Revista Mía

¿Las sandías sin semillas son transgénicas?

Hace años comer sandía era un ejercicio de paciencia porque había que ir quitando cada una de las numerosas semillas que tenía. Pero desde hace un tiempo lo tenemos mucho más fácil porque abundan las sandías sin pepitas. Eso sí, todavía hay quien no se fía de ellas porque piensa que son transgénicas. ¿Realmente lo son? ¿Cómo se consiguen? ¿Podemos comerlas tranquilamente?

Sandías sin semillas
Antes había dos tipos de personas: las que escupían las pepitas de la sandía y las que las quitaban con un cuchillo antes de meterla en la boca. Desde hace unos años el mundo está menos dividido en este aspecto porque por fin abundan las sandías sin semillas, así que podemos disfrutar de esta fruta sin el enorme engorro que eso suponía.
Sandías sin semillas

Las sandías, con o sin semillas, son muy nutritivas y saludables.Istock

Aunque parezca lo contrario, las sandías sin pepitas no son recientes. De hecho, se desarrollaron en Japón hace más de ochenta años y llevan comercializándose en algunos países más de cuatro décadas. Pero realmente no se han popularizado hasta hace unos pocos años. Las mejoras en las variedades y en su producción han conseguido un éxito arrollador, desplazando casi por completo a la sandía tradicional con semillas en muy poco tiempo, de modo que hoy en día cuesta encontrar esta última en las tiendas.

¿Sandías transgénicas?

Cuando vemos frutas u hortalizas que no encajan en nuestra “idea tradicional” de lo que deberían ser, a menudo tendemos a pensar que han sido modificados con prácticas “sospechosas” o “poco fiables”, y entre esas técnicas, una de las que se nos viene a la mente es, sin duda, la que produce alimentos transgénicos. Es lo que pensamos por ejemplo con esos tomates “que no saben a nada” o que “parecen de plástico” y también con la sandía sin semillas. Pero en realidad estos vegetales no son transgénicos.
Por cierto, quizá habría que aclarar en qué consiste un transgénico. Desde hace ya muchos años, la ingeniería genética nos permite modificar de forma selectiva el código genético de los seres vivos, que se encuentra en los cromosomas y que es “el libro de instrucciones” donde se indican las características que poseen; por ejemplo, es lo que determina si las flores de una planta son rojas o si esa planta tiene espinas.
Así se puede producir lo que se conoce como “organismos modificados genéticamente”; por ejemplo, se pueden modificar los genes que hacen que esas flores sean rojas para conseguir que sean azules. Esto se puede lograr de varias formas. Una de ellas consiste en tomar parte del código genético de un organismo para introducirlo en el código genético de la planta. Esto último es lo que se conoce como “transgénico”.
A pesar de lo mucho que se habla de ellos, no los encontraremos en las fruterías. En Europa apenas están permitidos, a pesar de que son seguros. Solo se comercializan algunos como ciertas variedades de maíz o de soja y, cuando se hace, debe mostrarse en su etiqueta.

¿Cómo se consiguen las sandías sin semillas?

Si las sandías sin semillas no son transgénicas, ¿cómo se consiguen? En realidad, no se hace nada “extraño” o que pueda resultar “sospechoso”, sino que se utilizan técnicas que se han empleado “toda la vida”. Concretamente lo que se hace es una hibridación: se cruza el polen masculino de una sandía con la flor femenina de otra. Lo peculiar del caso es que ese polen masculino procede de una sandía que tiene dos juegos de cromosomas, mientras que la flor femenina corresponde a una sandía con cuatro juegos de cromosomas.
Sandías sin semillas

¿Cómo se obtienen realmente sandías sin semillas?Istock

Al hacer ese cruzamiento de una sandía diploide (con dos juegos de cromosomas) con otra tetraploide (con cuatro juegos de cromosomas), se obtiene un híbrido estéril: una sandía triploide (con tres juegos de cromosomas), que es incapaz de producir semillas maduras. Es decir, viene a ser algo parecido a lo que ocurre cuando se cruza una yegua con un burro para obtener una mula, que es un animal estéril.
Las semillas triploides obtenidas a partir de ese cruzamiento dan lugar a una planta con flores masculinas y femeninas triploides, que no producen polen ni óvulos viables, al contener tres juegos de cromosomas, así que no dan frutos.
Para solucionarlo, basta con poner cerca una planta diploide (con dos juegos de cromosomas), de manera que sus flores masculinas proporcionan polen con un solo juego de cromosomas que polinizará la planta triploide sin que haya fertilización. Esta polinización se realiza normalmente con la ayuda de abejas, que se encargan de llevar el polen desde una planta hasta las flores de la otra. De este modo se induce el desarrollo de un fruto sin que exista fertilización. Así es como se obtiene la sandía sin semillas, una fruta fácil de comer, muy sabrosa, saludable y que no supone ningún riesgo para la salud.
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