María Marte, de limpiadora a chef Michelin

La historia de María es la encarnación del sueño americano dentro de nuestras fronteras. Un claro ejemplo de cómo con trabajo duro se puede llegar a lo más alto. En este caso, al firmamento Michelin.

María Marte, de limpiadora a chef Michelin
Foto: Facebook Club Allard.

Pero, empecemos por el principio, porque esta historia tiene miga. María Marte se crio en Jarabacoa, en la República Dominicana, y a los 12 años empezó a trabajar en el restaurante familiar. Al cumplir 22 años era madre de tres hijos y decidió ampliar el negocio con un cátering que montó en el patio de su casa, con el que apenas conseguía subsistir. ¿Y cómo acabó María en España? Pues siguiendo los pasos de su hijo mayor, que se vino a vivir con su padre a nuestro país poco tiempo después.

De limpiadora del Club Allard a jefa de cocina

En 2003 llegó a España y, gracias al padre de su hijo, encontró trabajo limpiando la cocina del Club Allard. Siempre cuenta que mientras fregaba los platos no se perdía ni un detalle de lo que ocurría en el servicio y se preguntaba si ella sería capaz de estar en el pellejo de esos cocineros. Así que un día le pidió a Diego Guerrero, el chef que estaba liderando la transformación de este restaurante, una oportunidad para trabajar en su cocina.

Guerrero aceptó a condición de que no dejase su primera obligación: limpiar la cocina. Ahí comenzó una etapa de jornadas maratonianas donde apenas dormía unas horas antes de volver a empezar a trabajar.

A las 10 de la mañana se ponía la chaquetilla y empezaba a pelar patatas hasta que acababa el servicio a las cuatro y media, momento en que limpiaba la cocina y los platos, a las 8 de la tarde arrancaba el servicio de cenas, hasta las once y media que tocaba la vuelta a la limpieza, hasta las dos y media de la mañana. Siempre relata que era la primera en llegar y la última en marcharse del restaurante.

María Marte jefa de cocina del Club Allard.
Foto: Facebook Club Allard.

Un día que había problemas con el servicio le pidieron que preparase una menestra, la menestra que lo cambió todo. Le puso vainas, calabacín, tomate, brócoli y maíz y el cliente pidió que diesen la enhorabuena al chef. Fue en ese momento cuando Diego Guerrero decidió liberarla de la limpieza y darle un puesto en su equipo.

Durante el tiempo que compaginaba limpieza y cocina, también se dedicó a hacer los deberes: se hizo con un libro de cocina profesional que se estudió al dedillo, de manera que cuando llegó la oportunidad de trabajar mano a mano en el equipo de cocina conocía perfectamente todos los utensilios que se usan en una cocina Michelin. Tuvo que ponerse las pilas con los pescados (que no se llaman igual en el Caribe que en España) y con las carnes más nobles, que ella no había trabajado nunca.

Vivió junto a Diego la transformación del Club Allard, que pasó de ser un restaurante de cocina tradicional a uno vanguardista. En 2007 recibieron la primera estrella Michelin y en 2012 la segunda. María, por aquel entonces, ya era la mano derecha del chef.

La nombraron jefa de cocina y… Lo dejó todo

Martía Marte deja la cocina para dirigir un proyecto solidario.
Foto: Facebook María Marte.

Un año después, en 2013, Diego Guerrero anunció su salida del Club Allard para embarcarse en un proyecto personal –el exitoso Dstage- y fue cuando María dio un paso al frente y aseguró que ella “respondía por el Club Allard”. Ningún cliente notó la ausencia del chef y, en poco tiempo, los dueños del restaurante le dieron el puesto. Y ese fue el comienzo su éxito. Además de conservar las dos estrellas, consiguió dar su propia personalidad a la cocina del restaurante, con una unión de identidades que gusta mucho.

Creatividad, producto de altísima calidad y sabor son las claves de su cocina honesta, que fusiona sabores patrios con los de su tierra y que convencen, y mucho, a sus comensales y a la crítica. Y así es como una mujer que comenzó siendo friegaplatos es a día de hoy una de las mujeres más influyentes de nuestra gastronomía.

Pero la cosa no queda aquí, porque a comienzos de este año ha decidido colgar su delantal para embarcarse en un proyecto solidario en su país: va a abrir una escuela de cocina en la República Dominicana para niñas sin recursos. Seguirá colaborando con empresas de nuestro país y asesorará restaurantes del suyo, pero ha dejado su carrera para hacerse cargo de su familia y poner su granito de arena para dar un futuro a niñas que, como a ella le ocurrió una vez, no lo tienen nada fácil para salir adelante.

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