Entrevista con Chicote: “la tortilla de patata es una bandera de la cocina fusión”

Entrevistamos al conocido chef (Madrid, 1969), convertido en estrella de la tele gracias a su personalidad.

Entrevistamos al conocido chef (Madrid, 1969), convertido en estrella de la tele gracias a la personalidad que despliega en los programas Pesadilla en la cocina (La Sexta) y Top Chef (Antena 3).

 

La cita con Alberto Chicote es en Yakitoro, el restaurante que el chef más mediático de los últimos tiempos abrió en Madrid hace año y medio.

 

La excusa para hablar con él: la presentación de Las suculentas aventuras de Chicote (Alfaguara), un libro para el público infantil en el que el Chicote niño cuenta sus inicios en los fogones y cómo, de mayor, nació su amor por la gastronomía japonesa.

 

El local está invadido de niños que se arremolinan en torno a él. Todos, casi sin excepción, lo escuchan embobados cuando comienza a leer las primeras páginas del cuento. Al terminar, los peques le piden autógrafos, fotos, abrazos... Es toda una locura que él acepta de buena gana.

 

Los niños te adoran. Parecías Papá Noel en Navidad. ¿Ese fenómeno ya lo habías detectado?

ALBERTO CHICOTE: Cuando empecé Pesadilla en la cocina, me sorprendió muchísimo la cantidad de público infantil que me veía a pesar de los horarios. Muchos padres me decían: “Mi niño cocina desde que te ve”. Me ocurrió que una vez que grabamos un programa de Pesadilla junto a un colegio tuve que firmar como 600 fotos ¡con todos los nombres de los niños! Entonces, si un programa que no está hecho para niños, fuera de su horario, logra enganchar su gusto por la cocina, ¿por qué no utilizamos el canal tradicional, el de la literatura, para contarles cómo se les puede despertar ese gusto por cocinar? Y es que yo creo fervientemente en dos cosas: si leyésemos más, nos iría todo mucho mejor, y si comiésemos mejor, también. De esa idea nació el libro.

 

Y encima tú eres el protagonista. ¿El Chicote niño se ha hecho grande?

Yo no sé si soy más niño que mayor, pero sí que me esfuerzo por mantener ese instante que te aleja de la realidad de la edad que tienes. A veces me dicen: “Bueno, Alberto, tío, ya tienes 46 años, igual ya no es momento de ponerte camisetas frikis”. A lo mejor un día dejo de hacerlo, pero no lo creo, porque a los que me rodean les gusto como soy. Entonces, ¿para qué voy a cambiar?

 

¿Hay programa infantil a la vista?

Yo hago Pesadilla en la cocina y Top Chef y estoy contento. La verdad es que tampoco me da tiempo a hacer más cosas. A mí me gusta mucho el público infantil, y los chavales, por el motivo que sea, me aprecian, pero no he recibido ningún formato para niños. Podría hacerlo, pero no es fácil, porque a mí me gusta que los niños se diviertan, que se lo pasen bien. No me gusta atribuirles funciones que no les corresponden. Yo a un niño de 5 años no voy a despertarle el interés por la cocina para que se haga cocinero, eso será cuando tenga 20. Que disfrute cocinando, ya está, que lo pase bien con su familia, con sus amigos.

 

¿Cuál fue de verdad tu experiencia de pequeño en la cocina?

Ninguna, nada. Yo he cocinado con mi madre unas cuantas veces, pero nada más.

 

Y ahora, ¿a tu madre le das lecciones? Quiero decir, ¿le dices cómo tiene que preparar las cosas?

Claro. Mi madre hace cosas muy bien, pero hay cosas mejorables y entonces se lo digo y lo hace, no es tonta. Mi madre aprendió como todas las madres de la época, de manos de sus madres y de las recetas que le daba el pescadero: “Toma este boquerón y hazlo así”.

 

¿Eso sigue funcionando?

¡Hombre que si sigue funcionando! Hay barrios enteros que cocinan como diga el pescadero o el carnicero.

 

Ahora los cocineros sois celebrities, ¿te piden más selfies o recetas?

Selfies, las recetas ya son algo que está muy al alcance de cualquiera. Aquí en el móvil tienes miles. Pones ‘tortilla de patata’ y... ¡raaas! Aparecen cientos.

¿La tecnología ha ayudado?

