Descubre la Cáceres gastronómica

Mezcla materia prima de primera calidad con una pizca de historia y cultura y te saldrá un viaje a Extremadura con acento en la buena mesa. Es una ruta que no te puedes perder ahora que Cáceres acaba de ser nombrada Capital Española de la Gastronomía 2015.  

 

Este reconocimiento que otorga la Federación Española de Hostelería tiene el fin de promocionar a nivel nacional e internacional la gastronomía como uno de los principales atractivos para viajar por España. Y en Cáceres, tentaciones para el paladar no faltan. Te invitamos a recorrer no solo la capital cacereña y los lugares donde disfrutar de su buena mesa, sino otros rincones de la provincia que son un referente en productos como el jamón ibérico, el queso, el vino, las cerezas o el pimentón. ¿Nos acompañas?

 

 

Ciudad monumental

 

La Villa de los mil y un escudos, como es conocida Cáceres por la cantidad de blasones que se pueden ver en las fachadas de sus palacios, lo tiene todo para disfrutar de una escapada única y deliciosa. Su conjunto histórico, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1986, es fascinante.

 

Para abrir boca y hacerse una idea de la monumentalidad de la ciudad lo mejor es acercarse hasta la Plaza Mayor, siempre llena de terrazas –la estampa más reconocible de esta villa extremeña–. Desde aquí se contemplan la antigua muralla romana, reconstruida posteriormente por los almohades en el siglo XII, la emblemática Torre del Bujaco y el Arco de la Estrella que nos invita a entrar en el casco viejo de Cáceres.

 

Solo hay que dar unos pasos para llegar a la Plaza de Santa María, flanqueada por impresionantes palacios del XV y XVI y la concatedral de Santa María La Mayor. Aprovecha para cumplir el rito de tocar los pies de la escultura de bronce de San Pedro de Alcántara, en la misma esquina; dicen que trae suerte.

 

Torres –como la del Palacio de Diego de Ovando, en la plaza de San Mateo–, plazas –como la de los Golfines o la de San Jorge– y palacios –como el de las Veletas, que hoy alberga el Museo Arqueológico Provincial– se suceden uno tras otro.

 

Para tapear y comer 

 

Pasear por las callejuelas, percibir el peso de la historia y empezar a sentir el aroma que se escapa de las cocinas de algunos bares y restaurantes cercanos... Todo invita a prepararse para la hora del almuerzo. La oferta en la capital es muy amplia, pero hay tres zonas que concentran la mayor parte de locales: la Plaza Mayor, la Plaza de San Juan y el recinto intramuros.

 

Elegimos algunos sitios para tapear de diferentes precios y que no te defraudarán: La Cacharerría, Tapería Yuste, Puerta de Mérida, Adarve y Manduka.

 

Para comer: Torre de Sande, El Figón de Eustaquio o Cayena. En cualquiera de ellos puedes degustar tanto los productos de la excelente despensa cacereña como los ricos caldos de la tierra, vinos con D.O. Ribera del Guadiana. Mención aparte merece el restaurante Atrio (en la plaza de San Mateo), del laureado chef Toño Pérez. Sus dos estrellas Michelin le otorgan un lugar privilegiado en la gastronomía internacional.

 

El paraíso de las cerezas

 

El valle del Jerte, en el extremo nororiental de la provincia, es el cielo de las cerezas. Visitarlo en primavera y ser testigo del manto blanco creado por la floración de los cerezos es una suerte, pero hay que estar pendiente de cuando arranca este espectáculo magnífico, aunque suele suceder a principios de marzo.

 

Para celebrarlo como es debido, durante esos días se celebra en el valle la Fiesta del Cerezo en Flor, un evento de interés nacional en el que se organizan romerías, carreras ciclistas y jornadas gastronómicas. Solo por esa razón merece la pena visitar el valle del Jerte en primavera, aunque sigue siendo igual de bello en otras épocas del año, por ejemplo cuando el fruto está maduro y se recoge. En esos momentos el Jerte se cubre de rojo. Es cuando los más sibaritas buscarán la picota, la variedad más apreciada entre las cerezas, un fruto más pequeño, dulce y sin el rabito característico. El producto cultivado en estas tierras cacereñas es de tan alta calidad que se exporta a todo el mundo.

