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¿Las uvas sin semillas son transgénicas?

Desde hace unos años es común encontrar uvas sin semillas en las fruterías. De este modo podemos disfrutarlas sin tropezarnos con esas pepitas que nos dejan la boca tan áspera. Sin embargo, esta versión de las uvas no gusta a todo el mundo, entre otras cosas porque despiertan recelos, ya que muchas personas piensan que son transgénicas. ¿Hay algo de cierto en ello? ¿Podemos comerlas con tranquilidad? En este artículo te lo contamos.

¿Las uvas sin semillas son transgénicas? (Miguel Angel Lurueña)
En septiembre las fruterías comienzan a llenarse de uvas, esa deliciosa fruta de sabor dulce que podemos disfrutar durante todo el otoño. Hace unas décadas solo podíamos elegir entre uvas blancas (en realidad amarillas) y tintas. Quizá lo más “exótico” que podíamos encontrar era la uva moscatel. Pero en apenas unos pocos años el panorama ha cambiado drásticamente y hoy hay infinidad de variedades a nuestra disposición. Entre las que más llaman la atención se encuentran las uvas sin semillas.
Son preferidas especialmente por los niños, pero no solo por ellos. También muchos adultos las eligen. Sus ventajas son evidentes: resultan más cómodas de comer, hay menos riesgo de atragantamiento y evitamos esa sensación de aspereza que notamos en la boca cuando masticamos las semillas. Por cierto, esto último se llama astringencia y se debe a unos compuestos presentes en las pepitas que se llaman taninos.
Las uvas sin semillas son transgénicas

¿Sabes realmente cómo se consiguen tener uvas sin semillas en su interior?Istock

¿Son transgénicas?

Las uvas sin semillas despiertan recelos en algunas personas porque piensan que son transgénicas y que eso puede ser malo para la salud. Pero ni una cosa ni la otra. En primer lugar, hay que aclarar lo que es un “transgénico”. Se llama así de forma coloquial a los organismos que han sido modificados genéticamente mediante técnicas de ingeniería genética para, como su nombre indica, modificar sus genes. Estos se encuentran en las células de todos los seres vivos y son los que contienen la información sobre las características y los rasgos de cada individuo; por ejemplo, los genes determinan si tenemos los ojos azules o si una manzana es de color rojo.
No todos los organismos modificados genéticamente son transgénicos. En estos últimos lo que se hace es incorporar los genes de otro organismo diferente. Por ejemplo, si queremos que una manzana sea de color naranja, podemos incorporar los genes de un caqui en los que se determina que esta fruta es de ese color.
Esto no tiene por qué suponer un problema para la salud. De hecho, se realizan infinidad de pruebas y estudios para comprobarlo hasta que se decide si un alimento transgénico (o procedente de un organismo modificado genéticamente) puede ser comercializado o no. Dicho de otro modo, los alimentos transgénicos que están aprobados para el consumo son seguros para la salud.

Los alimentos transgénicos que están aprobados para el consumo son seguros para la salud

El problema es que en Europa estos alimentos no tienen buena fama porque son vistos con desconfianza por una parte importante de la sociedad. Por eso apenas hay unos pocos aprobados para el consumo, como diferentes variedades de maíz o de soja, por ejemplo. Es decir, en las fruterías no encontraremos uvas transgénicas, como tampoco encontraremos ninguna otra fruta, verdura u hortaliza transgénica porque en Europa no está permitida su venta.
Uvas

Las uvas sin semillas, por ejemplo, son opciones ideales para niños mayores (ya que el riesgo de atragantamiento es menor)Istock

Bueno, hay que aclarar que hablamos de “transgénicos” desarrollados por el ser humano. Porque sí hay transgénicos que se venden y que consumimos tranquilamente, pero que se han desarrollado de forma natural, como el boniato.

¿Cómo se consiguen las uvas sin semillas?

La pregunta es evidente. Si las uvas sin semillas no son transgénicas, ¿cómo se consiguen? No hay “grandes misterios” detrás de esta variedad de fruta. Se consigue ni más ni menos que como se ha hecho siempre, desde que el ser humano desarrolló la agricultura hace miles de años: haciendo selecciones y cruzamientos. Concretamente lo que se hace es cruzar unas variedades con otras durante el periodo de floración y seleccionar las que van teniendo menos semillas hasta que finalmente se consigue una uva sin semilla.
Mediante estas técnicas se hace lo mismo que cuando se modifican genes mediante ingeniería genética, es decir, en ambos casos conseguimos modificar los genes de las frutas para lograr un fin determinado, como en este caso, lograr que las uvas no tengan semillas. La diferencia es que la primera técnica funciona un poco “a ciegas”, por ensayo y error, mientras que esta última es mucho más precisa y dirigida.
En definitiva, las uvas sin semillas no son transgénicas y, aunque lo fueran, tampoco debería preocuparnos. Del mismo modo que tampoco debe preocuparnos comer uvas con semillas.
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