Revista Mía
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Dieta blanda: ¿qué es y qué alimentos se pueden comer?

La dieta blanda se basa en alimentos libres de grasas, ácidos y fibra, que no exijan grandes esfuerzos al sistema digestivo.

Autor: Inés de la Fuente
La dieta blanda se recomienda cuando el sistema digestivo necesita recuperarse tras una enfermedad o dolencia. Por ejemplo, después de haber pasado una gastroenteritis, una infección vírica o un episodio de diarrea. También es habitual recurrir a ella durante el posoperatorio o como parte de un proceso de adaptación tras sufrir intolerancia a ciertos alimentos.
El término 'dieta blanda' puede llevar a confusión, y es que no se trata de ingerir necesariamente alimentos blandos. Se trata de una dieta que busca proteger al estómago para que este trabaje lo menos posible y pueda recuperar su funcionamiento normal. Para ello se busca reducir al mínimo los residuos, que son los que estimulan el sistema gastrointestinal y pueden generar molestias. Esto se consigue eliminando de la dieta ciertos alimentos.
Se trata de un plan de alimentación que tiene una duración corta, de dos a tres días. Después, progresivamente se irán introduciendo alimentos de la dieta normal. Mientras dure, así debería ser una dieta blanda:

¿Cómo debe ser la alimentación en una dieta blanda?

En una dieta blanda, también conocida como "dieta de protección gástrica", se deben restringir los alimentos irritantes, picantes, ricos en fibra o condimentados en exceso. Además, se recomienda que los alimentos estén tibios y cocinados con poca sal. En cuanto a las formas de preparación, se recomienda optar por lo sencillo: cocidos, hervidos o asados a la parrilla, evitando los alimentos fritos. Tampoco se recomienda el consumo de salsas.
Los expertos aconsejan comer varias veces al día y en poca cantidad, tratando siempre de masticar bien los alimentos y comer despacio para facilitar al máximo la digestión. De este modo, evitamos tragar aire y, con ello, la formación de gases.

Los alimentos que componen la dieta blanda

  • Cereales y féculas: se aconseja optar la versión refinada de los cereales, como pan blanco, tostado o seco (biscotes) o arroz blanco cocido. Evitaremos los cereales integrales y la bollería.
  • Carnes y pescados: se pueden comer pollo, pavo y ternera en cocciones ligeras, así como fiambres magros (jamón de york, por ejemplo). No se recomienda el consumo de carne roja, embutidos, ahumados, pescados azules, mariscos y conservas.
  • Huevos: pasados por agua, escalfados o en tortilla francesa, nunca fritos.
  • Verduras: cocidas, en puré o en caldos, evitando consumirlas en crudo y aquellas que forman gases, como el brócoli, coliflor y cebolla.
  • Frutas: en forma de compota o cocidas.
  • Legumbres: no se recomiendan en exceso, pero sí pueden consumirse peladas lentejas rojas, lentejas sin piel o guisantes pelados partidos), cocidas y trituradas en puré.
  • Grasas: debemos evitarlas, pero sí podemos consumir aceite de oliva en pequeñas cantidades.
  • Lácteos ligeros: se tomará yogur natural, y si se tolera bien, se puede probar a introducir algún queso fresco bajo en grasa y sal, como requesón, cottage o tipo de Burgos o queso fresco batido.
  • Bebidas: hay que evitar el café, alcohol, zumos ácidos (cítricos y piña), refrescos gaseosos, bebidas carbonatadas y té. Además de agua, podemos beber leche desnatada e infusiones, excepto el té.
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