Hijos ¿Cómo Debemos Castigarlos?

Se trata de educar. Partimos de esa base; de que nuestros hijos crezcan felices y sólidos en valores. Para lograrlo, a veces, hay que reprenderles, amonestarles por  su conducta o sus comentarios, pero hay que hacerlo con mucha sensibilidad para no herirles ni dañar su autoestima. Un buen castigo es aquel que se ciñe al hecho concreto desaprobado, no se extiende a la persona, al niño. Los expertos nos aconsejan:
-Indícale siempre qué desapruebas (la conducta o comentario; el asunto concreto), así entenderá qué conducta debe cambiar y no lo identifica como algo intrínseco, propio de él. Dile, por ejemplo, "No me gusta que pegues a tu hermana", en lugar de "Qué mano más larga tienes".
-Valora sus buenas conductas y díselo. Es mucho más eficaz que castigar. O corrígele en el mismo momento. Por ejemplo, si te pide algo de forma brusca e insolente, dile que lo haga de nuevo. Así aprende a rectificar.
-Si es muy pequeño, el castigo debe  efectuarse inmediatamente después de la mala conducta para que lo identifique. Una buena medida (muy efectiva) es 'hacerle pensar', es decir,  interponerle una pausa obligada. Por ejemplo, dejarle unos dos minutos en el pasillo (un minuto por cada año de edad).
-Acuerda con él qué le permites y qué no. Infórmale sobre las consecuencias si no obedece las reglas. Por ejemplo: eliminar un privilegio (no poder ir a casa de un amigo a dormir) o contribuir a algo en casa.
-Si le has avisado de que, si no cesa en su actitud, tendrá que asumir las consecuencias, cúmplelo. Así no perderás credibilidad (todo lo contrario, ganarás en respeto). No le digas que le vas a castigar o se merece un castigo, si no lo vas a hacer; no le intimides ni asustes. Sé consecuente con tus decisiones.
Te echan una mano en:
lmentealpsicologia.es
- Centro terapéutico Gaztambide 17

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