Revista Mía

¿Qué es exactamente la fecha de consumo preferente?

¿Qué debes saber realmente sobre la fecha de consumo preferente de un alimento? ¿Y la fecha de caducidad? ¿Cuáles son sus diferencias?

La fecha de caducidad nos habla de un riesgo para la salud del consumidor si yo ingiero el alimento pasada esa fecha, es decir nos habla de seguridad, el momento en el que un alimento deja de ser seguro microbiologicamente para mí.
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Qué es exactamente la fecha de consumo preferenteFoto: Istock

¿Qué alimentos tienen fecha de caducidad?

Pues realmente muy pocos la tienen. Abarca a todos los alimentos perecederos; es decir alimentos crudos, como la carne, pollo, pescado, marisco... Todos estos alimentos, si los consumimos pasados esa fecha, estaríamos poniendo en riesgo nuestra salud.
En primer lugar, guardarlos en la parte más baja de la nevera, encima del cajón de las verduras y hacerlo inmediatamente llegamos de la tienda. Si pasan más de dos horas con el alimento fuera del frigorífico corremos el riesgo de romper la cadena de frío y que se estropee mucho antes de su fecha de caducidad.
Si vemos que se acerca esta fecha y no lo hemos consumido, para evitar tirarlo, podemos congelarlo hasta el mismo día de la fecha y alargar su vida útil entre tres y seis meses más.
Si lo guardamos cocinado en un guiso o marinado nos puede aguantar entre seis y ocho meses en el congelador.
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Fecha de consumo preferenteFoto: Istock

Pues todos los alimentos envasados, desde la leche, yogures, quesos, paquetes de jamón serrano, pan, pavo, conservas, miel, galletas, pasta, legumbres, arroz, frutos secos, aceite, zumos, refrescos...
La respuesta es negativa:
  • Los panes de molde, quesos frescos, yogures y embutidos con poca grasa como el pavo, los podríamos consumir hasta quince días después pasada su fecha de consumo preferente.
  • Los embutidos y quesos con más grasa, como jamón serrano, queso manchego, lomo o chorizo, siempre que estén loncheados o cortados en un envase cerrado, los frutos secos o bollería sin relleno, hasta un mes después.
  • La leche, los zumos, los aceites o la mantequilla o las galletas hasta tres meses después.
  • La miel, la pasta, el arroz, las legumbres, las conservas, caramelos y alimentos con mucha azúcar hasta un año después.
Todo esto siempre que el envase este cerrado y no haya ningún agujero en las latas o envases
Igualmente, todos estos alimentos podríamos congelarlos y alargar más su vida útil, solo que muchos de ellos perderían calidad en la textura: es el caso de los alimentos con mucho contenido en agua, como un queso fresco, un tomate o unas fresas, que resisten la congelación pero al descongelarlos la textura no los hacen muy palatables, pero sí los podríamos aprovechar en salsas, zumos o batidos.
Esto no ocurre con alimentos con mayor contenido en grasa que resisten mucho mejor la congelación y no pierden apenas calidad organoléptica.
Es importante también que realices una buena manipulación a la hora de congelarlo y lo hagas en bolsas específicas o tuppers, evitando que se amontonen y no mezclando unos con otros. Es decir, pollo con pollo, pavo con pavo (aunque ambos sean aves), salmón con salmón... nunca tenemos que juntarlos.
Un alimento que resiste muy mal la congelación es la patata, porque pierde totalmente su sabor y su textura. Por ello, si vas a congelar la carne o el pollo, en un guiso o estofado o incluso un plato de horno, siempre retira la patata antes de llevarlo a congelar ,ya que te estropea todo el guiso o estofado cuando lo sacas después.
Espero que con todas estas herramientas disminuyas el desperdicio alimentario que cada día es más elevado en España ,y puedas aprovechar más todo lo que tienes en casa antes de tirarlo, a veces sin motivo, a la basura.
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