Mucho. De hecho, yo soy un gran defensor de la transmisión de conocimiento por vía digital. Yo prefiero seguir una receta por vídeo que por escrito. Uno de los saltos cualitativos en la cocina española fue cuando los cocineros empezamos a subirnos a un escenario en los congresos gastronómicos. Veías cómo Juan Mari Arzak, Berasategui o Ferran Adrià hacían delante de ti la misma receta que habías leído en un libro. Ahora eso lo tienes en la pantalla del móvil.

 

Eres pionero de la cocina fusión. ¿Crees que ahora todo el mundo se ha apuntado al carro? ¿Todo se fusiona?

Si entendemos la cocina fusión como una línea culinaria que consiste en asimilar productos y técnicas foráneas para hacer una mezcolanza con lo que tú tienes, la tortilla de patata es una bandera de la cocina fusión, porque las patatas vinieron del otro lado del mundo; el gazpacho es una cocina fusión, porque los tomates vinieron del otro lado del mundo, y una pipirrana, tres cuartos de lo mismo. ¿Qué es lo que ocurre? Que de repente necesitamos denominar las cosas y decimos: “Este tío hace una cosa medio española, medio japonesa. ¿Cómo lo llamamos? De fusión, porque está fusionando”. Pues muy bien, pero yo no he hecho nada que no se hubiese hecho hace 3.000 años.

 

¿Y qué te ha dado Japón como para dedicarle la cocina de tu restaurante o el cuento para niños?

A mí la cocina japonesa me gusta mucho. Empecé a aprenderla en el año 1999, cuando trabajé en el restaurante NODO. Me empezó a fascinar tanto y a hacerme sentir tan, tan, tan bien, que me di cuenta de que la cocina española y la japonesa tenían mucho en que complementarse, que engranaban muy bien. Lo sigo haciendo porque lo llevo en las venas. Ahora, si no tengo una botella de salsa de soja a mano me falta algo [ríe].

 

¿Cómo te sientes con las chaquetillas de Agatha Ruiz de la Prada?

Cómodo.

 

¿Los estampados los eliges tú?

No, los escoge ella o su jefe de taller. Lleva haciéndome chaquetillas desde hace nueve años. La Comunidad de Madrid puso en marcha una iniciativa en la que treinta y tantos cocineros madrileños hicimos un plato a los diseñadores de lo que entonces era Pasarela Cibeles. A mí me tocó Agatha. Le hice un plato que a ella le gustó y, sin que formase parte del trato, me dijo: “Si tú me has hecho un plato, yo te voy a hacer una chaquetilla”. Creo que pensó que nunca me la iba a poner, pero un mes después le pedí que me hiciera cuatro más. Cuando preparamos la primera temporada de Pesadilla, que iba a tener 8 capítulos, me pidieron que encargara otras cuatro para que saliera una en cada uno. Ahora tengo muchas, buena parte de ellas donadas a subastas benéficas. Treinta han estado en el Museo del Traje y ahora están haciendo una tournée por medio mundo.

 

¿Qué es lo más importante que has aprendido en la cocina?

Que no se puede estar solo, que es un trabajo en equipo, que no hay nada como tener tu ‘brigada atómica’ de trabajo.

 

¿La tele tienen la culpa de la enorme fiebre por la cocina?

Sin ninguna duda. Posiblemente, desde Karlos Arguiñano todas las cadenas han tenido a un cocinero en plantilla. Es decir, que la cocina ya formaba parte de la tele. Lo que pasa es que Atresmedia y La Sexta se atrevieron a dar el salto de meter la cocina en prime time y eso fue un revulsivo. Entonces, el resto de las cadenas se animaron a hacer cosas. Y cojonudo, ¿eh?

5 preguntas de las lectoras

¿A tu mujer la sedujiste por el estómago?

No sé hacer eso, soy muy mal ligón. Tuve la fortuna de conquistar a la mejor mujer del mundo trabajando, así que fíjate... La quiero con locura.

 

¿Hay un plato que te ponga inmediatamente de buen humor?

La tortilla de patata. La buena, ¿eh? Y de mal humor, la mala. ¡Ojo! 

 

¿Y algún producto o ingrediente que no puedas soportar?

El huevo, salvo en tortilla. Lo aborrezco. No me gustan los huevos fritos y esas cosas.

 

¿A quién le tirarías tomates?

No te lo voy a decir, no vaya a ser que lo lea.

 

¿Crees que se te ha pasado el arroz para algo?

No, sigo teniendo la misma capacidad e ilusión de cuando era un chaval.  

 

*Haz tus preguntas en: www.miarevista.es

Continúa leyendo