Revista Mía
577247a9a1119be306b5a870

¿Cómo te afecta el frío?

Porque puede ir más allá que un castañeo de dientes. ¿Cómo repercuten las bajas temperaturas  sobre las enfermedades más comunes? ¿Qué hay que hacer?

Porque puede ir más allá que un castañeo de dientes. ¿Cómo repercuten las bajas temperaturas  sobre las enfermedades más comunes? ¿Qué hay que hacer?

¿Puede incidir sobre la vista? ¿Altera la miopía?

“Las personas con este problema de vista no se ven más afectadas por el frío que otras que no padecen miopía; no afecta a esta patología ocular tan frecuente”, revela el doctor Francisco Gómez-Ulla de Irazazábal, director médico del Instituto Oftalmológico Gómez-Ulla, pero agrega: “Lo que sí puede ocurrir es que, como los miopes suelen usar con más frecuencia que los demás lentes de contacto, cuando las llevan sí que les influye el frío, ya que éste aumenta la posibilidad de ojo seco y también la intolerancia a las lentillas si no siguen las medidas adecuadas de lubricación ocular y las llevan más tiempo del recomendado”.
Por sí mismo el frío provoca urticaria, aunque es poco frecuente. Se denomina urticaria a frigore y, en realidad, se trata de una reacción cutánea ante el contacto con las bajas temperaturas (viento, lavado o inmersión en agua, ingestión de comida o bebidas, etc.). “La urticaria a frigore es un tipo de urticaria física que se define porque en la zona de contacto con temperaturas bajas aparece picor, ronchas, habones o hinchazón”, explica la doctora Marta Ferrer, coordinadora del Comité de Alergia Cutánea de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.
¿Cómo surge? “De forma inmediata, y desaparece a los 30 minutos o al cabo de unas horas, cuando la piel entra en calor de nuevo”.
¿Qué se puede hacer? “Desde la Sociedad Española de Alergología recomendamos que se prevenga el frío con ropa adecuada, así como llevar siempre la medicación adecuada si se ha prescrito”. Por otra parte, la doctora remarca una situación importante: “Si se padece esta urticaria, hay que evitar las bebidas frías, los cubitos de hielo o los helados, puesto que se podría provocar un edema de glotis. Además, cuando es intensa, debe evitarse la inmersión de golpe en agua fría, lanzándose al mar o a una piscina, ya que se produciría una reacción generalizada (se conoce como anafilaxia) por la liberación repentina y masiva de histamina o la muerte por ahogo”.
“Quienes sufren dolor de cabeza, en su mayoría presentan una hipersensibilidad a distintos estímulos (alimentos, cambios de presión atmosférica o bruscos de temperatura)”, dice el doctor Óscar Cáceres, director médico de la Unidad SHC Medical del Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz, de Sevilla.
Así, el frío actúa como desencadenante, “pudiendo dar lugar a un episodio de migraña o cefalea. Se suelen reagudizar”. ¿Por qué? “Estas personas tienen un aumento de sensibilidad; cuando bajan las temperaturas bruscamente, incluso en la jornada, presentan una activación de las defensas, lo que provoca una hiperexcitabilidad del sistema nervioso central, que produce una disfunción en la regulación del dolor y un aumento del de cabeza. Esto ocurre por la liberación de medidores inflamatorios e inmunológicos como la histamina”.
¿Qué podemos hacer? Abrigarnos y mantener el calor de la estancia donde estemos; “la cabeza es una de las zonas del cuerpo donde más calor se pierde; en este sentido, llevar el pelo largo y gorro protege”, apunta el doctor.
Es muy frecuente que las personas con artrosis, artritis y demás males reumáticos refieran tener más dolor y encontrarse peor con el frío y la humedad.
“Sin embargo, existe cierta controversia y los estudios no son concluyentes”, dice la doctora Montserrat Romera, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología. Entonces, ¿repercute de alguna forma o no? La misma doctora contesta: “Lo que sí se ha podido observar  es una relación entre la temperatura, la humedad, los cambios en la presión atmosférica y algunas de las principales enfermedades reumáticas como la artritis reumatoide y la artrosis.
Una explicación puede ser que, al igual que se producen cambios de presión atmosféricos, a nivel de la articulación y en el líquido articular también se producirían cambios de presión que, a través de terminaciones nerviosas específicas, mandarían información al cerebro, que la traduciría como dolor”.
Además,  el frío y la humedad “pueden desencadenar como mecanismo de defensa una contracción muscular que puede agravar el dolor”, alega la doctora.  ¿Protegerse? “Usar guantes, calcetines gruesos y botas”, apunta.
“En realidad, no afecta de ninguna manera significativa a los trastornos depresivos. Como anécdota, algunas personas con depresión suelen presentar una intolerancia al frío como resultado de una alteración de la regulación de la temperatura corporal, que acompaña a otros síntomas”, alega la psiquiatra María Soledad Humbert, del Centro Médico Teknon, Barcelona.
“Lo que sí afecta es la variación de las horas de luz; el cerebro se adapta mal o más lentamente al estímulo lumínico y hay déficit de serotonina”.
tracking