Revista Mía
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¿El hígado graso es peligroso? Todo lo que debes saber

Conocido médicamente bajo el nombre de esteatosis hepática, aunque antaño el hígado graso era considerado como una enfermedad benigna, hoy se sabe que no siempre es así, pudiendo evolucionar de forma peligrosa.

Autor: Christian Pérez
Cada vez es mayor el número de casos en los que se diagnostica la presencia de hígado graso, una enfermedad que también es médicamente conocida bajo el nombre de esteatosis hepática. Básicamente se trata de una condición que surge cuando una cantidad excesiva de grasa comienza a acumularse en el hígado.
Aunque, en este sentido, los expertos no están del todo de acuerdo, dado que algunos coinciden en señalar que tener pequeñas cantidades de grasa en el hígado es normal, mientras que otros no opinan igual. Sea como fuere, todos sí coinciden en una cosa: tener demasiada grasa en el hígado puede llegar a convertirse en un auténtico problema de salud.
El hígado es el segundo órgano más grande nuestro cuerpo, el cual participa activamente en una enorme variedad de importantísimas funciones: filtra las sustancias nocivas de la sangre, ayuda a procesar los nutrientes que obtenemos tanto de los alimentos como de las bebidas, secreta bilis (esencial para la digestión) y, además, almacena ciertas vitaminas -A, D, E y K- y glucógeno, el cual se almacena en forma de azúcar para posteriormente convertirlo en energía.
Cuando la grasa en el hígado se vuelve excesiva, puede acabar inflamándolo, lo que a su vez lleva a que se produzca un daño continuo y, por tanto, la formación de cicatrices. Por ello, en casos severos, esta continua cicatrización puede acabar desencadenando una insuficiencia hepática.
Desde un punto de vista médico, podemos diferencia dos tipos de hígado graso: si la enfermedad surge en una persona que no consume mucho alcohol es conocida como enfermedad del hígado graso no alcohólico; mientras que si se desarrolla en alguien que bebe mucho alcohol, se conoce como enfermedad de hígado graso alcohólico.
El hígado graso no alcohólico suele tratarse con un cambio en la dieta, disminuyendo el consumo excesivo de grasas y carbohidratos, perdiendo peso y practicando ejercicio físico. Por otro lado, el hígado graso alcohólico es considerado como una consecuencia temprana -y reversible- del consumo de alcohol, por lo que suele mejorar después de haber dejado de tomarlo durante un tiempo prudencial.

¿Cuáles son sus síntomas?

En muchos casos el hígado graso no tiende a causar síntomas evidentes o notables, al menos hasta que ya es demasiado tarde, y el hígado se encuentra muy afectado. En ocasiones, cuando sí surgen algunos signos, los más comunes suelen ser dolor o molestias en la parte superior derecha del abdomen y cansancio.
Algunas personas con hígado graso pueden acabar desarrollando ciertas complicaciones, como por ejemplo la aparición de cicatrizaciones, lo que recibe el nombre de fibrosis hepática.
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Síntomas del hígado graso

Así, si la fibrosis hepática se vuelve grave, es cuando nos encontramos ante una cirrosis, que puede cursar con síntomas como pérdida del apetito y de peso, debilidad, fatiga, piel y ojos de color amarillo, dolor abdominal, hinchazón abdominal y de las piernas, confusión y aumento de senos en los hombres.
La cirrosis es una enfermedad potencialmente normal, por lo que es importante que el hígado graso se detecte cuanto antes, dado que en caso de no ser tratado a tiempo, puede acabar derivando en una cirrosis o, en casos más graves, cáncer hepático.
Una de las principales preocupaciones de parte de los médicos es la evolución del hígado graso, en especial cuando no es debidamente tratado. Es cierto que, al menos por el momento, no existe un tratamiento específico que resuelva la afección, aunque se están haciendo distintos estudios y ensayos científicos con determinados fármacos que, según las primeras pruebas, parecen ser efectivos en este sentido.
De ahí que ante la presencia de algún factor de riesgo relacionado (como transaminasas elevadas, presencia de ictericia, sobrepeso u obesidad o consumo excesivo de alcohol), sea aconsejable realizarse, al menos cada año, una ecografía abdominal, dado que se convierte en uno de los métodos de diagnóstico más simples y sencillos, además de no ser invasivo.
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El tratamiento es fundamental para curar el hígado graso

El diagnóstico temprano es de vital importancia, sobre todo si tenemos en cuenta que, en la mayoría de las ocasiones, el hígado graso no suele causar síntomas hasta que la enfermedad está muy avanzada. O, lo que es lo mismo, hasta que el hígado está muy afectado.
De hecho, algunos estudios han mostrado que el hígado graso no alcohólico puede igualmente acabar derivando en una fibrosis hepática, y de ahí en cirrosis (en especial cuando se trata de una esteatohepatitis, lo que significa que, además de la presencia excesiva de grasa, el hígado también está inflamado). Y de la misma manera que ocurre con el consumo continuo de alcohol, en particular cuando existe hepatitis alcohólica.
Cuando la esteatohepatitis progresa a cirrosis suele estar acompañada de determinadas complicaciones, como ascitis, hemorragia por varices, encefalopatía y, finalmente, la propia insuficiencia hepática. Incluso se ha encontrado que el hígado graso no alcohólico puede aumentar el riesgo de carcinoma hepatocelular, incluso en aquellas personas que no tienen cirrosis.
En definitiva, el hígado graso no tratado puede evolucionar a:
  • Fibrosis hepática. Ocurre cuando el tejido sano del hígado se cicatriza, de manera que no puede funcionar tan bien como en realidad debería. La fibrosis es considerada como la primera etapa de la cicatrización del hígado, de manera que si continúa produciéndose el mismo proceso de cicatrización, puede acabar surgiendo una cirrosis hepática. Aún cuando se sabe que el hígado es capaz de curarse a sí mismo o de regenerarse, cuando se produce daño hepático generalmente no se cura.
  • Cirrosis hepática. Ocurre cuando el hígado se daña constantemente y se repara, lo que termina formando un tejido cicatricial resistente. Precisamente, cuando se acumula demasiado tejido cicatricial, el órgano no puede funcionar adecuadamente, dado que reemplaza gradualmente a las células hepáticas sanas (hepatocitos).
  • Cáncer de hígado. Es una de las complicaciones más graves. De hecho, el hígado graso es considerado como un factor de riesgo, de acuerdo a la American Cancer Society, en particular el subtipo conocido como esteatohepatitis no alcohólica, dado que puede acabar desembocando en una cirrosis.
Alguna vez el hígado graso fue considerado como una condición completamente benigna, pero como han mostrado muchos estudios científicos hasta la fecha, ahora está claro que este no es siempre el caso.
Por tanto, y a la espera de un tratamiento efectivo que sea de mayor utilidad, la educación del paciente es fundamental, puesto que la nutrición y la educación sobre su estilo de vida son los pilares fundamentales de la terapia, siendo fundamental saber escoger mejor los alimentos, la cantidad de alimentos que se consumen diariamente, así como la práctica de ejercicio físico.
Evidentemente, el consumo de alcohol es también importante, por lo que es fundamental limitar o incluso eliminar de forma drástica su consumo, sobre todo si hemos sido diagnosticados de hígado graso.
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