Estar enmadrado es bueno

Esta frase con tan mala fama puede ser la clave para que tu hijo desarrolle un apego seguro y sea independiente en un futuro.

En nuestra cultura, todavía tenemos la idea de que coger a un bebé en brazos, consolarlo o practicar colecho es sinónimo de mimarlo y consentirlo. Tenemos la idea equivocada de que con nuestra actitud protectora lo vamos a hacer dependiente cuando, en realidad, estas conductas, llevadas de una forma adecuada, son las acertadas para que el niño alcance su autonomía.

Acompáñalo

“El niño tiene que ser extremadamente dependiente para llegar a ser independiente”, explica la psicóloga Cristina Cortés Viniegra. Cubrir esa fase de dependencia (que suele durar hasta los 5 años de vida del niño) y atender sus demandas y necesidades fortalecerán el apego seguro a sus padres. Al pequeño le gusta saberse observado por ellos mientras explora el mundo, por eso es muy importante mirarlo cuando juega. Esa observación le imprime seguridad para seguir descubriendo el entorno que le rodea. El niño que no es autónomo es el que no se encuentra capacitado para serlo, que no se siente seguro y la seguridad se gesta con nuestra compañía.

Dale seguridad

Si cubrimos las necesidades principales de nuestro hijo de una forma inmediata, le daremos la tranquilidad que necesita. Si, por el contrario, nos encontramos envueltos en nuestros propios estados emocionales o no prestamos demasiada atención al niño, crecerá teniendo la sensación de que el padre o la madre a veces está ahí para él y otras no, y en el futuro desarrollará estrategias para llamar la atención de sus progenitores: ser mucho más dependiente, demandar más atenciones o hacerse más inmaduro de lo que realmente es.

Relájate

Lo mejor que podemos hacer con nuestros hijos es buscar nuestro equilibrio interior. Los niños viven los estados emocionales de los padres y se reflejan en ellos. Un niño que convive con un papá o mamá muy preocupados, vivirá también esa angustia: se cría en una familia y no está al margen de lo que ocurre en ella. Muchas veces, la sintomatología del niño es el reflejo de algún sentimiento problemático que está viviendo uno de los padres.

Por otro lado, cuando un pequeño pasa por algo traumático, lo que recuerdan de esa experiencia cuando les preguntas es la cara que puso su madre o su padre cuando ocurrió, por ello es tan importante mantener la calma delante de nuestros hijos. “En la vida funcionan muy bien las instrucciones que nos dan las azafatas en el avión: ponte tú primero la mascarilla, estate bien, y luego pónsela al niño”, comenta la psicóloga terapeuta Cristina Cortés. Si yo estoy bien, podré ocuparme del niño.

Volver al pasado, para arreglar el presente

Cristina Cortés narra en su libro Mírame, siénteme (ed. Desclée De Brouwer, 15 €) la importancia del apego en el niño para facilitar su desarrollo y para solventar posibles problemas en el futuro. Asimismo, recomienda mantener la serenidad delante de él ante cualquier problema.

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