 

El valle del Jerte es un destino ideal si te gusta disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor. Algunos de los pueblos que puedes visitar son Tornavacas, Jerte, Cabezuela del Valle, Navaconcejo, Piornal, Casas del Castañar... Te encantará pasar un fin de semana en este entorno y disfrutar de uno de sus cuidados alojamientos rurales.

 

Un jamón de lujo

 

También hay que recorrer la ruta del jamón ibérico Dehesa de Extremadura, un camino que nos lleva a los pueblos de la comarca de Montánchez y Tamuja en los que se produce este manjar de reyes. De hecho, le encantaba al emperador Carlos V, que eligió estas tierras para pasar sus últimos días en este mundo (murió en el Monasterio de Yuste en 1558) y por ello lo pedía en todas las comidas. Son 19 municipios del sur de la provincia en los que se puede conocer de primera mano el proceso de elaboración del jamón ibérico.

 

Dependiendo de la época del año, se puede contemplar a los cerdos ibéricos pastar felices en las dehesas, ver los secaderos de jamones y, cómo no, acercarse a una jamonería para degustar esta delicia, razón por la que llega hasta allí la mayoría de los viajeros. A lo largo de la ruta merece la pena pararse en Zarza de Montánchez para conocer la Terrona, una encina de 800 años, enorme (con 16 m de altura y 7,8 m de perímetro, es posiblemente uno de los ejemplares más grandes del mundo), situada en el paraje conocido como Cordel de la Cumbre.

 

En el pueblo de Botija se puede pasear por una dehesa comunal, en la que los paisanos llevan su ganado a pastar la bellota en época de montanera (la fase final de engorde cuando es ibérico). Ya en el propio Montánchez, la vida del pueblo estriba alrededor de este jamón con Denominación de Origen: en sus calles hay numerosos secaderos, jamonerías y bares en los que catar este manjar. Una vez allí aprovecha para visitar el castillo que domina la villa (s. XIII), su monumento más representativo.

 

 

Dos quesos de renombre

 

Ponemos fin a la ruta gastronómica por Cáceres en las zonas en las que se elaboran dos de sus quesos más  emblemáticos: la Torta del Casar y el queso de Ibores, dos exquisiteces con D.O. que no deben faltar en una mesa que se precie de homenajear a la gastronomía extremeña. El municipio de Casar de Cáceres, de donde procede la famosa Torta, se encuentra a tan sólo 10 km de la capital. Es un pueblo relativamente pequeño rodeado de un bucólico paisaje de dehesa en el que proliferan los cardos silvestres –tan esenciales para la elaboración de este queso– y sobrevuelan avutardas y sisones.

 

La leyenda que circula alrededor de la Torta del Casar es muy curiosa. Se dice que un pastor se quedó dormido tras ordeñar a sus ovejas y beber un poco de su leche en un cuenco. Al despertarse, en ese recipiente no había leche pero sí una pasta cremosa. El milagro se produjo por los pistilos del cardo silvestre que, al caer sobre la leche, la cortaron y la cuajaron.

 

Otro queso singular también de Cáceres y con D. O. es el de la comarca de Los Ibores: se elabora en los pueblos que se concentran a ambos lados del río Ibor, aunque también se fabrica en Las Villuercas, la Jara y Trujillo. Este rico queso, que a veces se acompaña con un poco de pimentón de la Vera o un chorrito de aceite de la zona de Gata- Hurdes (dos más de las Denominaciones de Origen de la región), se hace con leche cruda de cabra de las razas verata, retinta y serrana. De este zona procede también la riquísima miel con D. O. Villuercas- Ibores.  Pero, si has llegado hasta la comarca del río Ibor, además de degustar el queso y la miel te animamos a disfrutar de un gran paseo por su privilegiado entorno natural.

 

Por Raquel Mulas

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