¿Una tele en su habitación?

Tu pequeño se ha empeñado en tener una solamente para él y no sabes si permitirle el capricho. Hemos preguntado a especialistas en pediatría...

Tu pequeño se ha empeñado en tener una solamente para él y no sabes si permitirle el capricho. Hemos preguntado a especialistas en pediatría y psicología infantil sobre lo que debe tener un menor en su cuarto. Y ya te lo adelantamos: de tele, ni hablar.

 

Más que un dormitorio parece una leonera. Todo está revuelto. Las paredes, empapeladas con sus ídolos (que ni te suenan); sus cosas, dispuestas de cualquier manera. Pero a ellos les encanta. Porque ese espacio de la casa también es el lugar en el que juegan, preparan sus exámenes, desarrollan sus aficiones y aprenden a mantener un orden (poco a poco, ya lo sabemos). El dormitorio va a convertirse en su primer lugar propio. Por eso, tu hijo o hija debe decidir contigo cómo será su pequeña parcela: los colores, los posters, los adornos... Aunque creas que no tiene edad suficiente, puede opinar y hay que escucharle. Eso sí, existen ciertos aspectos controvertidos en los que la última palabra es tuya, porque tendrás que valorar si lo que pide es beneficioso o perjudicial para su desarrollo.

 

TELEVISIÓN: ¡fuera del cuarto!

Las restricciones empiezan cuando hablamos de dispositivos electrónicos. Por ejemplo, la tele. Para algunas familias resulta muy cómodo poner al niño un aparato en su habitación: que él vea Bob Esponja mientras los padres miran el Telediario. Hay quien piensa que no hay ningún problema, siempre y cuando los padres controlen lo que ve en su cuarto, pero el mero hecho de tener a los pequeños demasiado tiempo ocupados en ella puede provocar algunos contratiempos en su desarrollo cognitivo. Y una cosa está clara: cuanto más fácil se lo pongas, más horas la verá. “La tele en la habitación tiene que estar prohibida”, defiende el pediatra Jordi Pou. “En cualquier caso, un chaval no puede estar más de dos horas al día delante de una pantalla. Está demostrado que genera estrés, dificulta el estudio y favorece la obesidad”.

 

LITERAS: a partir de los 4 o 5 años

Hoy en día, los pisos no vienen sobrados de espacio. Y por eso cada vez más chavales duermen en literas, una forma perfecta de disponer de dos camas en pocos metros cuadrados. Pero cuidado, porque en ocasiones pueden ser peligrosas. Un dato: alrededor de 35.700 niños sufren cada año, en Estados Unidos, algún tipo de lesión por este tipo de camas, según la Asociación Americana de Pediatría. “Las literas siempre conllevan un riesgo de caída”, dice el doctor Jordi Pou, coordinador del Comité de Seguridad de la Asociación Española de Pediatría. “Como mínimo, el niño debería haber cumplido 4 o 5 años para poder subirse y moverse con habilidad. Y, desde luego, tienen que estar protegidas siempre por una barandilla”.

lUZ QUITAMIEDOS: ¿por qué no?

Los más pequeños siempre necesitan una luz para dormirse. Pero ¿debemos permitírsela? “Sí, y además es aconsejable”, dice rotundo el psiquiatra infantil Paulino Castells. “El niño pequeño es temeroso casi por definición. La oscuridad para él es sinónimo de soledad: los padres se van y él se queda solo. Así que no debe negársele una lucecita. Cuando abra los ojos, esa lámpara le permitirá saber que está en su habitación y le hará sentirse seguro y protegido”. Por eso es bueno mantener la lámpara encendida toda la noche, aunque el niño ya se haya dormido.

 

ORDENADOR: mejor en otro sitio

Igual de controvertido es el ordenador. A pesar de que los expertos repiten hasta la saciedad que el equipo debe estar en una zona común de la casa para evitar el acceso a contenidos inadecuados o el contacto con posibles acosadores, lo cierto es que cada vez son más los chicos que se conectan desde su habitación y con su propio terminal. Cuatro de cada diez menores españoles de entre 9 y 16 años se enganchan a la Red desde su cuarto, según un reciente estudio de la Comisión Europea de Riesgos y Seguridad en Internet. “Error total”, advierte el doctor Castells. “Estos aparatos deben estar siempre en lugares donde se puedan controlar. Lo único permisible es que haya un ordenador en la habitación del adolescente cuando tiene que hacer algún trabajo de clase. En esos casos, lo mejor es un portátil, para que se lo lleve cuando tenga que utilizarlo por sus estudios y lo devuelva a su sitio al terminar”.

 

CONSOLA: ojo con la adicción

Pese a que hay quien cree que estimula el aprendizaje y la creatividad, muchos otros opinan que genera adicción y agresividad. Entre estos últimos está el doctor Castells, que en su libro Enganchados a las pantallas (Planeta) acuñó el término ‘botellón electrónico’ para referirse a la ‘borrachera’ de información que el niño puede acumular encerrándose en su habitación con tantos aparatos. “La adicción a los videojuegos es tan seria como la dependencia de la droga. Y produce fracaso escolar y aislamiento. El chico rehúye el contacto con familiares y amigos, pierde horas de sueño y se levanta cansado”. Lo difícil es dar con la forma de controlarlo, porque algunas consolas caben en un bolsillo, y muchas veces los padres no saben ni dónde la guardan los chavales.

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