Mis hijos se llevan mal

Cuando sus juegos terminan siempre en pelea su comportamiento nos irrita y muchas veces no sabemos cómo actuar. ¿Podemos evitar sus discusiones?

pelea niños

En muchas ocasiones tenemos un segundo hijo para que el primero tenga un compañero de juegos, alguien con quien disfrutar y com­partir su vida, y nos tiramos de los pelos cuando, lejos de conseguirlo, no paran de pelearse y enfrentarse entre ellos.

¿Por qué lo hacen?

El niño pelea para afirmar su identidad, bien para llamar la atención de sus padres o bien para poner a prueba sus límites y los de los demás. De la forma en la que sepamos ges­tionar sus riñas dependerá que estas cada vez sean menos (y utilicen la herramienta de la palabra para expresar lo que quieren) o, por el contrario, alimentemos esa espiral de agresión continuada.

Un buen ambiente familiar “es fundamental para no favorecer la pelea”, explica la psicó­loga Teresa Muñoz del Toro. El respeto en­tre los padres será el mejor ejemplo para que nuestros hijos no solucionen todos sus problemas a golpes.

Cuando hay conflicto

La primera norma es no posicionarse a favor de ninguno de nuestros hijos. Debemos darle a cada uno su lugar, escucharles y llamarles a ambos la atención por sus actos, tanto al que chincha como al malherido.

El “yo lo tenía primero” o “siempre vemos en la tele lo que él quiere” se tiene que solucionar dando rotación a las actividades. Frases como “ahora jugarás tú con ello 15 minutos y luego él otros 15”, solucionarán mucho antes el problema que metiéndonos en su discusión. Da igual quien haya empezado la pelea, lo que importa es que entiendan que deben dialogar entre ellos para que exista una buena convivencia.

Colocar palabras a sus conflictos les ayudará a que las pongan también ellos en un futuro en lugar de chillar y pelearse: “Te ha molestado que tu hermano te rompa el juguete, ¿verdad?”. En el momento su reacción será el enfrentamiento, pero si le mostramos la herramienta de la palabra desde pequeños, conseguiremos que sean capaces de mantener la calma en el futuro. Las palabras retrasan las acciones siempre.

Mejora su relación

Es importante favorecer las tareas compar­tidas y saber reconocérselas. Pídeles que te ayuden a poner la mesa o a preparar un pas­tel entre los tres y refuerza su participación en grupo con un “qué bien cuando hacéis actividades en equipo”. También debemos reforzar los gestos de amabilidad que puedan tener entre ellos y evitar las comparaciones. Reconocer sus bue­nas acciones es fundamental.

Adolescencia

Podríamos decir que en esta etapa se repiten las rabietas de los 2 años. Los adolescentes buscan su identidad y si a ello sumamos sus hormonas revolucionadas, el cóctel es explosivo. Se trata de una etapa complicada en nuestros hijos, pero si de pequeños hemos favorecido el diálogo entre hermanos y el buen ambiente familiar, pasados esos años, volverán a los buenos patrones de conducta que les inculcamos de niños.

Se les debe ayudar a que se expresen entre ellos, a que se pidan las cosas en lugar de quitárselas de las manos. Hay que buscar siempre la manera de ser civilizados, sentarlos y mostrarles otros modelos de diálogos menos agresivos y más eficaces.

CONTINÚA LEYENDO