Club de Lectura Mía, con Vanessa Montfort

Vanessa Montfort, autora de 'La mujer sin nombre', es la protagonista de una nueva edición –en esta ocasión virtual– del Club de Lectura Mía. Con ella hemos conversado para conocer todos los detalles de la obra y formularle las preguntas remitidas por las lectoras de Mía.

La mujer sin nombre es el último libro de Vanessa Montfort, una apasionante novela basada en la historia de María Lejárraga. Como protagonista de nuestro último Club de Lectura virtual, la escritora nos contó algunos detalles de la historia y contestó a las preguntas de nuestras lectoras.

La historia que hay detrás de La mujer sin nombre es la de María Lejárraga, una mujer que, bajo un nombre que no era el suyo, publicó algunas de las obras más importantes del siglo XX en España. Vanessa Montfort se encontró con ella casi por casualidad y pensó que tenía que hacerle justicia. Esta novela es una bonita forma de comenzar.

Pregunta: ¿Qué te llevó a escribir una novela con María Lejárraga como hilo conductor?

Respuesta: Mi historia con María Lejárraga surgió como empiezan las historias de amor más bonitas, por casualidad. No la iba buscando y ella me encontró a mí. Yo había oído hablar de ella, pero de pasada, de su posible colaboración en las obras de su marido, Gregorio Martínez Sierra. Un día, me llamaron del Centro Dramático Nacional y me dijeron que iban a hacer un ciclo de tres mujeres que habían tenido cierta importancia en la dramaturgia en el siglo XX, y que habían pensado en María Lejárraga para mí, porque, igual que yo, era dramaturga, novelista y había escrito libretos. Me puse a investigar cuando estaba en Nueva York con una beca y contacté con Patricia O’Connor, la primera investigadora que pensó que detrás de las obras de Gregorio Martínez Sierra podía haber una mujer. Ella me dijo que sus sobrinas vivían en Madrid, y logré localizar a Margarita, que murió justo hace tres meses y que fue la guardiana de su secreto. Gracias a ella, tenemos los documentos que prueban la autoría total de las 90 obras que esta mujer publicó bajo el pseudónimo de su marido. También me encontré a una mujer independiente, feminista, políglota, que viajaba sola hace más de un siglo, que conoció a muchísimos protagonistas de un siglo, desde Juan Ramón Jiménez a la Pasionaria, Manuel de Falla, Lorca… Cuando me puse a investigar y a preparar la obra, supe que tenía que escribir la novela.

P. ¿Cómo fue la labor de documentación?

R. Porque hay muchísimas cartas… Llevo desde 2018 documentándome sobre ella y ha sido precioso en lo personal. He tenido contacto con sus descendientes, como Antonio González Lejárraga, el sobrino nieto de María, que es ya un gran amigo y que me ha dado acceso a auténticos tesoros, sobre todo, las cartas. Como tenía las de ida y las de vuelta, me ayudaron mucho a conocer la voz real de María y las relaciones que tenía con personajes como Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla… Y me he dejado mucho en el tintero, porque tengo muchísima documentación. ¿Cómo hilaste las dos historias? La real de María y la de Noelia, la parte de ficción que se sitúa en el presente. Como me iba pidiendo la historia, por eso utilizo objetos y lugares para unir las dos épocas y las dos historias. Además, para mí, Noelia y María eran lo mismo en diferentes siglos, como si Noelia tuviera que saldar la cuenta pendiente de María. Y yo me he sentido un poco así, además, al escribir esta novela me han ocurrido unas cosas increíbles, coincidencias que parecen hasta sobrenaturales. Desde que el despacho de María en La Cívica –asociación femenina que ella fundó– dé ventana con ventana con mi casa, descubrir que la beca que me dieron en Nueva York era de la cátedra de George Portnoff, el agente de María, por no hablar de que, cuando fui a Argentina y no encontré la tumba…

María Lejárraga, como se cuenta en esta novela -arriba-, fue mucho más que escritora. Fue una gran feminista que luchó por el voto femenino, fundó el famoso Lyceum Club y fue diputada.

