¿Le Dejo ir a la Fiesta de Fin de Año?

La Navidad es un buen momento para empezar a negociar las normas que tendrá que cumplir tu hijo adolescente cuando quiera salir en otros momentos del año. Dale la oportunidad de demostrar que se puede desenvolver solo. Y si necesitas ayuda extra, sigue los consejos de la psicóloga y terapeuta familiar, Rocío Ramos-Paúl (Supernanny).
De repente, la cena de Nochebuena le parece un rollo y sólo quiere hablar de si le vais a permitir ir a la fiesta de Nochevieja. Las preguntas “¿A qué hora puedo volver?” y “Mis amigos se quedan hasta las cuatro, ¿y yo?” se convierten en el monotema de casa. Y eso sin plantearnos si el local al que irá será seguro (lo damos por supuesto). Gestionar estas salidas no es algo que deba producirse momentos antes; lo adecuado es negociar con el adolescente previamente, para tener en cuenta todos los imprevistos.
Salir en grupo y retrasar la hora de vuelta a casa son pequeñas conquistas de independencia, lo mismo que asistir a una fiesta de Fin de Año. ¿Quién no recuerda esas primeras salidas que los padres permitían excepcionalmente? Esa sensación de libertad no ha cambiado, aunque ahora, desde el papel de madre, te dé pavor pensar en la macrofiesta de turno con tu hijo dentro y expuesto, entre otras cosas, al consumo de alcohol.
Es inevitable que llegue el momento en que estas salidas cobren protagonismo para los chicos y no se les pueden negar, porque cumplen una función socializadora importante: en ellas ensayan distintos roles, practican habilidades sociales, aprenden valores como la responsabilidad, resuelven conflictos y rivalidades, manejan sentimientos intensos... Tomando las debidas precauciones, los padres deben mirar con buenos ojos las salidas de sus hijos y animarlos a hacerlas. Las fiestas que se organizan durante la Navidad son un buen momento para empezar a pactar las normas que han de cumplir cuando quieran salir en otro momento del año.
CONDICIONES PARA SALIR.
-Negociar la salida con antelación. Regresar más tarde a casa no se arregla diez minutos antes de salir. No vale eso de: “Me vienen a buscar y vuelvo con mis amigos que me acompañan a casa”, justo antes de salir por la puerta. No se puede negociar con prisas, los adolescentes tienen que aprender a dar y escuchar argumentos. Salir es un privilegio que hay que ganarse: “Tú estás animado durante la cena, me ayudas con la mesa y sonríes a la familia y yo te dejo salir con tus amigos nada más tomar las uvas”.
-Hay que saber adónde van y con quién. No es necesario hacer una ‘hoja de ruta’, pero sí estar informados de lo que tienen previsto hacer. Deben avisar si hay cambio de planes: no es lo mismo celebrar la fiesta en casa de un amigo que ir a una discoteca. Conocer a los adolescentes con los que se mueven es siempre beneficioso, pero mucho más en estas circunstancias. Y si se incluye en el listado de teléfonos los de algunos de sus padres, mejor que mejor.
-Deben llevar el móvil para comunicarse. El teléfono no puede ser únicamente una forma de control: también es un ‘facilitador’ en caso de que él o ella quieran localizar a sus padres, así que los jóvenes deben llevarlo encima, y los mayores comprometerse a llamar sólo en caso de necesidad. Con el mismo objetivo, conviene tener también los teléfonos de los amigos. Si se cumplen estas condiciones, vuestro hijo no pondrá problemas en facilitarlos.
ACORDAR LA HORA DE REGRESO.
Hay que ser justos con la independencia de los adolescentes. Si son responsables con sus obligaciones cotidianas, se puede retrasar la hora de vuelta de la fiesta. Dependerá que cada niño y de cada caso. No se puede tratar a todos igual.
-Pactar la forma de volver. Hay que establecerla con claridad: le recogéis vosotros, vuelve con el padre de un amigo o solo con los amigos, acompañándose unos a otros.
-Gestionar el momento adecuado. Si por ellos fuera no habría hora de regreso, porque para tomar ese tipo de decisión todavía no tienen el autocontrol necesario. Una fórmula que no falla es hablar con los demás padres y acordar un horario común: así a los chicos les resultará más fácil respetarlo y no sentirse en desventaja frente a los demás.
-Ser flexible. Hay que recordar que la hora de regreso sigue un criterio arbitrario, no hay ninguna razón para preferir media hora antes o media después. Se pueden utilizar esos minutos con flexibilidad, permitiendo su negociación, escuchando y dando argumentos.
CUANDO HAY QUE DECIR 'NO'.
En ocasiones hay que plantearse una negativa y hacerlo sin complejos. Es responsabilidad de los padres poner límites. Si se está convencido de que no hay que dar ese permiso, no se da. Por muy duro que sea, no hay que dejarle volver a la hora que lo hacen sus amigos o permitirle ir a esa fiesta que ‘lo flipa’. En ese caso, habrá que explicarle que no tiene que ver con él, sino con que el plan no parece adecuado. Prueba a ofrecerle otro acorde con su edad: “Entiendo que te enfades, puedes salir, pero no a esa fiesta que es para mayores que tú. ¿Quieres que organicemos algo para tus amigos en casa?”. Ten en cuenta que, aunque protesten, siguen necesitando límites.
Por último, piensa que, a pesar de la angustia que generan estas salidas, hay que confiar en la educación que les habéis dado. Cuando empiezan a querer salir es porque se sienten capaces de desenvolverse solos. Dadles la oportunidad de demostrarlo.
¿Y SI NO CUMPLE LO PACTADO?
Entre los dos habéis fijado unas normas, pero te da miedo que llegue más tarde de lo acordado, que consuma alcohol y que, encima, te diga que ‘lo hacen todos’. Si llegara tarde, primero escucha los motivos que le llevaron a no cumplir. A menudo, los chicos no se dan cuenta de la intranquilidad que generan sus conductas. Prueba a restarle tiempo de la hora de llegada, o a quedar con él para recogerle. Todos hemos llegado tarde alguna vez, pero no es lo mismo hacerlo oliendo a alcohol. Si la situación lo requiere, hay que decir ‘no’ a la siguiente fiesta, para que sea consciente de la gravedad de su comportamiento.
LO QUE HAY QUE TENER EN CUENTA ANTES DE QUE SALGA
1. Salir es un privilegio que hay que ganarse. “Tú me ayudas con la mesa y sonríes a la familia y yo te dejo salir nada más tomar las uvas”.
2. Hay que informarse bien: con quién va y adónde. Es bueno apuntar los teléfonos de los amigos y de algunos de sus padres, por si acaso.
3. El móvil es necesario. Así los chavales podrán localizar a sus padres. Éstos deben llamar a sus hijos sólo en caso de necesidad.

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