¿Funcionan (de verdad) los amores de verano?

Tenemos malas noticias para ti. En la mayor parte de los casos los ligues de vacaciones no terminan bien. Te contamos por qué.

Si llevas desde los 16 años soñando con un romance estival como el que protagonizaron Olivia Newton-John y John Travolta en Grease, tenemos malas noticias para ti. En la mayor parte de los casos los ligues de vacaciones no terminan bien. Te contamos por qué. 

 

La historia de los romances de verano, tal y como nos la han contado, empieza cuando una chica llega a un hotel con su amiga y se cruza con unos chicos que pasan allí sus vacaciones. Les conocen en la piscina, coinciden en una excursión y una de las chicas cae una noche rendida ante el más guapo. El resto de vacaciones las pasan juntos. Desayunos en la terraza, días en la playa y atardeceres frente al mar. Así nos lo han contado en películas y novelas. Pero, ¿sabemos de verdad qué pasa cuando terminan las vacaciones? ¿Es posible mantener el sueño de una relación estival?

 

“Los idilios veraniegos terminan con frecuencia en decepción”, explica la psicóloga María Esclapez, especialista en Sexología y Terapia de Pareja. “Primero, porque tenemos la idea del ligue de verano unida a esas historias tan bonitas que hemos visto en las películas y creemos que de ahí va a salir algo serio. Segundo, porque la experiencia vivida en un contexto idílico tiene muchas posibilidades de venirse abajo al chocar con la realidad. Y tercero, porque mucha gente aprovecha las vacaciones y el estar en otro lugar para maquillar su vida, lo que conlleva mayor riesgo de engaño. Si unimos estos factores es lógico que muchas veces los amores de verano no cumplan las expectativas”.

 

Y sin embargo, seguimos creyendo en ellos. Así lo certifican las encuestas. Según un estudio realizado por Groopify, una aplicación para conocer a gente, el 83 % de los solteros españoles reconoce estar abierto a un amor de verano y el 70 % afirma haber mantenido un affaire durante sus vacaciones. Todo esto tiene una explicación científica, más allá del calorcito y la fiesta. En verano se produce una revolución en nuestras hormonas. Existe una menor producción de melatonina, la hormona que actúa directamente sobre el sueño. Y, además, aumenta la segregación de feromonas, las hormonas encargadas de atraer a los otros y despertar su impulso sexual.

 

Esa combinación de noches más largas y mayor atractivo facilita el aumento de relaciones durante esta época del año. Pero también existen condicionantes psicológicos que actúan sobre nuestra conducta. “Con la subida de temperaturas, gozamos de más luz, nos sobra la ropa y sentimos una mejora general del estado de ánimo”, dice Elena Jorquera, psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.

“Cuando vamos de vacaciones, nuestra predisposición es la de pasárnoslo bien y disfrutar. En nuestra mente está el vivir el momento. Y además, la intensidad de los amores de verano puede ser un facilitador para que se den más esas situaciones durante esa época. Pero hay que entender que los motivos que nos llevan a iniciar una relación estival no garantizan que la llama se mantenga cuando volvemos a la normalidad. Es por eso que los amores de verano se van como vienen”.

 

Hay que admitirlo: se llaman amores de verano porque suelen venir con fecha de caducidad. Estos romances estacionales terminan normalmente cuando acaban las vacaciones. En ocasiones tienen una prórroga de unas semanas, pero la fantasía suele terminar al volver a la rutina. ¿Por qué? El 45 % cree que la distancia es el principal obstáculo. Y aunque hoy en día es más fácil que nunca mantener el contacto, eso no basta para dos personas que han pasado juntas semanas enteras. El 24 % culpa a la incompatibilidad personal. Y eso pasa con más frecuencia cuando el ligue es extranjero y en medio se cruza una barrera de idioma y cultura. Y el 20 % opina que el fracaso viene porque era una mera relación física.

 

A pesar de todo esto, casi la mitad de la gente reconoce que le gustaría reencontrarse con un amor de verano de su pasado. ¿Y eso por qué? “Son romances cortos pero intensos”, responde María Esclapez. “Al finalizar de golpe, lo recordamos como el doble de positivo, simplemente por el hecho de ser algo limitado. Es como una abstinencia a todos esos estímulos que hemos vivido: echamos de menos eso que recordamos como tan idílico”.

 

Texto: Vicente Bustillo.

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