Enséñale a ser solidario

Edúcale para que sepa prestar ayuda desinteresada a sus hermanos, sus compañeros del cole, sus abuelos... y para que sea consciente de que en este mundo hay muchas personas que no comparten su buena suerte.

Edúcale para que sepa prestar ayuda desinteresada a sus hermanos, sus compañeros del cole, sus abuelos... y para que sea consciente de que en este mundo hay muchas personas que no comparten su buena suerte.

 

"Deseo que mi hijo sea buena persona, que sea solidario”, afirman muchos padres para los que este valor se encuentra por encima del de obtener éxito escolar. Educarles en la solidaridad es importante porque “solamente buscando la felicidad de los demás podrán encontrar la suya”, opina Jerónimo García Ugarte, pedagogo del consejo asesor de AulaPlaneta. “Vivimos en sociedad, no somos individuos aislados y tenemos la obligación de contribuir a la búsqueda del mejor mundo posible”, afirma.

 

¿Con qué gestos?

Hay que comenzar siendo solidarios con los más cercanos, explica García Ugarte. ¿Cómo? “Con compañerismo, eso es colaborando con compañeros que tienen dificultades académicas en el colegio, que no tienen amigos o son rechazados, ayudando en las tareas de casa o agradeciendo con un simple ‘gracias’ el tiempo que sus abuelos les dedican”, enumera.

 

“Después podemos ir ampliando nuestro radio de actuación: acompañar a nuestros hijos a que lleven alimentos a quienes los necesitan, animarlos a donar alguno de los juguetes que han recibido de los Reyes Magos”.

 

Para este experto, se trata de ir creando un hábito de comportamiento desde pequeños, “de tal modo que, a medida que vayan creciendo, esta actitud surja en ellos de modo natural y les lleve a colaborar con regularidad en causas solidarias como acompañar a ancianos o atender a gente sin hogar. También es interesante que, llegado el momento, dediquen parte de su tiempo de ocio (sobre todo en verano) a ayudar en causas más universales, por ejemplo el cuidado del medio ambiente”.

El ejemplo en casa

En este proceso educativo hay una condición absolutamente necesaria para que interioricen el valor de la solidaridad: el ejemplo de sus padres.

 

“Si nuestros hijos no ven en nosotros esa disposición natural a la solidaridad, lo más normal es que terminen por abandonar esas ganas de ayudar a los demás de forma desinteresada”, dice el pedagogo.

 

Y añade: “Para educar en la solidaridad es bueno hablar de ella, pero es imprescindible practicarla”.

 

¿A qué edad?

“Cuanto antes le expliquemos lo que significa ser solidario, mejor”, asegura el experto. “Lo único que tenemos que tener siempre presente es la edad del niño y su nivel de comprensión.

 

Ofrecer a nuestros hijos los ejemplos de lo que ocurre en el mundo “siempre es buena idea”. Y, a medida que vayan creciendo, “pueden ir acompañados de más diálogo y más conciencia de globalidad, explica. “Si son muy pequeños (3 años), tendremos que apoyarnos en ejemplos muy sencillos y del día a día y evitar las explicaciones abstractas que no son capaces de ver y entender.

 

Qué mejor, ahora que hay una crisis durísima de refugiados, que donar algún juguete recibido en Navidad para llevarlo juntos -padres e hijos- a algún lugar donde los recojan para niños desplazados de su hogar que, desafortunadamente, no tienen una dirección fija donde poder recibirlos”.

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