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Hijos con 'mamitis.

En cualquier caso, uno de los progenitores suele pasarlo mal si, de pronto, se siente excluido del círculo familiar. Según Rocío Ramos-Paúl ('supernanny') psicóloga experta en Educación Infantil y colaboradora habitual de MIA, cuando el niño expresa abiertamente su preferencia hacia el padre o la madre, no hay que preocuparse sino actuar con calma. Sólo se trata de una fase por la que todos pasan y, pronto, la situación acaba normalizándose.

A determinada edad, prácticamente todos los niños pasan por una etapa más o menos intensa y duradera de mamitis o de papitis. Con ello, lo que hacen es expresar sus preferencias hacia uno u otro progenitor en un momento concreto y, aunque cuando eso ocurre el padre excluido se siente desplazado y le cuesta aceptarlo, lo cierto es que no hay que preocuparse por esta actitud, ya que se trata de una fase más en su desarrollo y, por supuesto, el niño sigue queriendo a ambos por igual.

El origen del problema.
Frecuentemente, esta actitud se suele asociar a algunas rutinas para las que el niño prefiere tener cerca a uno u otro. “Me baña mamá” o “me da de comer papá”, por ejemplo. Estas son algunas de las razones de la mamitis infantil:

? Está acostumbrado a llevar a cabo determinada actividad con la misma persona.

? Saca algún beneficio por hacer algo con el elegido. Quizá mamá se muestra más condescendiente con el tiempo de jugar en la bañera o a papá es más fácil convencerlo para no comer las judías verdes de la cena.

? Uno de los progenitores se pasa el día fuera de casa y, entonces, el niño protesta ‘haciéndole el vacío’ cuando lo ve llegar, y sólo quiere estar con el otro. O, al contrario, reclama con insistencia al que pasa menos horas con él, como si quisiera recuperar de golpe todo el tiempo en el que no se han visto.

? Busca que sea el padre elegido quien le libre de situaciones a las que no quiere enfrentarse solo (no se separa de tu pierna durante toda la fiesta, mientras el resto juega y se divierte).

Sea por lo que sea, el miembro de la pareja más demandado llega a desesperarse. Lo que al principio se terminaba con un “bueno, vamos, que yo te acompaño” llega hasta el punto de que ni siquiera es posible hablar por teléfono tranquilamente, porque el niño está molestando hasta que cuelgas. Mientras tanto, el otro progenitor puede llegar a sentirse realmente mal, e incluso culparse a sí mismo porque su hijo ha dejado de contar con él. En cualquier caso, no hay que dramatizar, todos los niños pasan fases de mamitis y papitis, expresan sus preferencias y reclaman al que más beneficio les reporta.

Lo que puedes hacer: mantener la calma, ya que estamos ante una etapa más en su desarrollo y, además, es pasajera. Lo primero es averiguar la razón del favoritismo; escucha lo que te cuenta y, si todavía no se expresa bien, fíjate en la diferencia que hay entre cómo haces tú las cosas y cómo las hace tu pareja. Una vez descubierto el motivo se pueden tomar algunas medidas.

1. Equilibrar los tiempos con el niño. Esto no significa que cada uno esté al 50% con él, sino que, durante el tiempo real que ambos pasan con el niño, los dos pongan límites y tengan ratos de disfrute: papá hoy se ocupa de que se acabe la cena y luego juega con mamá; al día siguiente, mamá se encarga de que recoja la habitación y papá le lee un cuento. Cuando experimentan esto, superan sus preferencias.

2. Cada uno actuará según su estilo, pero las pautas serán las mismas. Si hay que probar cinco cucharadas de cada plato para pasar al postre, serán cinco tanto si le da la cena mamá como si lo hace papá, aunque uno le cuente un cuento y el otro recite una poesía.

3. Si los dos estáis muy molestos con esta situación, hay que intercambiar papeles: durante un tiempo el elegido se ocupará de las rutinas y las normas, mientras que el excluido se dedicará a los ratos de juego y disfrute, hasta que, poco a poco, volváis a repartiros las tareas de manera más equitativa. Decir “hoy te baña mamá mientras yo voy preparando la cena” es la actitud que facilitará que desaparezcan sus favoritismos.

Lo que conviene evitar:
Ofenderse o tomarse como algo personal esta etapa del niño sólo complica aún más la situación. No olvides que hoy puedes ser el elegido y mañana el rechazado. Decir cosas como “no lo entiendo, hijo, con todo lo que yo me preocupo por ti”, por ejemplo, o “pues ahora soy yo quien no quiere estar contigo”, sólo servirá para aumentar los motivos que pueden inducir al alejamiento del niño y puede convertirse incluso en causa de rechazo.

Cómo combatir esta actitud:
- Escuchar lo que te cuenta el niño. Si aún no se expresa bien, mira qué diferencias
hay entre cómo haces las cosas tú y cómo las hace tu pareja.
- Mantener
las mismas reglas. Si el pacto es tomar cinco cucharadas de cada plato para pasar al postre, serán cinco tanto si le da la cena mamá como si lo hace papá.
- Hay que equilibrar las tareas. Y hacerlo de forma equitativa. Decir, por ejemplo: “Hoy te cuenta un cuento papá mientras mamá descansa un poco”. Y al día siguiente, a la inversa. De esta forma facilitaremos que se olvide de las preferencias.

Recuerda: todos los niños expresan sus preferencias y siempre reclaman al progenitor que más beneficio les reporta.

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