Revista Mía
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¿Existe relación entre la alimentación y el cáncer?

La respuesta es un rotundo sí. Y la prueba es que hasta un 20 % de los casos diagnosticados están relacionados con hábitos poco saludables, entre los que destaca la dieta.

Autor: Mía
  • Por Inma Coca
Hablamos con la doctora Paula Jiménez sobre qué alimentos son más peligrosos y cuáles pueden aportarnos interesantes beneficios.
Cada día son más los estudios e investigaciones que relacionan directamente los alimentos que consumimos con el riesgo de padecer algunas enfermedades, entre ellas, el cáncer. Este es, sin duda, un paso más para conocer el origen de una enfermedad que mata al año a más de cien mil personas solo en nuestro país. Y es que, conociendo el origen, se podrá trabajar más tanto en la prevención como en la detección temprana.
Casi la mitad de los cánceres que detectamos hoy en día los causan agentes ambientales conocidos como carcinógenos y solo entre un 5 y 10 % son de causa familiar o hereditaria”, destaca la doctora Paula Jiménez Fonseca, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga en el hospital Universitario Central de Asturias. En la cabeza de los agentes más tóxicos, encontramos, cómo no, al tabaco, causante de más del 30 % de los cánceres. Le sigue el alcohol y otros aspectos relacionados con la alimentación, como una dieta inadecuada o la obesidad. El sedentarismo también es otro factor. Por último, la doctora Jiménez nos recuerda que un pequeño porcentaje está causado por virus, como el famoso papiloma humano.

Órganos más sensibles

Los cánceres colorrectales, de esófago, estómago, vesícula biliar, páncreas, endometrio, mama, próstata, riñón, tiroides, hígado, meningioma y, dentro de los tumores hematológicos, el mieloma múltiple y el linfoma difuso de células B son los que se asocian con una dieta inadecuada, además de otros factores de riesgo”, señala la oncóloga. En otros casos, no es que no tenga relación, simplemente, esta aún no ha sido demostrada por falta de estudios o datos concluyentes. Sin embargo, a la vista de los datos obtenidos en los otros casos, los especialistas son claros al respecto y coinciden en que la alimentación juega un papel primordial en nuestra salud.
Como nada es blanco o negro, a la hora de definir una dieta anticáncer, se deben tener muchísimos factores en cuenta, que van desde el historial clínico de cada paciente a sus antecedentes, su estilo de vida y el lugar de residencia, entre otros muchos. Por eso no existe una dieta mágica que nos libre del cáncer, aun así, la oncóloga Paula Jiménez destaca que “la dieta mediterránea sería el prototipo de dieta anticáncer: rica en frutas, verduras, legumbres, cereales y pescado azul”. Así de sencillo.
“El Código Europeo Contra el Cáncer da 12 consejos para reducir el riesgo de cáncer. La 5.ª recomendación recoge: ‘Coma saludablemente: 1) consuma gran cantidad de cereales integrales, legumbres, frutas y verdura; 2) limite los alimentos hipercalóricos (ricos en azúcar o grasa) y evite las bebidas azucaradas; 3) evite la carne procesada: limite la carne roja y los alimentos con mucha sal’”, nos recuerda la experta, quien explica que “una dieta saludable incluiría la ingesta de, al menos, 2-3 raciones de verduras, 2-3 piezas de fruta y 2-3 raciones de cereales/pan fresco al día. Junto con legumbres, al menos, 2-3 veces a la semana, en sustitución de un plato de carne”.
Igualmente, importante es el estilo de vida que acompañe a esta dieta, donde no deben faltar unos 30 minutos al día (mínimo) de ejercicio para luchar contra el sedentarismo tan instalado en nuestra sociedad.
Y si le preguntamos a la doctora Jiménez cuáles son los alimentos que debemos retirar, lo tiene muy claro: “La bollería industrial, los alimentos procesados, azucarados, en salazón y conserva son los que más se han asociado con el cáncer. Estos alimentos se caracterizan por ser hipercalóricos, con alta concentración de sal o azúcar, colorantes y conservantes y, habitualmente, carecen de nutrientes esenciales como las vitaminas y los minerales”.
Además del alimento en sí, debemos prestar atención a la preparación. “El cocinado a la brasa se ha asociado con el cáncer, al igual que la ingesta de alimentos quemados. De la misma forma, la fritura por la alta temperatura degrada las propiedades de los alimentos”, señala la oncóloga, y nos recuerda algo muy importante: “La ingesta de bebidas como el té y el mate muy calientes (unos 70 grados) se ha asociado con cáncer de cabeza, cuello y esófago”, así que esperar unos minutos y soplar antes de tomarnos la sopa nos puede ayudar más de lo que pensamos.
  • Algunos alimentos, aunque entran dentro de la famosa dieta mediterránea, no están ‘libres de culpa’. El caso más estudiado, y también polémico, es la carne roja. Es rica en hierro, vitamina B12 y zinc, pero, sin embargo, está directamente relacionada con algunos tipos de cáncer como, por ejemplo, el de colon.
  • Para que podamos comprender por qué a la carne roja, pese a todos sus beneficios, se la acusa de ser cancerígena, la doctora Jiménez Fonseca nos explica que “La IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) clasifica las sustancias/productos en cuatro grupos, basándose en pruebas científicas existentes sobre carcinogénesis. El grupo 1 incluye aquellos productos de los que existe evidencia clara de que puede causar cáncer y el grupo 4 de los que no existe ninguna evidencia de asociación con el cáncer. La carne procesada es aquella que se ha transformado a través de salazón, curación, fermentación, ahumado o de otros procesos de conservación. Se incluye en el grupo 1, es decir, existe suficiente evidencia para considerarla carcinógena. Las salchichas, carne en conserva, cecina o carne seca, carne en lata, preparaciones y salsa con base de carne serían ejemplos de carne procesada, la cual es agente causal de múltiples tumores, especialmente, del de estómago, colon y recto”, señala la doctora y aclara que no toda la carne roja es procesada.
  • “La carne roja es todo tipo de carne muscular de mamífero y se incluye en el grupo 2, lo que significa que existe una evidencia limitada que refleja una asociación positiva entre el agente, en este caso, la carne roja, y el cáncer. La carne de res, ternera, cerdo, cordero, caballo y cabra son ejemplos de carne roja. Su consumo debería limitarse a 1-3 veces por semana y no más de 100-125 gramos por toma”.
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