Revista Mía

Huevos

¿Por qué se recomienda almacenar los huevos en el frigorífico si en las tiendas no están refrigerados?

En los comercios los huevos suelen estar a temperatura ambiente, pero si nos fijamos en su envase, veremos una recomendación para que los almacenemos en el frigorífico. Esta aparente contradicción suele despistar a mucha gente. ¿A qué se debe esto y qué debemos hacer realmente?

El huevo es uno de los alimentos básicos que suele formar parte de nuestra dieta. Para hacernos una idea, en España el consumo medio por persona es de unos 150 huevos al año, así que es un alimento que conocemos bien. O mejor dicho, nos resulta familiar, porque a pesar de ser tan habitual en nuestra dieta, todavía desconocemos muchas cosas sobre él. Sin ir más lejos, una de ellas es la forma en que debemos conservarlo.
Una de las cosas que hace mucha gente cuando tiene dudas con la forma de conservación de un alimento, es fijarse en cómo se hace en los comercios. Por ejemplo, existen diferentes tipos de nata o de leche que pueden almacenarse a temperatura ambiente (en caso de estar esterilizadas) o que deben conservarse en el frigorífico (si están pasteurizadas). 
¿Por qué se recomienda almacenar los huevos en el frigorífico?

Estas son las claves por las que se aconseja guardar los huevos en la neveraIstock

Para salir de dudas, no tenemos más que ver dónde se encuentran en las tiendas. Aunque, a decir verdad, no siempre es un método fiable. Puede ocurrir por ejemplo que en una tienda el operario encargado de reponer los productos se haya despistado (aunque no es frecuente). O que los productos se encuentren refrigerados por motivos que no están relacionados con su conservación; por ejemplo, algunas bebidas, como el agua mineral, se venden a veces refrigeradas para que podamos beberlas frías en cuanto las compramos, mientras que otras, como algunos zumos o refrescos, se venden refrigerados simplemente para que pensemos que son “más naturales” (también hay algunos que sí deben conservarse en frío necesariamente).
En lo que respecta a los huevos, normalmente se comercializan a temperatura ambiente, aunque hay alguna que otra tienda donde se conservan en frío. ¿Qué es lo más adecuado?

La clave está en la etiqueta

Lo que debemos hacer para saber cómo almacenar los alimentos es leer la etiqueta. Ahí encontraremos, por ejemplo, recomendaciones como “mantener en lugar fresco y seco”, tal y como se indica en la leche o la nata esterilizadas, o “mantener a una temperatura de 4ºC”, como ocurre en la leche y la nata pasteurizadas.
También en el caso de los huevos la clave está en la etiqueta. Si nos fijamos en el envase, veremos una indicación que dice “mantener refrigerados después de la compra”. Esto suele despistar porque parece contradictorio que en la mayoría de las tiendas se mantengan a temperatura ambiente.
Hay un motivo justificado para hacerlo de este modo. Y es que, si los huevos se mantuvieran refrigerados en el comercio, su temperatura cambiaría bruscamente durante el transporte hasta nuestra casa. Ese aumento de temperatura puede provocar la condensación de agua sobre la superficie de la cáscara y poner en riesgo la inocuidad del alimento. Y es que el agua puede favorecer el desarrollo de microorganismos patógenos, como Salmonella, que podrían penetrar hacia el interior del huevo a través de los pequeños poros que contiene la cáscara.
Huevos en la nevera

Manteniendo los huevos en la nevera se incrementa su tiempo de conservaciónIstock

Así pues, es fundamental evitar los cambios bruscos de temperatura. Por eso mismo se recomienda no almacenar los huevos en la puerta del frigorífico, sino en la parte interior. También se recomienda no utilizar el envase en el que se comercializan, sino un recipiente cerrado que esté limpio (por ejemplo, una huevera de plástico o de otro material que sea fácil de lavar). Así evitaremos que los huevos contaminen el frigorífico o el resto e los alimentos que tenemos almacenados junto a ellos.

¿Y qué pasa si no los metemos en el frigorífico cuando llegamos a casa?

Muchas personas almacenan los huevos a temperatura ambiente. Esto es especialmente frecuente entre quienes crían sus propias gallinas para autoconsumo. Si lo hacemos de este modo, la vida útil de los huevos se verá acortada significativamente. Para los huevos comerciales se aplica una fecha de consumo preferente de veintiocho días tras la puesta.
A medida que pasa el tiempo desde la puesta, el huevo va sufriendo transformaciones que hacen que sus características organolépticas vayan cambiando (por ejemplo, pierden agua, así que están menos jugosos) y, lo más importante, aumenta el riesgo de presencia de Salmonella. Estos cambios se producen más rápido a temperatura ambiente que a temperatura de refrigeración.
Así pues, es recomendable almacenar los huevos en el frigorífico y respetar la fecha de consumo preferente.
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