¿Smartphone Sí, Pero con Límites.

Es el tesoro más preciado para los jóvenes; pero, ojo, en sus manos puede ser una bomba de relojería. Han de saber usarlo. Hay que explicarles que hay actos que constituyen un delito, como robar el wifi o acosar en las redes sociales.
Un joven y su smartphone son un dúo inseparable. Con el móvil inteligente, los chavales se conectan a Internet (el 84 %), hacen fotos (62 %), ligan a través de las redes sociales (55 %) o estudian (40 %), según una encuesta realizada por Tuenti Móvil en colaboración con Ipsos. El smartphone es, hoy por hoy, la herramienta de comunicación social más importante; por eso, ningún adolescente desea mantenerse al margen, sobre todo si la mayoría de sus amigos y compañeros de clase posee este preciado tesoro. Otra cuestión es lo que piensan los padres, que a veces no están dispuestos a facilitarles ese instrumento por miedo a que hagan un uso desmedido, inapropiado, o simplemente porque consideran que son demasiado pequeños para manejarlo. “El móvil es recomendable a partir de los 11 o 12 años, cuando empiezan la ESO”, sugiere la neuropsicóloga Mª Luisa Ferrerós. “Ese es el momento en el que comien- zan a desplazarse solos y les surge por ello la necesidad de estar co- municados (por ejemplo, por si ocurre una incidencia). Es una nueva etapa en la que empiezan a gestionar su propio tiempo y tam- bién su libertad para decidir”.
El control es necesario
Sin embargo, los padres no deben dar por hecho que su hijo adolescen- te tiene la madurez y el criterio sufi- cientes para saber cómo utilizar su smartphone del modo correcto, a pesar de que la encuesta de Tuenti Móvil afirma que la mayoría de los chavales conoce los riesgos de intromisión en su privacidad que puede implicar el uso de aplicaciones, por ejemplo. Es necesario el control parental y fijar unas reglas. “Las normas son imprescindibles: no enviar fotos comprometidas, ni datos que los identifiquen. Hay que explicarles los actos que constituyen un delito (robar el wifi, acosar en redes sociales, subir fotografías de otros sin su consentimiento) y las sanciones que se derivan de ello. Lo más importante es entender que no es un problema del smartphone en sí, sino de su uso”, explica Ferrerós, autora de Baby Play (Ed. Planeta), un libro en el que instruye a los padres sobre cómo educar a sus hijos en la utilización adecuada de las nuevas tecnologías.
Un uso responsable.
También hay que verificar dónde se conectan y cuánto tiempo. “El fin es que no se conviertan en esclavos de los dispositivos”, dice la experta. Precisamente, un estudio de Telefónica asegura que el 40 % de los jóvenes españoles no puede vivir sin su móvil. Por eso, Mª Luisa Ferrerós insiste: “Hay que exigirles responsabilidad: si lo pierden, no hay que restituírselo inmediatamente; si tienen malas notas, se les debe restringir su uso; si no lo saben utilizar, hay que darles uno más sencillo”. En este sentido, opina que es mejor facilitarles uno de tarjeta prepago, porque así aprenden a autorregularse. Y, por supuesto, siempre hay que dar ejemplo: “Apagarlo si estamos hablando, jugando o compartiendo el tiempo con ellos, porque suelen decir: ‘Es que mi padres siempre están con el móvil. No nos hacen caso’. Se quejan mucho de esto”, afirma.
La configuración más segura.
La compañía Trend Micro, que diseña software y antivirus, aconseja cómo configurar el smartphone para que los chavales estén más protegidos: utilizar el bloqueo de pantalla (si se lo roban, no podrán acceder a su correo o sus fotos); desactivar la casilla “autoconectar” (los datos no podrán ser interceptados por redes inalámbricas); saber qué permisos necesita una app para instalarla (a veces son demasiados); instalar un antimalware (para más tranquilidad).

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