 

P. Es decir, que esta novela tiene también algo de autobiográfico…

R. Más que autobiográfica, alguna cosa que me ha pasado se la he prestado a Noelia, como lo de la tumba. Fui a buscarla al cementerio donde se supone que estaba enterrada y, a no encontrarla, investigué y averigüé que había sido incinerada. Para mí, eso fue mágico, porque cerré el círculo, me despedí de ella…

P. La historia de María Lejárraga es apasionante. ¿Por qué todavía es tan desconocida?

Lo que sí me ha enseñado esta novela es cómo el nombre de grandes mujeres que recibieron reconocimiento en su momento ha pasado al olvido. María fue la principal dramaturga de la época, una persona cuyas obras se estrenaron en Broadway, e incluso se llevaron al cine… No creo que sea una conjura en contra de las mujeres. Es, simplemente, desinterés, que es peor. Es como si no se le diera importancia a la calidad de las aportaciones femeninas. Y, a mí, como dramaturga, que lo he querido ser siempre, me faltaron referentes y me hubiera encantado conocer a María.

'Mi historia con María surgió como empiezan las historias de amor más bonitas, por casualidad. Ella me encontró a mí'.

P. ¿Y por qué no se estudia a María Lejárraga como a Benavente, Juan Ramón Jiménez, Valle Inclán…?

R. Yo espero que se empiece a hacer ya y que, con el esfuerzo que estamos haciendo, logremos dar voz y nombre a referentes culturales como ella, incluso que haya un reconocimiento oficial. ¡¡No voy a parar!! Ja, ja, ja… Con la obra y la novela yo he intentado acercarlas al gran público y hay dos catedráticos que me han dicho que van a empezar a estudiarla y a recomendar la novela.

P. ¿Por qué crees que nunca llegó a reconocer que era ella la que escribía todo?

R. Por lo que se deduce, fue un acuerdo entre los dos, y fueron una serie de circunstancias. Ella era profesora y no podía publicar, no tenía ese ego de figurar y, al no ser novelista entonces –porque mujeres novelistas sí había alguna–, no tenía referentes. Una novelista escribe en su casa, pero las dramaturgas tienen que salir, estar en los estrenos, más protagonismo, la farándula… A ella le era suficiente con que lo supieran sus amigos y colaboradores, y con ver cómo se emocionaba la gente al ver sus obras. Gregorio, en cambio, era todo lo contrario. Y como ella lo que necesitaba era un instrumento para que sus obras llegaran a algún lugar, ese instrumento es su marido, Gregorio Martínez Sierra, que es el mejor personaje de su vida. Era un tándem perfecto, porque, además, él era un excelente director y empresario teatral. Además, él la respetaba intelectualmente, que, para la época, es mucho. Con lo que no contaba María era con que apareciera Catalina Bárcenas, su amante, y que, después de unos años, se quedara embarazada. María no sirve, como otras mujeres, para hacer como si nada, y rompen. Ahí es cuando empieza el drama, porque quedan los dos atrapados por una firma exitosa. Ella no podía liberarse de ese nombre sin más, porque, en él, había volcado todo su talento y una trayectoria exitosísima y tampoco podía reconocer que era un negro literario. Cuando él murió, ella lo dijo, pero no la creyeron en España y, encima, la insultaron. De hecho, a pesar de las pruebas que demuestran que María era la que escribía todas las obras, hay personas que defienden la coautoría, pero no me cansaré de defender que ella es la autora, es la que escribía todo.

P. ¿Te gustaría que se llevara al cine la historia?

R. La idea es que eso ocurra. María es un personaje que deja muchos recados. A mí, aparte de haber sido mi compañera de confinamiento, me dio toda una lección de supervivencia, ganas de vivir, vitalidad, sentido del humor… y porque decía que, en momentos críticos, no hay que agarrarse a ningún ser humano, sino a una filosofía. Grandes consejos para estos momentos que nos han venido y para preguntarnos qué lugar ocupamos en la casilla de la vida.

'La historia de María no ha trascendido por falta de interés. Es como si no se diera importancia a las aportaciones de las mujeres'.

Club de lectura virtual con Vanessa Montfort

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