Los mejores bares de ‘pintxos’ de San Sebastián

Ya, ya se sabe que es una temeridad seleccionar unos cuantos bares de la numerosa cantidad y calidad que cubren el Barrio de San Sebastián.

Ya, ya se sabe que es una temeridad seleccionar unos cuantos bares de la numerosa cantidad y calidad que cubren el Barrio Viejo de la capital donostiarra, San Sebastián.

 

Antes de empezar a ‘potear’ por estos rincones sagrados de la gastronomía vasca es imprescindible hacer hambre con un buen paseo por esta ciudad, la Bella Easo, tan bonita y elegante. El recorrido desde el Monte Igueldo y su Parque de Atracciones, el Palacio Miramar, el balneario La Perla, la Catedral de Buen Pastor hasta el Ayuntamiento de la ciudad es un recorrido apropiado para adentrarse en el Barrio Viejo en busca de un descanso y unas buenas viandas.

La calle Fermin Calbeton es, quizá, una de las más pobladas de las que conforman esta colmena de bares. En el número 10 podemos encontrar el Bar Sport famoso no solo por su precios razonables, sino también por sus originales ‘pintxos’, como el montadito con tres champiñones enormes rodeados de jamón... o el de jamón iberico con pimiento verde y anchoa...

Unos portales más abajo, en el número 3 de la misma calle, tenemos el Bar Txalupa, en el que la rica, colorida y numerosa oferta de deliciosos manjares que muestran sobre su barra, abre la boca por el hambre y la sorpresa que provocan. Las croquetas de bacalao, de jamón y gambas, junto con el pintxo de atún envuelto en loncha de queso y el beicon con huevo de codorniz son insuperables… por nombrar algunos.

Frente a este bar se encuentra el Goiz Argi, a la altura del número 4. Famoso por sus pintxos Mari Juli y la brocheta de gambas, este bar se ha labrado un hueco entre los importantes de "Lo viejo". Cuenta además, con una barra lucida y un buen menú de calientes. Su escaso tamaño obliga a buscar el hueco. No hay que dejarse engañar por las estrecheces de la entrada y buscar el fondo.

No puede faltar en esta atrevida selección la calle 31 de Agosto, conocida por la cantidad de bares que la jalonan y que terminan en la preciosa Iglesia de Santa María del Coro. Y, por nombrar alguno, sobresale por su fama el Bar Gandarias, en el número 23 de dicha “kalea”, su tosta de jamón ibérico, sus crepes de bacalao y sus milhojas de manitas de cerdo con hongos no tienen parangón.

Frente a este bar, y en un callejón “sin salida”, podemos ver, uno frente a otro, los bares La Cueva y Txuleta, siempre llenos y conocidos por su gran labor gastronómica. Los champiñones plancha, pintxos morunos, mejillones marinera, pulpo y embutidos ibéricos del primero, y las galletas Euskal-Txerri, el crujiente de morcilla, el foie a la plancha, los pimientos rellenos de rabo o de txangurro del segundo no dejan impasibles a nadie.

 

Y ya se sabe… ni son todos los que están ni están todos los que son. Los bares Atari, frente a la iglesia, la Cuchara San Telmo, A Fuego Negro, Gambara, La Viña, Zeruko y el Borda Berri no pueden faltar en una selección de lo mejor del Casco Viejo de la capital donostiarra. Para después de comer, una buena subida por las escaleras del Monte Urgull y más tarde un paseo relajante por la orilla de la playa de la Concha.

Y para descansar y adentrarse en el verde paisaje del País Vasco, a 6 km de la ciudad se sitúa la Casa Rural Aristondo, regentada por Luis y familia. Como se puede leer en su web: “Al alcance de su mirada el verde intenso de unas praderas delimitadas por hileras de fresnos y árboles frutales, en las que se aprecia el tintineo de cencerros de bueyes, vacas y ovejas pastando en ellas”.

 

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