Hijos. ¿Sabes Protegerles del Ciberacoso?

Hablamos de ciberacoso cuando se producen situaciones de agresión psicológica continuadas en el tiempo y se utilizan para ello las nuevas tecnologías (redes sociales en Internet o videojuegos online, principalmente). Cuando este ciberacoso tiene lugar entre iguales, es decir, cuando la víctima y el agresor son menores de edades similares, este tipo de acoso se llama ciberbullying, un fenómeno que, por desgracia, no deja de aumentar entre la población adolescente de todo el mundo. 

El 11,6% de los adolescentes españoles ha sufrido maltrato psicológico a través de Internet y un 8,1% ha sido acosado en el teléfono móvil, según un estudio de la Fundación Pfizer. Esta ‘cacería’ en la Red o ciberbullying, en la que tanto víctimas como agresores son menores, es un delito que debemos atajar de inmediato, y por eso es muy importante detectarlo a tiempo. Con la ayuda de Rocío Ramos-Paúl (Supernanny) terapeuta familiar y directora del centro BIEM, te contamos cómo.

Los principales motivos de que esto ocurra son dos:
-El anonimato por el que creen estar respaldados los agresores. Aunque quienes piensan de esta manera están en un error, porque la policía es capaz de seguir su rastro en la Red y puede identificarlos.
-La no percepción inmediata del daño que genera su comportamiento en los jóvenes acosados; algo así como: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

APRENDER A DETECTARLO.
¿Qué podemos hacer los padres ante este grave problema que tanto nos preocupa?  En primer lugar, mantener la tranquilidad y estar atentos a las señales. Cuando los menores tienen alguna dificultad y sufren, siempre se refleja con cambios en su comportamiento. El ciberbullying no es una excepción, los síntomas que deberían poner en alerta a los mayores son:
-Alteraciones emocionales. Estar demasiado irritable durante la mayor parte del tiempo. A menudo, mostrarse triste y volverse introvertido son las primeras pistas de que algo le ocurre. También es habitual que el niño o niña se quejen de dolores de cabeza o de tripa y que aumenten las visitas al pediatra que no obedecen más que a la somatización del estado de ansiedad que le produce el ciberbullying. Pesadillas, falta de apetito e incluso insomnio son síntomas más o menos frecuentes.
-Aislamiento social. Unido a las devastadoras consecuencias emocionales que hemos visto en el punto anterior, aparece el rechazo a asistir a fiestas, a entrenamientos deportivos y a cualquier tipo de encuentro con amigos, lo que hace que se aísle socialmente.
-Problemas escolares. Simultáneamente, aparece una disminución del rendimiento escolar provocada, en la mayoría de los casos, por la incapacidad de concentrarse y atender a los estudios. Estos son síntomas propios de ansiedad y angustia. Desgraciadamente, si no se interviene a tiempo, muchas de las víctimas de este tipo de acoso acaban dejando de asistir a clase por miedo a los compañeros y al qué dirán.
-Trastornos psicológicos. Por último, y aunque no es lo más frecuente, si no se actúa pueden aparecer preocupantes ideas de suicidio, provocadas por la sensación de indefensión.

QUÉ HACER SI OCURRE.
Para terminar con el ciberacoso y evitar las terribles consecuencias que tiene sobre el menor que lo sufre, hay que tomar medidas contundentes y hacerlo lo antes posible.
-Denunciarlo a las autoridades. No es cierto que el acosador pueda escudarse en el anonimato. Si se denuncia, los cuerpos de seguridad del estado tienen personal especializado y los medios adecuados para localizar y detener a los agresores, pero necesitan que les proporcionemos todas las evidencias que tengamos del acoso, esto es, mensajes en el móvil, correos electrónicos recibidos y/o cualquier contenido multimedia (fotos, montajes, etc.) que tenga un tono insultante o amenazante. Se trata de pruebas que deben guardarse y entregarse a la policía cuando las solicite. La denuncia, además, deberá incluir una petición explícita (al servidor o servidores correspondientes) de retirada de cualquier contenido vejatorio para el niño que esté circulando por Internet.
-Tranquilizar al menor. Escuchar lo que nos quiera contar, sin agobiarlo. En todo momento hay que transmitirle serenidad, decirle que no está solo y plantearle soluciones. Dos ideas le tienen que quedar claras: no es el culpable de la situación y le vais a ayudar a superarla.
-Hablar con el colegio. Existe un protocolo de actuación que el director del centro, una vez informado, pondrá en marcha. Evitar cualquier relación con el agresor, ya sea directa o a través de la Red. Hay que proteger al menor y enseñarle a navegar con seguridad. Buscar nuevas actividades de grupo y animarlo a que participe. Si no va muy convencido, al principio estará bien acompañarlo.
-Consultar con expertos. Si fuera necesario, un psicólogo puede ayudarle a mejorar su estado de ánimo. También se puede acudir a organizaciones y webs especializadas para buscar orientación (ciberbullying.com; protegeles.com; seguridadenlared.org/menores; portaldelmenor.com).

Atención a estas SEÑALES DE ALERTA:
El acoso provoca cambios en su carácter.
1.Se vuelve irascible, introvertido, está triste todo el rato. También es muy frecuente que se queje de dolores de cabeza o de tripa.
2. Rechaza jugar con amigos, tampoco quiere entrenar ni asistir a fiestas. Esto le acaba provocando un enorme aislamiento social.
3. Disminuye el rendimiento escolar, en la mayoría de los casos por la incapacidad para concentrarse y realizar sus tareas.

¿Qué NORMAS BÁSICAS DE PRECAUCIÓN podemos inculcarle?
Según la psicóloga Rocío Ramos-Paúl: "Es importante que los menores sepan reconocer los signos del acoso y dar una respuesta inmediata, incluso si se encuentran solos. Dile a tu hijo que, ante un posible agresor, debe mostrar firmeza, no caer en provocaciones y advertirle de que está cometiendo un delito. Si le molestan o le insultan, y sobre todo si recibe cualquier amenaza, tiene que abandonar inmediatamente la conexión y pedir ayuda a un adulto".

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