Revista Mía
6149bf455cafe8d5c26549ac

Pro y prebióticos, ¿qué son y por qué se habla tanto de ellos?

¿Sabes qué diferencia hay entre los pre y los probióticos? ¿Has oído hablar de la microbiota o flora intestinal? Descubre la importancia que tienen en tu cuerpo.

Autor: Mía
Antes de nada, hemos de saber qué son los probióticos y prebióticos, en qué consiste la diferencia entre ambos. Los dos son alimentos funcionales, es decir aquellos que, además de sus características nutricionales naturales, poseen una serie de funciones específicas que mejoran la salud. Aunque ambos están relacionados con la microbiota intestinal, conocida también como flora bacteriana, no son lo mismo ni tienen la misma función.

Prebióticos y probióticos: sus diferencias

Los primeros son elementos que promueven la microbiota intestinal, que no se pueden digerir y que ayudan a mantenerla en perfecto estado. Entre ellos encontramos diversos tipos de fibras alimentarias destinadas a propiciar el crecimiento de las bacterias amigas -indispensables para la salud- que se encuentran en ella.
Por su parte, los probióticos son organismos vivos que se añaden a varios productos -por ejemplo- para que sean alimentos funcionales. De este modo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define los probióticos como microorganismos capaces de sobrevivir al proceso de la digestión, con lo que llegan al colon vivos y, de esta forma, ayudan a mantener en buen estado la flora intestinal o microbiota.
“De ahí también que favorezcan el sistema inmunológico y contribuyan a nuestras defensas (la flora intestinal es una de las barreras defensivas más importantes del organismo)”, dice la doctora María Luisa Fernanda Pérez Méndez, endocrinóloga del Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima (Vigo).
Por eso, para que un alimento funcional sea considerado un verdadero probiótico, los organismos deben poder atravesar el aparato digestivo vivos en los desechos, además de poder adherirse a la mucosa intestinal (no mueren en el intestino).
Ambos tienen varias y son las siguientes: los prebióticos previenen el estreñimiento y la diarrea; ayudan a bajar la tensión; favorecen la mineralización ósea y protegen del cáncer colorrectal. Por su lado, los probióticos regulan el colesterol; previenen las enfermedades atópicas; disminuyen la intolerancia a la lactosa; son útiles frente a las diarreas infecciosas y reducen la hinchazón abdominal.
La microbiota intestinal es mucho más importante para la salud de lo que pensábamos, por ejemplo, hace diez años. Sabemos que participa en todo tipo de cambios fisiológicos, incluyendo ciertas enfermedades. También conocemos, con certeza, que un paciente sano no tiene la misma microbiota que uno obeso.
Si esto es así, ¿tal vez cambiando la microbiota podremos reducir el sobrepeso? No hay evidencias científicas que demuestren que los probióticos ayudan a adelgazar.
Esta pregunta es más compleja de responder. Porque no podemos decir que existan evidencias de que los productos prebióticos ayuden a reducir el sobrepeso, sin embargo, sí que existen pruebas de que la fibra dietética ayuda a controlar el peso.
Y los prebióticos, precisamente, son muy ricos en fibra (por ejemplo en inulina). Por tanto, sí que podríamos hacer una asociación razonable entre estos productos y la pérdida de grasa, pero -claro está- de forma indirecta.
Los probióticos se hallan en productos alimentarios como el yogur, el miso (alimento fermentado japonés hecho con soja y con cebada o arroz integral a veces), el chucrút (col fermentada), el kéfir, los quesos, el pan de masa madre, los encurtidos (pepinillos, zanahorias y cebollitas en vinagre...).
Y los prebióticos en las alcachofas, el ajo, la achicoria, la cebolla, el puerro, los espárragos, el salvado de trigo, la harina de trigo, los plátanos, las legumbres (lentejas, garbanzos, judías...).
Los expertos recomiendan incorporar a nuestra dieta diaria de 2 a 6 gramos tanto de prebióticos como de probióticos ya sea en alimentos enriquecidos o naturales.
null

nullnull

tracking