Revista Mía

Kéfir, el alimento saludable de moda que quizás aún no conoces

Conoce todos los beneficios de este probiótico y cómo introducirlo en tu dieta.

El kéfir es una combinación de bacterias probióticas y levaduras en una matriz de proteínas, lípidos y azúcares. Sus gránulos tienen un aspecto similar al de la coliflor pero más blanda y gelatinosa. Los gránulos están envueltos en una matriz polisacárida, denominada kefiran. Los principales microorganismos en el kéfir son la bacteria Lactobacillus acidophilus y la levadura (hongo unicelular).
Existen tres tipos de kéfir; de leche, de agua y de té o kombucha que es una bebida fermentada de ligero sabor ácido, algunos opinan que el de agua es mejor que el de leche, pero el más extendido y conocido es el kéfir de leche. Los tres tipos son el mismo kéfir, con la misma microflora, pero adaptados a medios distintos, esto quiere decir que los beneficios que nos aportan son los mismos.
El kéfir es rico en bacterias beneficiosas, en calcio, proteínas y vitamina B12, con la ventaja de que si consumes su versión láctea reducirás el contenido en lactosa, transformándola en ácido láctico y evitando así intolerancias.
Por otra parte, los gránulos de kéfir contienen unos 400 millones de microorganismos por gramo, de los que más o menos la mitad son bacterias de tipo Lactobacillus. El kéfir tiene mayor variedad de microorganismos probióticos, algunos de ellos compartidos con el yogur.
Pero consumir kéfir tiene muchos más beneficios que consumir yogur ya que en este último se da solo una fermentación láctica, mientras que el kéfir provoca una fermentación lacto-alcohólica y carbonatada de la leche.
La buena noticia es que podemos fabricar nuestro propio kéfir en casa, solo necesitamos tener los gránulos, que normalmente se regalan o se comparten entre los propios consumidores.
Para hacer kéfir de leche solo has de introducir en un recipiente de vidrio la leche y los nódulos de kéfir (3 cucharadas de kéfir por litro de leche), cerrar con tapa hermética y dejar a temperatura ambiente durante 12-36 horas, dependiendo de la consistencia que queramos que tenga el kéfir, 12 horas será una leche kefirada, 24 horas tendrá una consistencia de yogur, 36 horas obtendremos una mayor cantidad de suero y una bebida más ácida.
Tras esto, debes colar la mezcla con un filtro no metálico. A continuación se enjuaga el frasco en agua no clorada, y se vuelve a repetir el proceso con más leche fresca. Es recomendable cada 3 o 4 días se deben lavar los nódulos con agua sin cloro.
Recuerda que la leche no debe sobrepasar los 35º y la temperatura ambiental debe ser en torno a los 20º. Se recomienda utilizar leche fresca entera o pasteurizada en lugar de la UHT.
El kéfir es muy apropiado en épocas donde necesitemos reforzar nuestro sistema inmune como en periodos de mucho estrés, de mala alimentación, de convalecencia o enfermedad, de toma de antibióticos o exámenes.
Te contamos más secretos sobre el kéfir en la siguiente galería.
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