Revista Mía

¿Es buena idea comer insectos?

Desde hace unos pocos años se habla mucho sobre el uso de insectos como alimento. Es algo que nos suena exótico y que da repelús a muchas personas, pero ¿se trata de una opción saludable? ¿Su consumo es seguro? ¿Qué insectos podemos comprar a día de hoy en España? Resolvemos estas y otras dudas en este artículo.

Eso de comer insectos resulta muy chocante en nuestro entorno. Solemos mirarlos con cierto reparo, o directamente con asco, así que a mucha gente ni se le pasa por la cabeza comérselos. Algunas personas incluso lo consideran una opción denigrante. Ahora bien, los insectos forman parte habitual de la dieta de 2.000 millones de personas en el mundo desde hace siglos.
Y no porque no tengan otra cosa que comer. En muchos lugares se consideran un manjar. Se trata simplemente de una cuestión cultural. En España comemos sin ningún reparo alimentos de lo más variopinto que en otros países causan el mismo repelús que nos provocan a nosotros los insectos; por ejemplo, caracoles, gambas, centollos, sesos, sangre, criadillas y queso azul, por citar solo unos pocos.

¿Por qué se habla tanto de comer insectos?

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Es buena idea comer insectosFoto: Istock

Desde hace un par de décadas la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estudia el consumo de insectos en el mundo. Uno de los aspectos que aborda es la extensión de ese consumo a países donde no se han comido tradicionalmente, proponiéndolos, así como una fuente de proteína saludable y alternativa a otras fuentes tradicionales, como la carne.
La recomendación está motivada sobre todo por cuestiones ambientales y socioeconómicas, ya que en principio la producción de insectos es más eficiente que la de animales de abasto (vacas, cerdos, ovejas, etc). Años más tarde, concretamente a principios del año 2018 la legislación europea contempló el uso de insectos como alimento, lo que significa que desde entonces se pueden comercializar en nuestro entorno. Aunque antes de eso debe estudiarse previamente cada una de las especies para saber si su consumo es seguro.
En principio las dudas que plantean están relacionadas sobre todo con una posible presencia de microorganismos patógenos o compuestos tóxicos (por ejemplo, sustancias tóxicas producidas por el propio insecto o metales pesados procedentes del medio ambiente). Y también con la posibilidad de que puedan causar reacciones adversas a personas alérgicas. Si una vez estudiados no plantean problemas, se aprueba su comercialización. A partir de ese momento su seguridad debe controlarse del mismo modo que ocurre en cualquier otro alimento.
Por el momento se han aprobado tres insectos para el consumo en Europa: el gusano de la harina, la langosta y el grillo (no la especie que vemos habitualmente en el campo). Todos ellos se consumen desde hace siglos en otros países, así que en cierto modo su seguridad está avalada además por el tiempo.
En principio los insectos constituyen una buena fuente de proteínas. Muchos aportan además otros nutrientes interesantes, como minerales y ácidos grasos de buena calidad nutricional. De ahí que se haya propuesto su consumo como una posible alternativa a otras fuentes de proteínas, como la carne, sin olvidar los aspectos ambientales y socioeconómicos que ya hemos comentado. Eso sí, aún queda una gran pregunta por resolver.
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Comiendo insectosFoto: Istock

Hay dos grandes escollos que deben librar los insectos como alimento. El primero de ellos es que se trata de un alimento que nunca ha sido habitual en nuestro entorno, así que costará trabajo que llegue a formar parte de nuestra dieta cotidiana, tal y como ocurre con otros alimentos exóticos, como el trigo sarraceno o la yuca. El segundo escollo ya lo mencionamos anteriormente: las barreras culturales pueden provocar aversión hacia los insectos como alimento.
Si esto ocurre, de poco servirá permitir su venta o promocionar su consumo. Aunque, por otra parte, no es lo mismo ver o comer los insectos enteros sobre el plato, que elaborar harinas a partir de ellos para usarlas como ingrediente en la fabricación de otros productos (por ejemplo, barritas energéticas). Quizá el primer uso puede darnos repelús y este último no.
En cualquier caso, ya existen fuentes de proteínas que son más sostenibles que la carne, que forman parte habitual de nuestra dieta desde hace siglos y que no nos dan repelús: las legumbres.
En definitiva, el uso de insectos como alimento es una opción que puede resultar interesante, pero no debemos olvidar ni menospreciar otras alternativas que ya tenemos.
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