Este finde... ¡escapada a Oviedo!

Nos damos un paseo por los rincones más bonitos de Oviedo en compañía de Esther Viejo, una ovetense enamorada de su ciudad. La capital del Principado de Asturias es una de esas ciudades que convencen nada más posar los pies en ella. Es pequeña –apenas tiene unos 250.000 habitantes–, acogedora y con un montón de posibilidades para ver, comer, pasear o, en definitiva, disfrutar de una estancia allí.

La recorremos en compañía de Esther Viejo González, que, como ovetense, conoce la ciudad como la palma de su mano. “Oviedo es una ciudad pequeña, pero muy ‘guapa’, señorial, tranquila, limpia (ha ganado durante ocho años las Escobas de Plata, Oro o Platino, un galardón que distingue la limpieza y el aseo urbano de los municipios de España), peatonal y con calidad de vida. Por todas estas cualidades me gusta mi ciudad. Si tuviera mar, ya sería el paraíso para mí”, declara orgullosa.

Ovetense de nacimiento, Esther vive también en la capital del Principado. Nuestra guía especial trabaja en un centro de contratación de una compañía de seguros, y entre sus aficiones está el viajar. Nos confiesa que le gusta mucho, pero que cuando regresa de otros lugares, siempre piensa: “Oviedo, qué ‘guapa’ eres”.

La entrada verde

Desde el campo de San Francisco. Lo primero con lo que se encuentran los viajeros que llegan a Oviedo en tren –propuesta que hace nuestra amiga en la ciudad– es la céntrica calle Uría, donde está la Casa de Cuitu, “un edificio modernista neobarroco con unas balconadas decoradas con ninfas, hadas y motivos mitológicos”, explica.

A su lado está el Campo de San Francisco, el pulmón de la ciudad, “un parque pequeño pero con una gran riqueza botánica y rincones con encanto como el Quiosco de la Música, el Paseo de la Rosaleda, la Fuente del Caracol o el Paseo de los Álamos, cuyo suelo es un gran mosaico”.

En el lateral del parque se ubica El Escorialín, “pequeño edificio que se llama así por su parecido con el monumento madrileño, y que hoy es la Oficina de Información y Turismo de Oviedo”. A Esther le encanta este parque, especialmente cuando ve pasear a los pavos reales que en ocasiones cruzan hasta las calles de los alrededores.

Una ciudad de premio

Entorno del Teatro Campoamor. Si continuamos por la calle Uría hacia el Ayuntamiento, nos topamos con la Plaza de la  Escandalera, donde se encuentra la famosa escultura La Maternidad, del artista colombiano Fernando Botero, aunque la mayoría la conocen como ‘La Gorda’, nos desvela Esther. “Este es un punto de encuentro de los más jóvenes”, cuenta. En la misma plaza podemos ver el Palacio Regional, sede del Parlamento del Principado de Asturias, y el edificio de la Caja de Ahorros: “En su carrillón suena Asturias, patria querida a las horas en punto”, comenta.

Aquí también está el Teatro Campoamor (1892), conocido en todo el mundo porque es donde se entregan los Premios Príncipe de Asturias. Para Esther, son “un gran acontecimiento cultural y social para Oviedo”. Se entregan un viernes (este año será el 24 de octubre), pero durante toda esa semana la ciudad se transforma por los actos culturales en honor a los premiados. “He tenido la suerte de asistir algún año y es una gran experiencia, primero en el Campoamor y luego en el Hotel Reconquista con los premiados, los Príncipes (ahora Reyes de España), invitados y todos los medios de comunicación”, recuerda nuestra guía. Esther no quiere dejar de mencionar las temporadas de ópera y zarzuela, que se programan en este pequeño teatro.

Con parada para tapeo

Camino de la Catedral. Para llegar a la catedral desde allí hay que atravesar la calle San Francisco, en donde está la antigua Universidad. “Aquí debemos hacer una parada en El Rialto para tomar un café y degustar sus famosas ‘moscovitas’, unas galletas de chocolate, almendra y caramelo. Los no golosos preferirán Jamón Jamón, un bar pequeñín pero con mucho encanto en donde se toman buenas cañas o vinos acompañados de una gran variedad de ‘pinchinos’ gentileza de la casa”, aconseja Esther.

