trastornos diagnosticados. Como bien apunta su director sobre los niños que se educan en su colegio, “los que sean arquitectos en un futuro no se olvidarán de hacer rampas en los edificios de manera natural y los que sean profesores tendrán siempre presente que la educación debe llegar a todos”.

 

Algunas ayudas

Desde las consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas se ofrece personal de apoyo a los centros que lo solicitan por contar con alumnos con alguna discapacidad. Por otro lado, existen muchas organizaciones para discapacitados que ayudan a colegios e institutos.  La ONCE, por ejemplo, ofrece todo el material necesario a un niño ciego (traducción del temario al braile) para que estudie en el centro que desea.

Sin embargo, apunta Calero, “lo ideal es que no hubiera tanta necesidad de este tipo de organizaciones y que se diera una respuesta o ayuda global de la sociedad. El objetivo al final del día es que esa persona esté perfectamente integrada en la sociedad y que se la perciba como una más y no como una excepción o algo raro. Lo que se pretende es que todos los centros educativos estén preparados para acoger a cualquier tipo de alumno”.

¿Cómo saber si un colegio o instituto es inclusivo?

Desgraciadamente, no existe un listado de centros comprometidos con la educación inclusiva. Los colegios sostenidos con fondos públicos (colegios públicos, concer-tados e institutos) están obligados a aceptar a cualquier alumno. Sin embargo, la ley dice que si no tienes un número determinado de alumnos discapacitados no puedes optar a una serie de apoyos y algunos centros se escudan en esa falta de apoyos para persuadir a los padres de que no metan en su colegio a su hijo. “No te dicen nada, es solo un movimiento del labio superior derecho raro, y tú sabes automáticamente que a tu hijo no se le quiere en ese centro”, explica una madre. “¡Cómo vas a dejar a tu hijo en un colegio donde te han levantado el labio así!”, exclama.

 

Las tres 'P'

Las claves de la inclusión se basan en las tres ‘P’: Presencia, Participación y Progreso. “Si un niño puede estar presente en el 100 % de los momentos educativos, y si adaptamos lo que ocurre para que pueda progresar en el lugar donde esté, estaremos logrando que la inclusión sea una realidad”, señala Cristóbal.

Macarena

Macarena Orte

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