Uno de cada cinco niños tendrá un trastorno de conducta

A lo largo de su infancia o adolescencia, uno de cada cinco niños españoles tendrá algún trastorno de conducta.

A lo largo de su infancia o adolescencia, uno de cada cinco niños españoles tendrá algún trastorno de conducta. Se trata de un problema de salud más frecuente entre los chicos que las chicas y las edades más habituales donde se manifiesta se encuentran entre los 13 y los 16 años.

 

En los últimos cinco años se ha detectado un significativo aumento en el diagnóstico de trastornos de conducta en menores, provocado en parte por el aumento de las familias con problemas económicos y los cambios sociales vividos. Son los resultados del informe “Adolescentes con trastornos de comportamiento, ¿Cómo podemos detectarlos? ¿Qué se debe hacer?” editado por el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en colaboración con Laboratorios Ordesa.

 

La gran mayoría de los profesionales encuestados para el informe afirma haber detectado un aumento en las demandas por problemas de conducta (96% de pediatras), convirtiéndose en la principal causa de consulta sobre salud mental, según afirman psicólogos y psiquiatras.

 

Déficit de atención

Los trastornos de conducta que han experimentado un mayor aumento son los problemas de aprendizaje y el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención). Aunque en menor medida también ha crecido el número de casos de consultas por síntomas del trastorno negativista desafiante o trastorno disocial.

 

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es el que genera mayor número de visitas a los servicios de salud. Se caracteriza  por la dificultad para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad. Su incidencia está entre el 3% y el 7% de la población y es más frecuente entre los chicos.

 

Por su parte, la principal característica del Trastorno Disocial pasa por reincidir en comportamientos que atentan contra los derechos de los demás o las normas sociales. Por ejemplo, comportamientos agresivos, acosar o amenazar a otros, iniciar peleas, uso de armas, robos, etc. Se calcula que la prevalencia en la población general es de entre 1,5 y 3,4% y es más habitual entre los varones.

 

El Trastorno Negativista Desafiante (TND) sigue un patrón de comportamiento negativista, desafiante, desobediente y hostil hacia las figuras de autoridad. Se caracteriza por actitudes como accesos de cólera, discusiones con adultos, hacer deliberadamente cosas que molestan a los demás, ser quisquilloso, mostrarse rencoroso o vengativo. Aproximadamente afecta entre un 3% y un 8% de los menores, y es entre 2 y 3 veces más frecuentes en niños que en niñas.

Situaciones de riesgo

Entre las diferentes situaciones de riesgo que pueden provocar la aparición de trastornos de comportamiento destacan las personales, que incluyen un comportamiento disocial, el inicio precoz de conductas agresivas, pocos vínculos sociales, abuso de sustancias, impulsividad, baja capacidad de atención, actitud negativa ante lo escolar, bajo rendimiento académico, baja tolerancia a la frustración y pérdida de valor a la autoridad. 

 

También hay una serie de situaciones familiares de riesgo, entre ellas padres que no tienen tiempo de estar con sus hijos, familias desbordadas, control parental inadecuado, falta de comunicación y conocimiento de los problemas de los hijos, bajo nivel socio-económico y padres abusivos o ruptura con el hogar en la infancia.

 

Por otro lado, también existen algunos factores protectores para evitar la aparición de trastornos de conducta, como el hecho de ser mujer, tener una orientación social positiva, alta inteligencia, poseer buenas habilidades de afrontamiento del estrés, establecer relaciones de calidad y de apoyo con adultos. También está demostrado que ayuda la implicación personal y familiar en valores sociales o ser competente al menos en una habilidad.

 

La mayoría de los padres, ante un posible trastorno de conducta en sus hijos, decide acudir al pediatra o médico de familia o acuden directamente a un psicólogo. En muchos casos (49,2%), la familia ni tan siquiera comunica el problema a la escuela. Un dato que muestra la necesidad de mejorar la relación entre los padres y la escuela, espacio dónde también se detecta un importante porcentaje de casos (46,3%).  

 

Nueve de cada diez profesores aseguran que existen buenos recursos, pero insuficientes, y denuncian que además han disminuido en los últimos años. Los padres también consideran necesario incrementar los recursos asistenciales para tratar los problemas de comportamiento. Por su parte, los pediatras valoran positivamente las estrategias terapéuticas existentes, pero consideran que desde los recursos escolares y los servicios sociales se realiza un trabajo insuficiente.

Continúa leyendo