¿Hay que castigar a los niños?

Esta es la pregunta que se hacen todos los padres cuando sus peques se portan mal. Dos psicólogas infantiles opinan sobre si es, o no, un buen método para educar.

Esta es la pregunta que se hacen todos los padres cuando sus peques se portan mal. Dos psicólogas infantiles opinan sobre si es, o no, un buen método para educar.

 

Rosa María Jove

Psicóloga infantil y juvenil, especializada en psicopediatría.

 

El castigo es un fracaso de la educación. Existe una forma muy bonita de enseñar, sólo hay que seguir tres pasos: comprensión, educación y elección. Los niños que constantemente son castigados suelen tener una baja autoestima, porque van interiorizando los siguientes mensajes: “soy malo”, “no acierto nunca”, “lo hago todo mal”. Y dependiendo de cómo sea su temperamento optan por dos caminos: son sumisos o son agresivos; y creo que un padre no quiere esto para su hijo.

 

Que un castigo sea eficaz no significa que sea bueno, porque nadie quiere doblegar a su hijo, sino enseñarle, y eso se consigue razonando con él. Si un niño mete los dedos en el enchufe y le pegas y le dices “esto no se hace”, a lo mejor no aprende que “el enchufe es peligroso”, sino que “no tenía que ir gateando por el suelo”.

 

A un niño no hay que limitarlo, simplemente hay que decirle que en una casa hay unas normas de convivencia y unos valores morales. Por ejemplo, en mi casa no se grita ni se pega, pero no sólo los niños, sino nadie. ¿Por qué no robo?, porque mi padre me inculcó desde pequeña el valor de la honradez. El problema está en que exigimos a los niños cosas que los padres no hacemos. Por ejemplo, ¿a cuántos pequeños se les obliga a ducharse o a comerse un puré de verduras y sus padres no lo hacen? Los niños ven que los mayores se gritan, y luego, cuando lo hacen ellos, está mal.

Silvia Álava Sordo

Psicóloga infantil del Centro de Psicología Álava Reyes.

Para que un castigo sea efectivo tiene que aplicarse lo más pronto posible tras la conducta que lo ha provocado, y por un periodo de tiempo corto. De nada sirve castigar a un niño sin ver la televisión el fin de semana si se ha peleado con su hermano el jueves, porque, cuando llegue el momento de la sanción, primero no se acordará del motivo y, segundo, rompemos la posibilidad de premiar las conductas en ese intervalo hasta el sábado. Por otra parte, los castigos muy largos son difíciles de cumplir y con frecuencia ‘se levantan’, por no poder realizarlos, con lo que el adulto pierde la autoridad sobre el niño.

 

Pegar o dar un cachete no es lícito bajo ningún concepto, pues de esta forma no sólo le haremos daño físico al niño, sino que le mostraremos que hemos perdido el control de la situación.

 

Un niño tiene que aprender que sus actos tienen consecuencias. Que, si grita o chilla, no va a ver la tele porque no se lo ha ganado; y que, cuando empiece a portarse bien de nuevo, recuperará ese privilegio. Sin embargo, cuando les castigamos por todo se desmotivan, porque piensan: “si estoy castigado siempre, ¿para qué me voy a portar bien?”. Los niños necesitan normas y límites; cuando no los tienen, no saben qué es lo que deben hacer o qué es lo que se espera de ellos. Si no aprenden que las cosas hay que ganárselas, se pueden convertir en jóvenes infelices, porque todo lo consideran un derecho.

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