Niños con diabetes

Para muchos pequeños con diabetes tipo su día a día no es fácil.

¿Qué es?

Esclarecer las ideas erróneas que existen sobre la enfermedad y mejorar su tratamiento son los retos a los que se enfrentan los niños diabéticos (y sus padres). 

La diabetes tipo 1 es autoinmune. Es el propio sistema inmunológico el que se confunde y ataca a las células propias que producen la insulina. No es una enfermedad hereditaria, aunque sí existe un condicionante genético, y se presenta pasados los 6 meses de vida del pequeño.

Entre los síntomas destacan un aumento exagerado de sed, de ganas de orinar y de comer, así como pérdida de peso.

Buen pronóstico

“Hoy en día, con la insulina y los monitores de glucosa que tenemos, la salud de los pacientes no corre peligro siempre que reciban un correcto tratamiento”, explica el doctor Roque Cardona, endocrinólogo pediátrico en el Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona. Un niño diabético bien tratado puede llegar a la edad adulta igual que un niño que no lo es.

Mucha vigilancia

El principal problema al que se enfrentan los niños con diabetes tipo 1 (y sus familiares) es la necesidad constante de medir sus niveles de glucosa en sangre. Muchos padres se levantan incluso por la noche a medir la insulina de sus hijos ante el temor a que tenga una hipoglucemia nocturna y les acarree problemas.

Además, aunque existen campeones olímpicos diabéticos, que los pequeños realicen ciertas actividades implica un mayor esfuerzo, ya que deben monitorizar sus niveles de azúcar en sangre antes, durante y después de realizar un deporte. Un niño diabético puede salir al recreo sin medirse la insulina, pero cuantas más mediciones se haga, más alerta estará ante una subida o bajada de glucosa.

Existen colegios, como Joyfe (en Madrid), con su propio gabinete de enfermería para controlar la insulina a estos alumnos, pero todavía la mayoría de centros no están preparados.

Nuevos avances

Actualmente existe un sistema de monitorización continua (frente al pinchazo en el dedo tradicional) que permite un mayor control y más libertad para el pequeño. Se trata de un sensor que se coloca en el brazo y dura 14 días. El dispositivo mide la glucosa cada minuto y un lector escanea el sensor para obtener un resultado de glucosa en menos de un segundo en tiempo real.

Las cifras

Ocio: el 60 % de los niños diabéticos no puede jugar ni hacer deporte como el resto de sus amigos. Al 34 % les limita el ir a la escuela y el 29 % se siente marginado por sus compañeros.

Dormir: un 51 % de los pequeños sufren alteraciones del sueño a causa del control de la diabetes y un 63 % ha tenido al menos un episodio de hipoglucemia grave durante el sueño.

Familia: el 70 % de los padres se sienten agotados y el 35 % considera que el estrés que les causa controlar la diabetes de su hijo afecta a su relación de pareja y a sus horas de trabajo.

Estado de ánimo: el 70 % de los niños diabéticos tiene un sentimiento negativo sobre su enfermedad. La punción en el dedo les causa molestias, dolor y vergüenza. 

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