Hiperpadres, ¿eres uno de ellos?

Te contamos qué son y qué consecuencias tienen sobre la vida de los más pequeños.

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Un control y presión excesiva en la educación de nuestros hijos puede llegar a ser contraproducente. Todos queremos que cuando sean adultos se conviertan en personas autosuficientes y de éxito, sin embargo, la educación que les demos puede condicionar su futuro de manera inversa a la esperada.

Desde hace algún tiempo, psicólogos y educadores han advertido un creciente problema relacionado directamente con los progenitores. Es lo que se conoce comúnmente como el síndrome del hiperpadre, es decir, aquellos que por exigir demasiado a sus hijos acaban creando en los niños numerosos temores e inseguridades que no harán otra cosa más que anular a los pequeños.

Las “agendas con jornada completa” forman parte del día a día de los hijos de estos padres. Del cole a las clases de inglés, de piano, natación, pintura… por no hablar de los deberes. Convertidos en adultos prematuros, estos niños no desarrollan sus capacidades como lo tendrían que hacer de manera natural y, a diferencia de lo que se pueda llegar a creer, el hecho de estimular de más a los niños no tiene precisamente por qué convertirlos en genios.

De hecho, estos hiperpadres, que tratan de controlar al máximo la educación de sus hijos, suelen olvidarse de ejercer su labor de padres, perjudicando así sus vínculos afectivos. Por otra parte, tienden a sobreprotegerlos, aumentando así la sensación de inseguridad en los niños, que siempre tendrán a sus progenitores detrás de ellos si ocurre algún problema.

Esto no significa que no debamos preocuparnos y olvidarnos de ellos, sin embargo, sí que deberíamos darles espacio e intentar que ellos mismos resuelvan sus propios problemas.

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