Revista Mía

5 rutinas fáciles que dan salud

Año nuevo, rutinas nuevas. ¿Eso es malo? Todo lo contrario: cambia de chip, adquiere estas 5 sencillas costumbres que propone un nutricionista y pronto verás qué bien te sientes.

Autor: Nacho Otero.
Año nuevo, rutinas nuevas. ¿Eso es malo? Todo lo contrario: cambia de chip, adquiere estas 5 sencillas costumbres que propone un nutricionista y pronto verás qué bien te sientes.
Según la RAE, rutina es el "hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas". El nutricionista Joan Majó Merino, en su libro La receta de la salud (Amat, 2015), plantea cinco rutinas diarias fáciles de poner en práctica sin pensarlo mucho y que cambiarán nuestra vida. Para bien. Sólo es cuestión de acostumbrarte hasta que te salgan solas.
1. Mastica bien, come despacio. La digestión empieza en la boca, con la masticación. Si comemos muy rápido, nos tragamos la comida y nos saltamos esa fase. Eso tiene varias consecuencias negativas: hace que tengamos gases, hinchazón y malestar; hace trabajar más al estómago y, sobre todo, ¡nos hace engordar! ¿Por qué? Muy sencillo: el estómago avisa al cerebro de que está lleno, pero este proceso tarda unos 20 minutos. Por tanto, todo aquello que comas en menos de 20 minutos no te llenará, porque tu cerebro no habrá tenido tiempo de recibir la señal. Y volverás a tener hambre enseguida y comerás más de la cuenta. Dos trucos que ofrece Majó para iniciar esta rutina:
- Ante el plato que vayas a comerte, respira tres veces profundamente antes de empezar a comer.
- Cuando tengas la comida en la boca, deja los cubiertos encima de la mesa y no los vuelvas a coger hasta que te hayas tragado ese bocado. Poco a poco, tus raciones serán cada vez más pequeñas, sin darte cuenta.
2. Cena poco, cena ligero. Por la noche, estamos en reposo durante ocho horas: la única energía que gastamos es la de respirar y mantenernos con vida (metabolismo basal).
Por lo tanto, si cenamos mucho acumulamos energía mientras dormimos (o sea, grasa y peso). En cambio, si cenamos poco, ¡quemamos calorías mientras dormimos, sin hacer nada! Y aunque tengamos el peso correcto, también es aconsejable cenar ligero, porque es una garantía para poder cumplir la rutina número tres.
3. Duerme lo suficiente. El cuerpo tiene dos formas de recuperarse del desgaste diario. Una de ellas es comer, para reponer los nutrientes que ha gastado y evitar el déficit alimentario. Y la segunda es dormir, pues todo ser humano necesita descansar unas horas cada día para sobrevivir. ¿Cuántas? Mínimo, 7 horas. Durante el sueño, los músculos se relajan y el cerebro se reorganiza, clasifica información y lleva a cabo procesos químicos que lo preparan para el día siguiente. Son unas minivacaciones diarias: nunca te las saltes.
4. Hidrátate por dentro. El cuerpo humano está compuesto en más de un 60 % de agua, ¡y hay que reponer su pérdida diaria! La recomendación del nutricionista: 1 litro de agua/día en todos los casos; si tienes una actividad ligera, 500 ml más; si la actividad es moderada, 750 ml más, y si es fuerte, 1.000 ml más. Y si eres una persona de complexión grande, otros 500 ml. En resumen, hay que beber de 1 a 2,5 litros de agua al día.
5. Muévete (sin notarlo). Está demostrado que el sedentarismo es un factor de riesgo para sufrir enfermedades crónicas. Así que ponte en marcha… sin esfuerzo. ¿Cómo? Ve a comprar el pan a pie; aparca el coche unas manzanas más allá de tu destino; no cojas el ascensor y, sobre todo, pasea. De tiendas, por la calle, etc. ¡A estirar las piernas!

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