Tengo un 'friki' en casa

Si crees que su gran pasión por los personajes de la tele lo convierte en un ‘niño un poco raro’, has de estar tranquila, porque es algo propio de su edad.

Si crees que su gran pasión por los personajes de la tele lo convierte en un ‘niño un poco raro’, has de estar tranquila, porque es algo propio de su edad. Una socióloga te dice cómo actuar.

 

 ¿Un niño raro o muy loco por algo?

Para saber si nuestro hijo lo es o no, lo primero que debemos conocer es el significado de este término. Para Cristina Martínez, profesora de Sociología de la Educación de la Escuni (Escuela Universitaria de Magisterio), un friki es “una persona que presenta un interés profundo y un conocimiento extenso por uno o varios temas minoritarios o subculturales y que deja traslucir su interés por ellos a través de su comportamiento, su forma de hablar  y/o su imagen externa”. Según la socióloga, “la definición se ajusta mejor a los acérrimos de la Guerra de las Galaxias, el universo de Tolkien, la ciencia ficción o los juegos de mesa”, entre muchos otros temas.

 

¿Tu hijo de 8 años puede ser un friki?

Partiendo de dicha definición, Cristina Martínez es tajante: “Un niño no puede ser un friki”. ¿Por qué? “A esa edad, el niño aún está explorando lo que le gusta y lo que no. Se interesará por muchas cosas y sólo algunas llegarán a formar parte de su carácter definitivo. Además, es totalmente normal que a un niño de 8 años le gusten cosas como los superhéroes, los Pokemon, los tebeos, los videojuegos, las películas de ‘dibus’ u otras muchas cosas que vistas en un adulto consideraríamos frikis. Si le quitamos a un niño todas esas cosas, simplemente no sería un niño”, dice la socióloga.

¿Es normal esa obsesión con los personajes?

“Naturalmente.  Aunque no es ‘estar obsesionados’ sino muy pendientes. Y si no es con Spiderman o Elsa de Frozen, será con Peppa Pig, Ronaldo o Abraham Mateo”, opina la experta. “Fijarse en diferentes modelos, aprenderse sus nombres y sus detalles, es parte de la vida de los niños y se acentuará en la adolescencia aunque se exprese de otras maneras”. Así, Martínez nos insta a recordar todo lo que nos gustaba de niños: “Si coleccionábamos cromos o nos sabíamos la alineación de nuestro equipo no era por obsesión, sino porque vivíamos con pasión cada cosa que íbamos descubriendo”.

 

¿Cuándo debemos alarmarnos?

“Que viva intensamente sus aficiones no debe inquietarnos”, dice la socióloga. Lo único que nos puede preocupar o molestar es que “al niño le llamen friki en el colegio de forma peyorativa” o que sus gustos especiales lo alejen de sus compañeros y le provoquen un “problema de comunicación con ellos”.

 

¿Qué podemos hacer los padres?

Para estar tranquilos lo mejor que podemos hacer es “hablar con los niños y compartir sus gustos y juegos”. Ver con ellos la tele, leer, ir al cine, “preguntarles qué les gusta y qué no. Entender su mundo”, explica Cristina Martínez. Ese consejo es válido “tanto si les gusta la Fórmula 1 como el patinaje artístico o la fabricación de robots de juguete”. ¿Y si su afición no te gusta? “Primero intenta decidir con objetividad si tienes verdaderos motivos para reprobarla –declara la experta–, y si es así, la mejor manera de cambiarla no es negársela ni poner mala cara, sino ofrecerle nuevas aficiones que le entusiasmen todavía más”.

 

Reconecta con tus hijos

La socióloga Cristina Martínez cree que hay que fomentar que los niños tengan aficiones, sean minoritarias o no. “Si les interesa la astronomía, podrías llevarles al planetario. Y si es el cómic, puedes apuntarles a un curso de dibujo donde conocerán a otros niños con el mismo hobby”. En definitiva, es una gran oportunidad para que haya una ‘reconexión’ entre padres e hijos.

Continúa leyendo