Revista Mía

Baja tu Colesterol (Sin Medicamentos)

Cuando hablamos de colesterol nos asaltan muchísimas preguntas: ¿Por qué es tan dañino el colesterol malo? ¿Qué provoca en nuestro organismo para que los médicos nos alerten tanto sobre él? ¿Qué podemos...

Cuando hablamos de colesterol nos asaltan muchísimas preguntas: ¿Por qué es tan dañino el colesterol malo? ¿Qué provoca en nuestro organismo para que los médicos nos alerten tanto sobre él? ¿Qué podemos hacer para mantenerlo a raya? ¿Qué alimentos ayudan? ¿Cómo afecta el ejercicio y el estrés? ¿Qué podemos hacer para mantenerlo a raya?... Contestamos todas estas preguntas siguiendo las últimas investigaciones.
¿ES TAN PERJUDICIAL?
“El colesterol -que se produce en el hígado- es la molécula de la que se originan las hormonas sexuales, la vitamina D y los ácidos biliares fundamentales para la di- gestión”, explican los doctores estadounidenses Bowden y Sinatra en su reciente libro La verdad sobre el colesterol (Urano). Es decir, lo necesitamos. Y sólo es un problema cuando se daña (se oxida): ese es el que conocemos como LDL o malo, y resulta tan nocivo porque se adhiere a la pared de las arterias e inicia el proceso inflamatorio, que es la verdadera causa de las enfermedades cardiacas y es un problema de salud muy poco conocido.
DOS TIPOS DE COLESTEROL MALO.
Según estos doctores, es mucho más importante saber si nuestro perfil de colesterol LDL es de clase A o B que la cantidad total de LDL (la que se suele estimar en los análisis de sangre).
Y es que el subtipo A no es tan perjudi- cial como el B: el primero es una molécu- la grande y esponjosa, mientras que el segundo es pequeño, duro y denso, “como el perdigón de una escopeta de aire comprimido”, y es el malo de la película, ya que es el que se oxida, se solapa a las arterias e inicia la cascada de daños en el organismo. Entonces, ¿resulta tan nocivo tener el colesterol alto? Bowden y Sinatra sostienen que no y que “unos niveles de 160 mg/dl o menores se han asociado a depresiones, agresividad, hemorragias cerebrales y pérdida del deseo sexual”. ¿Cómo podemos controlar el colesterol LDL tipo B? Sigue estas pautas:
-Alíate con la coenzima Q10.
Es una sustancia similar a una vitamina que se encuentra por todo el cuerpo y se fabrica en cada célula. Cumple muchas funciones importantes; por ejemplo, crear energía a partir de los nutrientes.
Al igual que el motor de un coche no puede funcionar sin bujías, el cuerpo humano no puede hacerlo sin CoQ10; y no es una casualidad que el corazón sea uno de los órganos en el que más se concentra: nunca se coge vacaciones. De ahí que su deficiencia le afecte de forma tan profunda como la falta de calcio afecta a los huesos. En el mercado encuentras suplementos. Pero también se encuentra en el pescado azul, los cereales integrales, el germen de trigo, la carne y los derivados de la soja.
-Más L-carnitina.
Conocida como quemagrasa, en realidad es un compuesto orgánico natural sintetizado en el hígado, los riñones y el cerebro, que junto con la CoQ10 ayuda a activar el proceso a través del cual el organismo produce TFA, la molécula de la energía que utiliza para llevar a cabo cualquier actividad.
El corazón, los músculos y el cerebro sólo pueden producir la cantidad justa que necesitan cada día (no tienen ‘ahorros’ de ella). ¿En qué alimentos encon- tramos L-caritina? Sobre todo, en los de origen animal (pollo, carne de vaca y de ternera, huevos, pescado, queso), pero también en algunos vegetales: nueces, zanahoria, tomate, melocotón, pera (ade- más hay suplementos en el mercado).
-Toma magnesio.
“No sólo relaja el cuerpo, sino también las arterias. Y eso es algo muy bueno para el corazón: no tiene que bombear la san- gre por unos vasos estrechos y rígidos, sino por unos dilatados y relajados que no oponen mucha resistencia”. Fuentes: el salvado de trigo, las semillas de calabaza, lino, sésamo y girasol, las nueces de Brasil, las almendras y los anacardos.
-Aceites Omega-3.
Tanto los presentes en el pescado (salmón salvaje, sobre todo) como en las semillas y el aceite de lino. Reducen los triglicéridos y la tensión arterial y, sobre todo, “son uno de los compuestos más antiinflamatorios del planeta; es decir, tienen un efecto positivo sobre las enfermedades cardiovasculares”. Toma pescado, al menos, dos veces a la semana.
-Más fibra y avena.
Se ha demostrado que la fibra reduce los niveles de colesterol y protege el corazón. La fibra insoluble está en los cereales, pan integral, arroz y verduras. Y la soluble, en la avena, las legumbres, los guisantes y en las manzanas, las fresas y los cítricos.
Por su parte, la avena es rica en sustancias que reducen el colesterol, como el ácido graso esencial linoleico, avenasterol, fibra y lecitina. El avenasterol es un fitosterol con capacidad de disminuir la ab- sorción de colesterol en el intestino, al igual que la lecitina.
-Soja y sus derivados.
Su consumo habitual como leguminosa o aceite aporta una cantidad importante de grasa de alta calidad (ácido linoleico y oleico), lecitina e isoflavonas. Las isoflavonas, en especial la genisteína, una de las más abundantes en la soja, inhibe la agregación plaquetaria y desarrolla una actividad antioxidante sobre las lipoproteínas de alta densidad (el colesterol malo), lo que ayuda en la disminución del colesterol plasmático.
-Esteroles y estanoles.
Son varios los estudios que demuestran que consumir de 1 a 3 g de estas sustancias vegetales al día lo reduce. Los esteroles se encuentran de forma natural en pequeñas cantidades en las frutas, las verduras, los frutos secos, las semillas, las legumbres, los aceites vege- tales... Por su parte, los estanoles se encuentran en cantidades todavía más pe- queñas en muchas de las mismas fuentes, pero también se producen para uso comercial mediante la hidrogenación de los esteroles vegetales. Además, encontrarás varios alimentos enriquecidos con ellos (yogur, leche, margarina...).
"LA DIETA Y EL DEPORTE, VITALES PARA CONTROLARLO".
El Dr. Fernando Civeira, presidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) nos dice que: “Aproximadamente la mitad de la cantidad de colesterol que tenemos en sangre depende de factores ambientales, y la otra mitad de los genes heredados de nuestros padres. Así pues, el estilo de vida juega un papel fundamental para explicar la variación en la concentración de colesterol en la población. Los factores ambientales más importantes son el tipo de dieta, el peso y la cantidad de ejercicio físico que hacemos. Entre los alimentos que suben el colesterol se encuentran los ácidos grasos saturados, que son abundantes en la grasa de los mamíferos (productos como la nata, la mantequilla, el tocino, los embutidos grasos y las carnes rojas). El sobrepeso y la obesidad conllevan el aumento de la producción de colesterol y de triglicéridos por parte del hígado y, como consecuencia, la ganancia de peso sube el colesterol y viceversa: al perder peso suele bajar el colesterol en sangre. Por último, el ejercicio tiene muchos efectos positivos para el metabolismo de las grasas, pero lo fundamental es que ayuda a subir el colesterol HDL, es decir, el bueno. Además, la actividad regular favorece la pérdida de peso, por lo que incide en el descenso del colesterol LDL o colesterol malo”.
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