Las claves de la nutrición infantil

España está entre los países europeos con un índice más alto de sobrepeso en la infancia y adolescencia. Por eso es fundamental que lleven una dieta equlibrada.

España está entre los países europeos con un índice más alto de sobrepeso en la infancia y adolescencia. Por eso es fundamental que lleven una dieta equlibrada.

 

La Organización Mundial de la Salud establece que seis de los siete factores determinantes de la salud están ligados a la alimentación y la actividad física. Los primeros años de nuestra vida marcarán en gran parte nuestros hábitos de alimentación y las enfermedades que podríamos padecer en la edad adulta (obesidad, asma o hipertensión). Estos son algunos de los datos que recoge el primer Libro Blanco de la Nutrición Infantil en España, publicado por la Cátedra Ordesa de Nutrición Infantil, conjuntamente con la Asociación Española de Pediatría (AEP), la Fundación Española de Nutrición (FEN) y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF).

 

En él se recoge que una dieta rica en cereales, verduras, frutas, legumbres, pescado y aceite de oliva tiene efectos beneficiosos para la salud. Y que, por el contrario, se debe evitar una alimentación rica en grasas saturadas, azúcares refinados, bebidas azucaradas, snacks y con horarios desordenados. Los menús equilibrados para niños y adolescentes deben proponerse de manera individual, según las necesidades de cada etapa de crecimiento. Algunas de las principales recomendaciones a seguir serían: 

Claves de una dieta equilibrada

Realizar 5 comidas al día y disminuir el tamaño de las raciones. Un desayuno variado y equilibrado es fundamental para un correcto rendimiento físico e intelectual. Debe incluir lácteos, cereales y fruta o zumos de fruta fresca, también se puede complementar con proteínas como huevos o jamón.

 

Incrementar el consumo de frutas y verduras a 5 raciones al día. Aumentar el consumo de cereales integrales para conseguir un aporte adecuado de fibra.

 

Comer más pescado.

 

Limitar el consumo de alimentos ricos en calorías y disminuir el consumo de carnes con grasas visibles o piel, y embutidos grasos.

 

Utilizar preparaciones saludables como vapor, plancha, horno y guisos.

 

Reducir el consumo de bebidas azucaradas. El agua debe ser la bebida principal.

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