Fracaso escolar, ¿cómo pararlo?

Tras la vuelta al cole, comenzamos a ver los primeros resultados de nuestros hijos. ¿Cómo podemos evitar que fracasen?

Es uno de los problemas que más preocupan a los padres ya que el fracaso escolar suele ser, en muchas ocasiones, la antesala del abandono de las aulas por parte de los escolares. Para encontrar una solución a estos casos en los que los alumnos comienzan a sentir la frustración académica, debemos bucear sin dudarlo en los motivos que la provocan.

¿Qué factores pueden provocar? Además de los problemas generales a los que se enfrentan los alumnos cada año (dificultad en las materias, desconocimiento de las técnicas de estudio o problemas de hiperactividad vs déficit de atención), existen otros factores externos que pueden contribuir a que la probabilidad de que nuestros hijos sufran fracaso escolar se incrementan considerablemente.

¿De qué factores externos estamos hablando? En realidad, son innumerables (motivos socioeconómicos, alto nivel de exigencia, acoso escolar, vaivenes políticos, cambios en los planes de estudio). Muchos de estos factores externos pueden ser suavizados con una interacción directa entre los padres y el centro, una relación bilateral que, en el sistema educativo actual, brilla por su ausencia.

Pero no solo eso, el principal ‘training’ que debemos practicar con nuestros hijos debe comenzar en casa. Existen factores psicológicos y emocionales que pueden ayudar a nuestros hijos para que no caigan en la espiral del fracaso. 

Trabajar la autoestima.  Cuando un niño recibe un mal resultado suele tender a verse inferior al resto. Un buen caldo de cultivo que arranca el efecto dominó. Si estos malos resultados minan la autoestima (es decir, comienzan a verse como tontos), los niños preferirán ser vagos a considerarse menos brillantes que el resto. Es importante que les ayudemos a trabajar en su reafirmación personal. Si existe un mal resultado, siempre se puede levantar. Es mejor ver el vaso medio lleno.

Motivación. El éxito de cualquier trabajo, examen o prueba que pasen (diaria o eventualmente) pasa por la motivación que tengan para ello. Nosotros, los mayores, somos los encargados de alimentar esa motivación. Tanto cuando son pequeños como cuando entran en la pre adolescencia, los niños suelen imitar aquello que ven. Nuestra actitud es muy importante.

Apoyo constante y refuerzo positivo. En el fallo está el aprendizaje, pero no el fracaso. Si hacemos saber a nuestros hijos que el hecho de haber fallado no tiene por qué ser algo catastrófico ayudaremos a que aprendan con tranquilidad aquellas cosas en las que pudo haber fallado para no volver a hacerlo.

Atención constante. Ninguno de los anteriores puntos sería posible si no prestamos atención a nuestros hijos. Se trata de un extra de esfuerzo poco incentivado por empresas e instituciones que fagocitan el tiempo que podemos dedicar a los niños. Es necesario emplear la mayor parte del tiempo del que dispongamos en compartir las inquietudes académicas que tengan.

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