Revista Mía

Dietas

Huye de las dietas de cajón

Las “dietas de cajón” son esas instrucciones que se reparten a menudo en muchas consultas médicas, impresas o fotocopiadas en un folio, donde se ofrece a los pacientes pautas desactualizadas, impersonales y sin criterio. ¿Alguna vez te han dado alguna? En este artículo explicamos con detalle lo que son, por qué no deberían darse y qué hacer cuando eso ocurre.

Si alguna vez has pasado por una consulta médica y te han dado recomendaciones o pautas sobre alimentación, es posible que lo hayan hecho mediante una de las llamadas “dietas de cajón”. ¿Sabes qué dietas se conocen con este nombre? Los siguientes ejemplos te ayudarán a entenderlo: si tienes un bebé, te dan un folio en el que se dan instrucciones sobre la introducción de alimentos en su dieta (por ejemplo, a los seis meses patatas, a los ocho meses pescado…); si tienes altos niveles de colesterol, te dan un folio con una dieta baja en grasas; si tienes anemia, te dan un folio con una dieta abundante en carne roja… 
Y la reina de las dietas de cajón: si tienes sobrepeso u obesidad, te dan un folio con una dieta de 1.200 o 1.500 kcal. para perder peso.
Dietas de cajón

Hay que tener mucho cuidado con las conocidas como dietas de cajónIstock

¿Cuál es el problema de estas dietas?

En estas dietas no hay un problema, sino muchos. Podríamos decir que es la peor forma de pautar una dieta. Para empezar, están desfasadas. Es decir, están basadas en conocimientos desactualizados. 
Por ejemplo, en muchas de ellas se recomiendan alimentos “light” o bajos en grasa, pero hoy sabemos que las grasas no son tan malas como se pensaba hace años y que no todas son iguales. También sabemos que no es necesario escalonar la introducción de alimentos en la dieta de los bebés a lo largo de los meses de manera tan estricta como se hacía antes.
Precisamente esa rigidez es otro de los problemas de este tipo de dietas. Por ejemplo, en las dietas de adelgazamiento se suele indicar una pauta semanal o quincenal donde se muestran cinco comidas diarias (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena), con alimentos concretos para cada una de ellas (por ejemplo, un trozo de queso fresco con una rebanada de pan tostado para almorzar) e incluso con los pesos que debe tener cada uno de esos alimentos (por ejemplo, 50 gramos de macarrones). 
Como consecuencia, el seguimiento de la dieta se convierte en un proceso trabajoso, complicado, sacrificado y desagradable: se obliga a comer alimentos que no nos gustan, se obliga a hacer cinco comidas diarias, se obliga a pesar los alimentos…
Todo esto ocurre porque no se concibe la alimentación con naturalidad, sino que se aborda de forma “robótica” o mecánica. También sucede porque no se hace un estudio previo de las circunstancias y los gustos del paciente: por ejemplo, no se tiene en cuenta a qué horas suele comer, si su trabajo le permite hacer cinco comidas al día, si le gusta el brócoli o si sería mejor sustituirlo por otro alimento equivalente que le guste más, si sabe cocinar, si tiene fruterías cerca de casa… Es decir, son dietas absolutamente impersonales e idénticas para todo el mundo, independientemente de su situación o necesidades concretas.
Otro de los problemas es que en ellas se incluyen a menudo alimentos que parecen saludables pero no lo son y que por lo tanto no deberían destinarse a un consumo diario, y mucho menos incluirse a la ligera en una dieta que pretenda ser saludable. Hablamos por ejemplo de galletas tipo María, de jamón curado, de productos cárnicos cocidos (pechuga de pavo, jamón “de york”), o incluso vino tinto, que, aunque parezca mentira, se incluye en algunas dietas de cajón que se ofrecen a personas con enfermedades cardiovasculares. De locos…

¿Qué ocurre cuando seguimos estas dietas?

Como ya hemos mencionado, seguir estas dietas, especialmente si se trata de una dieta de adelgazamiento, suele ser complicado, desagradable y frustrante. 
Como consecuencia de ello, lo que ocurre a menudo es que los pacientes acaban abandonándolas y adoptan sus propios patrones de alimentación; por ejemplo, en el caso de una persona con sobrepeso u obesidad debidas a una mala dieta, es habitual que retome esos malos hábitos de alimentación. Y es que en cualquiera de estas dietas hay un aspecto que debería ser primordial y que normalmente no se tiene en cuenta: la adherencia. 
Es decir, las dietas deben estar personalizadas y adaptadas a las necesidades y los gustos del paciente, de modo que pueda seguirlas sin ningún esfuerzo. De este modo acabará incorporando esas rutinas en su día a día hasta que de forma inconsciente acabe adquiriendo unos hábitos saludables de por vida.

¿Qué hacemos en estos casos?

Hay que aclarar que entre los profesionales sanitarios hay de todo, como en cualquier otro gremio. Es decir, hay profesionales rigurosos y actualizados que no pautan “dietas de cajón”, pero lamentablemente, también hay otros que no son tan rigurosos y que no están tan actualizados, así que reparten fotocopias de dietas a diestro y siniestro. Si nos encontramos ante un caso así, lo ideal sería acudir a otro profesional sanitario, de los que pertenezcan al primer grupo, es decir, que estén actualizados y sean rigurosos.
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