Besos de cine

¿Quien no guarda en su memoria erótica, esa que es personal e intransferible, alguna imagen salida de una pantalla de cine?

Encadenados

¿Quien no guarda en su memoria erótica, esa que es personal e intransferible, alguna imagen salida de una pantalla de cine? ¿Y quién no quiere que algo nuevo siga alimentando esa memoria, seguramente insaciable? Para todos ellos (y ellas) hemos escogido cuatro impactantes besos de película. Dos de antes y dos recientes. 

 

Romántico. Encadenados, de Alfred Hichtcock (1946). Al maestro británico se le ocurrió la famosa escena entre Ingrid Bergman y Gary Grant cuando vio, durante un viaje en tren, a una joven pareja que, literalmente, no se soltaba para nada, así tuviera que comer o cumplir con la naturaleza. La censura también ayudó lo suyo, pues entonces no había beso en el cine que pudiera durar más de tres segundos.

 

Para sortearla, Hichtcock ideó el truco del teléfono. Que si ahora Gary Grant habla, y entonces la Bergman aprovecha para morderle la oreja. Que si luego vuelven a unir sus labios... Y todo ello moviéndose por la terraza y cuidando de no enredarse. ¿Resultado? El que durante mucho tiempo fue llamado "el beso más largo de la historia del cine".   

De aquí a la eternidad

Sexy. De aquí a la eternidad. Fred Zinnemann (1953). El sargento Warden (Burt Lancaster) y Karen Holmes (Deborah Kerr) no deberían amarse, entre otras cosas porque ella ya tiene quien la ame (nada menos que el comandante de aquél).

 

Estamos durante la Segunda Guerra Mundial, en los tiempos del ataque japonés sobre Pearl Harbor, y huelga decir que para el antiguo boxeador todo eso será "pecata minuta". El momento en que ambos se besan apasionadamente junto a las olas forma ya parte de nuestra memoria colectiva. Así lo han confesado directores como Almodóvar, quien -con permiso de Duelo al sol- asegura haber visto pocas imágenes más eróticas que esa.

 

Luz silenciosa

Sensual. Luz silenciosa, de Carlos Reygadas (2007). En medio de una película tan austera y minimalista, este beso -que tan bien explica la irresistible atracción que une a estos dos amantes- es, cuando menos, sorprendente.

 

Verlo es sentir la saliva que ambos se intercambian, el deseo dolorosamente inagotable. Este film del mexicano Reygadas no es tan conocido como otros que figuran en este artículo, pero ocupa un lugar de honor en el Festival de Cannes (fue Premio del Jurado en 2007) y en la memoria de quienes han tenido la suerte de disfrutarlo.

 

 

My blueberry nigth

Goloso. My blueberry nigth, de Wong Kar Wai (2008). Nunca una tarta de arándanos dejó menos rastro. Sabemos que Norah Jones la disfrutó y saboreó, pero, mucho antes de que su madre pudiera "reñirle" por no haberse limpiado con la servilleta, ahí estaba Jude Law para borrar toda huella de ella.

 

¿Que para eso tenía que recurrir a métodos poco ortodoxos? No parece que a nuestra heroína le importara mucho. Y si no, mirad y disfrutad. Lengua aquí, lengua allá... 

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