En defensa del lobo ibérico

A pesar de que hoy se aboga por su protección, son escasas las zonas donde se le puede ver formando manadas en libertad.

A pesar de que hoy se aboga por su protección, su área de distribución se ha reducido en nuestro país. Ahora, son escasas las zonas donde se le puede ver formando manadas en libertad.

 

Hace tan solo 30 años, el lobo ibérico (canis lupus signatius) estaba seriamente amenazado en nuestro país (en el año 70, la población descendió hasta los 700 ejemplares); actualmente ha aumentado. Aun así, el lobo sigue estando en constante peligro, y son muchos los ejemplares que mueren al año debido a la caza ilegal, sobre todo en algunas zonas de Castilla y León, en donde este animal es considerado el enemigo número uno de los ganaderos.

 

Hoy por hoy, el lobo es un animal enigmático. Mientras unos expertos afirman que su número aumenta, otros dicen todo lo contrario, lo que, a su vez, provoca airados enfrentamientos sobre cómo se debe plantear la gestión correcta de este animal. Lo que está claro es que la mayoría de la población lobera de nuestro país habita en el norte del río Duero, sobre todo en parajes montañosos de Galicia y Castilla y León (regiones en las que está considerado especie cinegética y, por tanto, aunque con restricciones, se le puede cazar). Hoy en día, el lobo solo está protegido al sur del Duero (Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía), donde está considerado especie protegida y han establecido indemnizaciones para subsanar los daños que pueda provocar al ganado.

El incremento de la presión humana sobre su hábitat y las cacerías ilegales son los principales problemas con los que se enfrenta el lobo en nuestro país. En este sentido, para la mayoría de los expertos la supervivencia de este animal pasa por controlar su población con cacerías legales e indemnizaciones a los ganaderos afectados.

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