Pautas para evitar que tus hijos beban

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La muerte de una niña de 12 años por coma etílico nos ha conmocionado. ¿Cómo pudo ocurrir? Y, sobre todo, ¿cómo podría haberse evitado? Aquí te damos las mejores medidas para proteger a tus hijos del alcohol.

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Buena comunicación

Pautas para evitar que beban

Desde la infancia debemos favorecer el diálogo con nuestro hijo, para que se sienta escuchado y sepa que lo que cuenta nos interesa. “Si se comunica bien en casa, también sabrá hacerlo con sus amigos cuando sea adolescente y no esté de acuerdo con ellos o no quiera seguir unos determinados hábitos del grupo”, explica Teresa Muñoz del Toro, psicóloga del Centro Tiban de Madrid. También es importante reforzar su autoestima desde pequeño, para que sea capaz de decir no sin miedo a sentirse rechazado. Un adolescente perdido no nace de la noche a la mañana, debemos dedicarle el tiempo que sea necesario, conocer a sus amigos e invitarles a casa. El mejor arma contra los problemas de esta edad pasa por cuidar el diálogo y la atención que prestamos a los hijos desde pequeños.

 

Hábitos saludables

Tanto para ti como para tus hijos. “Somos un fiel reflejo para ellos, y todo lo que nosotros hagamos se quedará grabado dentro de su disco duro”, señala Nano López, coach experto en adolescentes. Debemos tener muy claro que, si tomamos alcohol delante de nuestros hijos, eso puede traer consecuencias. Si nosotros hacemos lo contrario de lo que queremos enseñarles, el mensaje les llegará distorsionado.

Por otro lado, debemos favorecer actividades alternativas a las de divertirse consumiendo alcohol con sus amigos: organizarles planes para salir al campo o fomentar que practiquen algún deporte ayudará muy positivamente a que nuestros hijos no vean en el alcohol el único recurso para evadirse y pasarlo bien.

Reforzar valores

Transmitírselos favorecerá que sean responsables en cualquier faceta de su vida. Si aprendieron el valor de la medi­da y del sentido común para no comerse siete hamburguesas o atiborrarse a chu­cherías de pequeños, comprenderán que no tiene sentido beberse ocho copas cuando sean adolescentes.

Hay que enseñarles a tomar sus pro­pias decisiones y mostrarles que frente al placer inmediato es mejor el placer sostenido, advierte la psicóloga. Si desde niños entendieron que suspender un examen no compensaba porque luego se quedaban sin ir de campamento con sus amigos, cuando sean adolescentes también verán claro que excederse con el alcohol traerá consigo unas conse­cuencias nada gratificantes. Experimen­tarán con él, como cualquier adolescen­te, pero sin que llegue a mayores.

Normas y límites

Son indispensables para evitar la mayoría de los problemas de conducta de nuestros hijos. Al igual que les explicamos cuáles son los riesgos que deberá asumir si no hace las tareas escolares, deben conocer lo que les pasará si consumen alcohol. “Muchas veces creemos ser demasiado duros con nuestros hijos y terminamos claudicando a la hora de imponerles normas, pero éstas son necesarias y deben cumplirse”, explica Nano López. Las reglas pueden parecer imposiciones, pero son imprescindibles para mantener el equilibrio en casa y conseguir el objetivo que todos los padres buscamos: el buen desarrollo de la vida de nuestros hijos.

Hay que tener muy claro que consumir alcohol antes de los 18 años es delito, y no hacer concesiones si es Navidad o su cumpleaños; no vale el “solo un sorbito”, porque con eso estaremos alimentando la poca conciencia de riesgo que se tiene hoy en día del alcohol en nuestro país.

Si llega borracho

“Lo importante es que los padres descubran la causa y exijan a su hijo una explicación, pero no en el momento en que el niño entre por la puerta sino al día siguiente, cuando esté en plenas facultades para entender lo que le decimos”, señala Nano López (nanolopezromero.com). Es importante mantenerse firmes y actuar en consecuencia a la gravedad de la falta. Si nosotros permitimos que llegue borracho y simplemente nos limitamos a recriminarle, estaremos provocando que pueda volver a ocurrir.

Etiquetas: Educación niños, Familia, Niños rebeldes, Psicología

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