Entrevista a Antonio Banderas

Nuestro actor más internacional nunca se olvida de España. Si hace poco le vimos recibiendo un premio Goya de Honor a toda su carrera, a finales de mes regresará para pasar en su añorada Málaga una Semana Santa más.

 

Banderas ha abierto camino en Hollywood, donde es una estrella, pero tiene muy presentes sus raíces.

¿Te gusta recoger premios?

ANTONIO BANDERAS: Los premios no son importantes... hasta que te los dan. Gracias a Dios, nunca he sido envidioso.

 

¿La envidia forma parte de nuestra cultura?

Es un sentimiento que hace más daño al envidioso que al envidiado. Hacer una película para conseguir un Goya o un Oscar es ruin; me ilusiona hacer bien mi trabajo. Cuando empiezo una película, pienso que será la mejor de mi carrera. Trato de darlo todo, así entiendo mi profesión. Engancharte a esta profesión por dinero o fama es un error que hace que acabes siendo infeliz.  

 

¿Eres más profeta en tu tierra con tus paisanos que institucionalmente?

Me siento increíblemente bien tratado por una institución como la Academia de Cine, que representa a todos los profesionales del medio. Cuando hace 40 años comencé a soñar con saltar a un escenario, ya admiraba a todas esas almas que forman el mundo del cine. Este premio Goya me permite volver atrás y hacer balance.

 

¿Y qué balance haces?

Ha sido un placer haber rodado con personas de la talla de Fernando Fernán Gómez, Agustín González o José Luis López Vázquez, esos grandes búfalos de nuestro cine. He asumido riesgos desde que, a principios de los ochenta, me vine de Málaga a Madrid, y luego a Estados Unidos. Había algún pionero, pero casos esporádicos que acababan volviendo. Teníamos la sensación de que todo lo que venía de fuera era mejor y demostramos que no; rompimos ese complejo de inferioridad con el que salimos de la dictadura. Ahora competimos con los grandes, en deportes, negocios y en otros muchos campos. Me siento orgulloso de haber puesto mi granito de arena.

 

¿Sigues admirando a Almodóvar?

Es pura creación. Con eso está todo dicho.

 

Cuando echas la vista atrás, ¿tu carrera te parece de ciencia ficción como la película que acabas de estrenar, Autómata?

Las cosas que me han pasado, la gente que he conocido, todo forma parte de un sueño del que, a veces, pienso que voy a despertar. Con este Goya me surgen muchas caras, muchos nombres, gente que me ha enseñado, que me ha ayudado, que me ha dado ánimos. Es hora de apostar por el talento español.

 

¿A qué aspiras ahora mismo?

Me apetece seguir en el cine americano -sería estúpido cortar esa vía de trabajo-, pero también implicarme muchísimo más en el cine español, en la dirección y la producción. Me veo cada vez más dirigiendo, aunque no pienso despedirme de mi faceta de actor.

 

Has manifestado la intención de mudarte de Los Ángeles para vivir más en Nueva York y también en tu Málaga natal; te has comprado un ático en pleno centro, con vistas al teatro Romano...

Nunca he tenido la sensación de haberme ido de Málaga, aunque lo hiciera físicamente. Por otra parte, Nueva York es la ciudad más europea de EEUU, la que me puede servir de ‘puente’ con España y en la que me encantaría volver a los escenarios, tras las alegrías que me dio Nine cuando la representé en Broadway. Quiero disfrutar del mundo teatral de Nueva York, no solo como actor, porque no paran de ofrecerme cosas que me atraen, sino también como espectador. Y disfrutar de su cultura, porque Nueva York es una de las ciudades más dinámicas que conozco. Málaga-Madrid-Nueva York va a ser el triángulo por el que me voy a mover.

 

¿Te veremos en los escenarios españoles?

Sí. Es muy probable que haga teatro en España.

 

¿Reniegas de alguno de los films que has producido y con los que has perdido dinero?

Nada en mi vida ha sido un camino de rosas. Ha sido un trabajo de hormiguita, muy duro a veces, y otras me he sentido muy, muy solo, pero sigo apostando y rascándome el bolsillo. Como dicen los americanos, “no guts, no glory”, sin narices no hay gloria. Ahí está el secreto de mi profesión. No me rindo nunca, a pesar de las dificultades financieras que pueda encontrar, a pesar de que he pasado muchas noches sin dormir.

 

Acabas de rodar Altamira en Cantabria. ¿Te emociona filmar en la cuna de la civilización y hablar del descubridor de las pinturas rupestres?

La historia de Marcelino Sanz de Sautuola es apasionante. El descubridor de esas pinturas rupestres (abuelo de Emilio Botín) fue acusado de falsificar los vestigios prehistóricos, generó un enfrentamiento entre iglesia y ciencia y provocó la ruptura de su familia. Es una historia que conoce poca gente.

 

Autómata es la última película en la que trabajas junto a tu ex mujer, Melanie Griffith.

Nosotros nos conocimos haciendo cine y la historia terminó así, haciendo otra vez cine. Melanie es y será una gran actriz y ha sido un lujo para mí contar con ella en esta película. Lo he dicho en muchas ocasiones anteriormente: a Melanie la admiré como actriz desde muchísimo antes de conocerla. Es el único vínculo que puedo expresar ahora por ella: el profesional.

 

Por Maribel Escalona

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