Sé una Madre Slow.

Llega a España el slow parenting, la tendencia educativa que arrasa en Estados Unidos. Ser una madre slow significa pisar el freno. No se trata de que descuides a tus hijos, sólo de que te relajes y les dejes tiempo y espacio para descubrir su mundo. Eso es lo que defiende esta nueva forma de educar.

Lo hacemos con nuestra mejor intención, pero reconozcámoslo: metemos presión a nuestros hijos desde que están en el útero materno. Obligarles a escuchar a Mozart cuando estamos embarazadas ya nos da una pista sobre las altas expectativas que ponemos en nuestros retoños. Después vienen el yoga, el shiatsu y la musicoterapia para bebés y, más tarde, las clases de chino, golf y violín. Pensamos que, cuanto más hagan, más aprenderán y mejor será para ellos. El ritmo es frenético y muchas veces nos llegamos a frustrar cuando nuestros hijos nos dicen: “No quiero ir a estas clases¨.  Además, confiamos más en los colegios que obligan a los niños a hacer muchos deberes y sólo les dejamos jugar un rato al final del día, pero únicamente después de haber cumplido con sus obligaciones. ¡Y aún no tienen ni 10 años!

Menos sobreprotección...
El slow parenting apuesta por rebajar este alto ritmo de actividades infantiles y el exceso de sobreprotección y vigilancia que a veces ejercemos sobre los pequeños, dando más importancia a la calidad del tiempo que pasamos con ellos, a la espontaneidad de las relaciones y a dejarles más libertad para que vayan descubriendo su mundo. En definitiva, se trata de vivir la infancia como el proceso natural que es. En EE UU son ya muchos los padres que practican esta filosofía slow.

... y más libertad para experimentar.
Bernadette Noll, fundadora de slowfamilyliving.com, nos explica cómo dejar de tomarnos la educación de nuestros hijos como si fuera una competición. Déjales que fallen y aprendan solos a resolver situaciones. Sólo así sabrán cómo levantarse. Lo impedimos cuando bajamos al parque pero nos vamos en cuanto caen cuatro gotas, “no vaya a ser que pillen una pulmonía”, o cuando no les dejamos que jueguen con el barro, porque “se ensucian”.

Limpia la agenda de tus hijos.
Nadie dice que el deporte no sea bueno para ellos (¡lo es!), pero ¿por qué no conviertes el fútbol, la natación o el tenis en una afición común para toda la familia? Trátalos con respeto. A muchos padres les sorprende que sus hijos sean antipáticos fuera de casa, pero ¿son ellos un buen ejemplo? La mejor manera de que sean educados y cariñosos es que vean que en casa hay respeto y todo se pide por favor.

¡Esto funciona! 3 ideas que te inspirarán.
1. Pasa más tiempo a solas con tus hijos.
A ellos les encanta. Cuando el mayor esté en el colegio, da un largo paseo por el parque con el pequeño. Y cuando el menor se vaya a la cama, aprovecha para compartir juegos con el mayor.
2. Deja que jueguen solos. A veces pensamos que es nuestra obligación entretenerlos y jugar con ellos siempre, pero ¿por qué no dejarlos solos? Así podrán dar rienda suelta a su ingenio y comenzarán a crear mundos imaginarios.
3. Escúchalos más ¡y mejor! “Sí, sí, me parece bien, pero se hace lo que dice mamá y punto”. Evita el error de no atenderles cuando tienen algo que decirte. Abre los oídos y escucha con calma lo que te cuentan con sus palabras.

¿Dónde?
En España hay espacios slow en los que tus hijos pueden jugar con libertad y ser más autónomos. Infórmate en: www.mara-mara.com y www.xixupika.com.

Por: Verónica Palomo.

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