En el camino hacia la catedral está la Plaza Porlier, en la que podemos admirar la escultura El viajero, de Úrculo, y el Palacio del Marqués de Camposagrado. Y llegamos a la plaza de la catedral, que alberga la escultura de La Regenta, un homenaje a la novela de Clarín que situó la trama en Vetusta, supuestamente Oviedo. De la catedral de San Salvador, de estilo gótico, Esther destaca el Cristo de Velarde, el Retablo Mayor y la Cámara Santa, donde están La Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, la de los Ángeles, símbolo de la ciudad, y reliquias varias, entre ellas las del rey Alfonso II, que fue el primero en hacer el Camino de Santiago.

Arquitectura de cuento

En pleno casco antiguo. La parte antigua de Oviedo está llena de encanto e historia; no en vano es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. De la zona, a Esther le gusta la calle Cimadevilla, que sale de la Plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento. “Para mí, es una de las calles más bonitas, por la arquitectura de sus casas y el arco con el que se une al Ayuntamiento. Es un rincón de cuento”, opina.

En la plaza donde está el consistorio se encuentra la iglesia de San Isidoro el Real, aneja al Mercado del Fontán (de abastos). Las casas antiguas adyacentes se han restaurado respetando la arquitectura de la época. “En los soportales hay bares y sidrerías”. También los hay en la pintoresca plaza de Trascorrales, llena de esculturas: La Lechera y El Vendedor de Pescado.  Para Esther, los mejores locales de la plaza son Traslaburra (“ideal para el aperitivo y para comer”), Married (“con un menú degustación de autor”) y la Sidrería el Gato Negro.

El encanto urbano

Entre calles y monasterios. En nuestro recorrido por el casco antiguo atravesamos calles típicas como la Mon -“de noche se trasforma en lugar para la gente joven”, cuenta Esther-, la calle San Antonio o la calle San Vicente, en la que está el Museo Arqueológico de Asturias. “Ocupa un claustro del Antiguo Convento de San Vicente”. En la misma calle está el Monasterio de San Pelayo, de monjas de clausura. “Las pelayas mantienen la tradición del canto gregoriano. Es un placer oírlas”, cuenta nuestra amiga asturiana.

En la calle Jovellanos aún existe un tramo de muralla medieval de la ciudad. Muy cerca está la confitería centenaria Camilo de Blas. “Son famosos los típicos carbayones (pastel de almendra y yema). A los de Oviedo nos llaman así, que es también el nombre del árbol que está detrás del Teatro Campoamor y que antiguamente estaba en la calle Uría”. Cerca se encuentra la calle Gascona, conocida como 'El Bulevar de la Sidra', un lugar ideal para tomar un ‘culín’ de esta bebida.

Joyas prerrománicas

Las muestras del arte asturiano. Oviedo posee monumentos prerrománicos que hay que ver. Uno está en la misma ciudad: la iglesia de San Julián de los Prados. Otros dos, a 3 km de Oviedo, en el Monte Naranco: la iglesia de San Miguel de Lillo y la de Santa María del Naranco -la construcción más emblemática del arte asturiano-. "Son una visita imprescindible”, concluye Esther, nuestra guía especial en este viaje.

Guía práctica

Dónde dormir: Gran Hotel España. Situado en un edificio centenario del centro histórico y comercial de Oviedo. Doble, desde 55 €. Hotel NH Principado. Ubicado donde confluyen las zonas histórica y moderna. Frente al edificio de la Universidad y a pocos metros del Teatro Campoamor. Doble, desde 79 €. Hotel Reconquista. Es una institución en Oviedo. Sede de los Premios Príncipe de Asturias. Desde 87 €.

Dónde comer: Casa Conrado. Restaurante clásico tradicional, en la calle Jovellanos, donde comer una buena fabada y pescado. La Goleta. Está en la calle Covadonga. Buen lugar para tomar pescado y marisco. Casa Fermín. Está considerado uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Situado en la calle San Francisco, nuestra amiga  destaca de su carta el caramelo de morcilla. “A mí me encanta”, dice.

De compras: alrededores de las calles Uría, Doctor Casal, Melquiades Álvarez y Palacio Valdés.

+ info: www.turismoviedo.es

Por: Raquel Mulas.

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