Papá nunca está

Todavía hay hombres que se escudan en el trabajo para no compartir las responsabilidades domésticas y familiares, y los hijos lo acusan. Es el síndrome de Ulises .

Todavía hay hombres que se escudan en el trabajo para no compartir las responsabilidades domésticas y familiares, y los hijos lo acusan. Es el síndrome de Ulises.

 

El ‘síndrome del padre ausente’ no es nuevo: desde que la revolución industrial de finales del siglo XIX separó físicamente a los hombres de sus familias al convertirlos en oficinistas o empleados (antes de eso, lo normal era que el padre trabajara en casa, ya fuera comerciante, artesano, labrador, etc., y casi siempre con sus propios hijos como aprendices), muchas generaciones de niños y adolescentes han crecido al cuidado de sus madres y abuelos y en ausencia de un padre siempre ocupado. Pero hoy la sociedad ha cambiado y la mujer ha alcanzado grandes cotas de igualdad, lo que hace necesario un reparto equitativo y justo de papeles entre el padre y la madre.

El síndrome de Ulises 

 

Así, como síndrome de Ulises –no confundir con la enfermedad de igual nombre que padecen los emigrantes por su desarraigo– han rebautizado algunos sociólogos este problema, por analogía con el héroe de la Odisea al que una y otra vez los acontecimientos le impedían volver a su hogar. Y es que esa es una de las claves del asunto: los padres ausentes son hombres incapaces de renunciar a ningún compromiso (léase trabajo extra, un viaje, una reunión social...) excepto al que en teoría les une a sus familias: la corresponsabilidad con la madre a la hora de criar y educar a los hijos y de sacar adelante las tareas domésticas.

 

La igualdad se aprende…

 

Con ser esto suficientemente injusto, lo más grave de la conducta del padre ausente son las consecuencias que tiene sobre sus hijos, y más si son adolescentes. Un padre que nunca está ofrece al hijo un rol masculino egoísta, insolidario e incapaz de dar afecto. Está comprobado que la igualdad no es un valor que se transmita de forma innata, sino que se aprende a través del ejemplo. Los adolescentes que no ven jamás a su padre haciendo las tareas domésticas u ocupándose de su cuidado y educación tendrán más probabilidades de reproducir en el futuro esos esquemas sexistas, cuando ellos mismos sean padres.

 

... Y el cariño no se compra

 

Una señal de que muchos padres ausentes se sienten culpables e insatisfechos con el rol es que luego, en las contadas ocasiones en que están junto a sus hijos, tratan de ‘comprar’ su cariño y atención con toda clase de regalos. O también cediendo a sus mínimos caprichos, o incluso llevando la contraria a la madre en las decisiones más difíciles e ‘impopulares’ que éstas adoptan. Pero así no se crean lazos afectivos, sino pequeños chantajistas: el hijo descubre dónde está la debilidad de su padre y la explota, ‘vengándose’ de las carencias emocionales que le produce su ausencia continuada.

Continúa leyendo