Melendi: “Los errores han sido los grandes maestros de mi vida”

Nos encontramos con Melendi (Oviedo, 1979), uno los cantautores más populares del panorama musical español, ahora que acaba de publicar 'Quítate las gafas', su décimo disco.

Por mucho que algunos se empeñen en ubicarlo en el pasado, Melendi (Ramón Melendi Espina) ya no es lo que era. Eso sí, el cambio le ha sentado muy bien. Más maduro y reflexivo, hablamos con él aprovechando la presentación de su último trabajo, Quítate las gafas, con el que está arrasando.

¿A quién le dices que se quite las gafas?
A mí. En realidad, no es un título tan romántico como parece. Es muy directo, lo elegimos porque daba mucho juego en este voraz mundo de las redes sociales. Pusimos una plantilla en una web para que todos pudieran poner su cara y tener su propia portada.

Por las letras de las canciones es quizá tu álbum con un mensaje más social.
Los discos son miradas y la mirada de una persona va cambiando. Creo que estoy en un momento de mi vida menos egoísta y en el que no solo miro hacia dentro, también hacia fuera. El tema Hijos del mal, por ejemplo, es una sátira. Nace de un pensamiento muy recurrente: en vez de quejarme tanto podía hacer un poco más, educar a mis hijos de una manera más afín a mis ideas de ahora y no tan convencionalmente, ser más cuidadoso reciclando o tener más respeto por los animales. Todas estas cosas que ahora se te pasan por la cabeza y antes no.

¿Ya no eres el ‘malote’ de la película?
Esos complejos de machito, de macarra que a veces son tan arraigados, forman parte de las sombras que uno lleva a cuestas.

¿Del asturiano rumbero no queda nada?
No, lo de la rumba ha sido casual.

Yo personalmente nunca me lo expliqué.
No me extraña porque yo tampoco [risas]. Puedo inventarme excusas pero mira, mis abuelos son de Jaén aunque no hemos ‘mamao’ flamenco. Casualmente encontré una guitarra española en el desván de casa de mis abuelos, nadie tenía ni idea de quién era y yo me la apropié. Empecé a tocar y todo lo que me salió, aparte de que mi madre escuchaba en la cocina a Manolo Tena y a Antonio Flores, era flamenco. Quizá por ahí me empezó a dar por ese ritmo, pero para de contar. Y sobre todo por la falta de identidad que uno tiene cuando empieza. Y un artista para mí se hace.

Tu evolución como artista es evidente, también tu cambio de look. Te has ido cortando el pelo cadavez más, primero las rastas y luego la melena.
Me veo ahora mismo muy formal, muy asentado. Me he puesto este peinado porque lo siento acorde con lo que soy. Me costó muchísimo aceptar la proyección que tenía de mí mismo cuando me oía en las entrevistas.

¿No te reconocías?
No, decía: “¡Ostras, ¿qué estoy diciendo?!” Fue bastante duro. Con el tiempo nos vamos encontrando con nosotros mismos, que es una tarea ardua, por lo menos lo fue para mí. Yo llego a la música en un momento muy complicado, no tenía la cabeza encima de los hombros y cuando ya estas envuelto en ser un personaje público cuesta más. Encima, estas rodeado de gente que muchas veces no te dice la verdad. Así cuesta mas caerse del caballo; pero todo llega.

En 2007 protagonizaste un altercado en un avión rumbo a México. El piloto dio la vuelta y tú acabaste en los juzgados. El episodio marcó un antes y un después en tu carrera. ¿Sigues pidiendo perdón por lo que pasó?
No voy a pedir perdón nunca más. Lo pedí en su momento y creo que es un hecho que ha quedado para siempre en los medios de comunicación. Nunca he vuelto a tener un problema como ese.

Pero la hemeroteca está ahí.
Sí, y es una de las cosas más positivas que me ha pasado en mi vida. Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que lo que me ha llevado hasta donde estoy son mis errores, esos han sido los grandes maestros de mi vida. Creo que estigmatizar el error es uno de los mayores problemas de la sociedad. Nos lo hacen desde pequeños y por eso no nos arriesgamos. Es verdad que muchas veces no queremos cambiar porque no estamos dispuestos a hacer el esfuerzo que conlleva, pero cuando realmente lo consigues es un ejercicio de apertura que engancha. Hace 3 o 4 años que empecé a poner en duda todo lo que pasaba por mi cabeza y, a partir de ahí, comencé a ser más feliz.

“De una mujer valoro el físico, pero que sea comprometida es lo que más me atrae”

¿Tu concepto del amor ha cambiado?
Sí, porque yo no creo en el amor romántico. De una mujer valoro evidentemente el físico, tiene que entrarte por los ojos, pero para mí una mujer comprometida es lo que más me atrae, de ahí nace lo básico para que una relación dure, que es la admiración.

Hoy en día, ¿cómo te llevas con las mujeres, en general?
Siempre me he llevado muy bien, mi casa es un matriarcado. Mi madre ha mandado siempre, mi hermana ha mandado más que mi padre y que yo. La verdad es que ahora estoy muy feliz con una persona que me hace mucho bien, que tiene una paz interior absoluta que contagia.

Con ella tienes una hija de casi un año. Además, tienes otros dos hijos de otras dos relaciones. La logística de juntar a la familia debe de ser complicada.
Entre ellos se llevan muy bien. Tienen 5 años de diferencia, la distancia justa para no celarse y no lo he hecho adrede. No se celó Carlota de Marco, ni Marco de Lola.

Has sido dos veces coach de La Voz. La última edición finalizó la semana pasada. ¿Qué te llevas de esa experiencia?
Se aprende mucho, conoces a gente que está en la misma situación en la que tú estabas no hace mucho, que comparte las ilusiones y los miedos que tú tenías.

En tu disco Volvamos a empezar saliste desnudo. ¿Te atreverías a hacer otra portada así?
Me cuido mucho desde hace años, pero he de reconocer que en esa época estaba obsesionado con el gimnasio. Ahora creo que no sería apropiada.

¿Y cómo ha sido lo de llenar tu cuerpo de tatuajes?
En una canción del disco digo: “Por sentirme invisible me empecé a tatuar”. Y realmente fue así. Empecé con 16 años; en esa época los tatuajes llamaban mucho la atención porque casi nadie los tenía. Me sentía invisible y me hice el tatuaje más horrible que te puedas imaginar, que mi madre me dijo: “Mira hijo, intuía que eras idiota, pero ahora lo he confirmado del todo”, porque llegué con una cruz en el torso de color verde, feo [risas]. A partir de ahí lo fui arreglando. Tengo algunos que son bonitos, que representan personas muy importantes, como mi hija Carlota, mi madre, mi abuela, mi hermana. Ahora me he tatuado la cara de mi mujer en el pecho.

¿En el corazón?
Sí, lo tenía libre, fíjate.

¿En 10 años, dónde te ves?
En cuanto a sonido creo que me voy a quedar en lo que hago ahora, entre balada y pop, que me permiten contar cosas. En cuanto a lo vital, no sé, me veo con canas, a mi padre le salen a mechones. Todos nos creemos que nos van a salir como a Richard Gere pero no es así. Yo me veo una vejez con mis cremas y mis cosas.

Te has vuelto coqueto.
Sí, quién me lo iba a decir.

4 preguntas de las lectoras

1.¿Entre los coach de La Voz hay tan buen rollo como parece?
Sí, se ha generado un buen ambiente y cuando estaban los co-coach fue la leche, entre José Mercé y Gloria Trevi, que tiraba 5 litros de agua en cada programa. Un día Manuel Carrasco y yo salimos con paraguas y todo. No se cómo se veía en la tele, pero nosotros lo pasamos genial.

2. Los fans te siguen a muerte, ¿qué es lo más emocionante que te han dicho?
Según voy cumpliendo años vas buscando el sentido a lo que haces. No sé si lo estoy haciendo bien o mal, pero cuando ves mensajes de gente que ha superado ciertas cosas escuchándote, me emocionan.

3. ¿Tienes algún ritual antes de un concierto?
No, trato de estar entretenido, charlar hasta que tenga que salir al escenario. Creo que pensar es lo peor, es lo que te lleva a cometer el error.

4. ¿Compones en cualquier sitio?
Soy un hombre de rutinas, Todos los días me pongo una horita con el piano, y otra con la guitarra. Raro es el día que fallo en eso y raro es el día que me sale algo [risas], pero de repente pasan dos semanas y sale.

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